Una mañana de martes como cualquier otra, el escritor y periodista científico Caspar Henderson (Londres, 1963) se encontraba en la cocina de su casa de Oxford cuando reparó en una mancha de brillante luz solar que, filtrada por los cristales, rebotaba danzante en la pared. Ese reflejo, tan habitual como hermoso de luz filtrada, actuó en su cerebro como una espoleta. “Era el tipo de fenómeno en que cualquiera podía reparar en un día normal, nada especial. Pero en esta ocasión en particular, la vista despertó en mí una sensación de sorpresa y asombro”, explica ahora a El Cultural.

Maravillado, se preguntó “qué clase de cosas son las que provocan ese tipo de sensaciones, qué momentos, hechos, lugares o sentimientos provocan en nosotros esa respuesta”. De esa sencilla pregunta de, quizá, imposible respuesta nació su fascinante y virtuoso ensayo El mapa de las maravillas (Ático de los Libros), un extasiado recorrido a través del tiempo en el que, sirviéndose de la filosofía y la historia natural, el arte y la religión, la neurociencia y la nanotecnología, Henderson elabora una guía deslumbrante y asombrosa para aprender a ver el mundo que nos rodea con una nueva mirada. Una invitación a buscar lo maravilloso en nuestro día a día.

“Al buscar una respuesta a esa pregunta, me encontré siguiendo un hilo que conecta el origen del universo y la vida, a través de los descubrimientos del conocimiento científico con nuestra situación actual”, relata el autor, que decidió dividir el libro “al estilo de la vieja idea de la antigüedad clásica de las Siete Maravillas” en otros tantos capítulos. En ellos, los fenómenos naturales como la luz se entrecruzan con la biología de nuestros cuerpos, la creación del yo, la fascinación por mundos imaginarios. También aborda pluralmente Henderson cuestiones como el origen del Universo, de si es posible que haya máquinas inteligentes y hasta cómo nació la vida en la Tierra.

Una urdimbre atemporal

Entre los miles de detalles cotidianos que explora e interconecta el libro, Henderson destaca cosas como “que la mayor parte del agua de la Tierra es más antigua que el planeta mismo, o que los músculos de un corazón humano pueden latir tres mil millones de veces en una vida normal y saludable sin cansarse”. Datos científicos que el autor enhebra con un rico soporte teórico cuajado de citas y reflexiones no sólo de investigadores, sino de multitud de escritores, músicos, pensadores y artistas de todas las épocas que demuestran que ciencia y humanidades han vivido siempre en una fructífera simbiosis.

"Sin las historias del pasado nuestra situación actual y nuestros posibles futuros tendrán sólo los significados más tenues y frágiles"

Poner en valor el conocimiento pasado es otro de los afanes del escritor, que afirma que “las grandes tradiciones de diferentes civilizaciones, épocas y lugares tienen mucho que enseñarnos sobre lo que significa ser humano”. A este respecto, asegura que “debemos tener mucho cuidado con lo que el historiador E. P. Thompson llamó ‘la enorme condescendencia de la posteridad’, es decir, no debemos creer que somos mejores o más sabios que la gente del pasado simplemente porque tenemos teléfonos inteligentes y podemos volar miles de kilómetros en unas pocas horas”.

Al contrario, opina, “deberíamos conocer las historias extraordinarias del pasado, esa urdimbre atemporal de conocimientos, construida tanto con los triunfos como con las tragedias. Sin estas historias, nuestra situación actual y nuestros posibles futuros tendrán sólo los significados más tenues y frágiles”.

No olvidar la curiosidad

Aunando pasado y futuro, este mapa de lo humano también dedica sustanciosas páginas a temas que marcarán las próximas décadas. Por ejemplo, Henderson no cree que la Inteligencia Artificial sea un problema, porque “estamos muy lejos de reproducir la inteligencia humana, que surge del proceso vivo y está cargada de conciencia y metas”.

“Valorar la sensación de asombro nos ayuda a vivir en el sentido más profundo y significativo de la palabra”, afirma el autor

Tampoco que nuestro cerebro haya llegado a su cima: “Nuestros primos cercanos, los neandertales, en realidad tenían cerebros más grandes que los humanos modernos, y vivían vidas ricas y complejas. La pregunta clave sobre la evolución es cómo podemos crear instituciones y sociedades que permitan que más y más personas prosperen y realicen su potencial”.

A este respecto, Henderson destila como reflexión final buena parte del entusiasta optimismo que impregna el libro. “No creo que la mayoría de la gente haya perdido la capacidad de preguntarse cosas, aunque puede permanecer enterrado y olvidado la mayor parte del tiempo. La capacidad de maravillarse es un acto de atención radical en el que nos sentimos bien y pensamos con claridad, por lo que valorar la sensación de asombro nos puede ayudar a vivir en el sentido más profundo y significativo de la palabra”. Para concluir, el autor parafrasea a Samuel Johnson, que escribió que “la curiosidad es, en mentes grandes y generosas, la primera pasión y la última”.