Miguel Gila durante una interpretación de su conocido monólogo del ejército

Que a Gila lo fusilaron mal es una de las anécdotas más conocidas del humorista. Parece frívolo catalogar como "anécdota" un suceso tan terrible, pero ese era el punto fuerte de Gila: encontrarle el punto cómico a lo trágico y conseguir, con aquella ingenuidad impostada, transformarlo en un chiste. Este 12 de marzo se cumplen 100 años de su nacimiento y la editorial Blackie Books conmemora su legado con El libro de Gila. Con una edición muy cuidada en la que destaca el aspecto visual, el libro es, como dice el título, "de" Gila y no "sobre" Gila, ya que es él mismo el que cuenta su vida y su obra con textos extraídos de sus memorias y de documentos inéditos que el editor del volumen, Jorge de Cascante, ha obtenido gracias a la colaboración de la hija del artista.



El libro, con el subtítulo Antología tragicómica de obra y vida, reproduce también algunas de sus viñetas en su faceta como humorista gráfico que trabajó para publicaciones como La Codorniz y Hermano Lobo, y carteles de sus apariciones como actor en el cine. "Lo que más sorprenderá al lector es la faceta de Gila como escritor, eso es lo que hemos querido destacar. Yo mismo pensaba, cuando descubrí sus memorias, que me encontraría con algo costumbrista y monótono, pero consigue imprimirle ritmo y explica muy bien el siglo XX español. Aunque también tiene el humor de sus monólogos, con unas salidas que te partes de risa. Cuenta cosas muy duras y tristes, como la pobreza extrema que sufrió durante su infancia y su juventud, la guerra, la cárcel… pero siempre con humor", afirma De Cascante, que el año pasado editó otro libro similar que tuvo mucho éxito, El libro de Gloria Fuertes.



El humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño. Un espejo en el que se refleja la infinita estupidez del ser humano". Miguel Gila

Gila fue pionero en España de los monólogos cómicos cuando nadie empleaba esa palabra, mucho menos stand up comedy. Tierno y brutal a la vez, Gila consiguió hablar de las miserias de un país en el que pocos podían hacerlo abiertamente, y menos encima de un escenario. "Lo consiguió gracias a los personajes de sus monólogos, con esa voz entre infantil e ingenua o haciéndose el paleto. Así consiguió decir verdades que nadie más se atrevía a decir, porque las decía como alguien que no se enteraba", opina De Cascante. Como decía el propio Gila, "el humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño. Un espejo en el que se refleja la infinita estupidez del ser humano. Algo absolutamente necesario para seguir adelante". El teléfono fue su gran compañero de escenario, un hallazgo que le permitió simular conversaciones absurdas con todo tipo de personajes, consiguiendo que le dieran la réplica a pesar de actuar en solitario.



Páginas interiores de El libro de Gila (Blackie Books)

Y así fue como un cómico de izquierdas, excombatiente republicano que pasó varios años en la cárcel tras acabar la guerra, logró encandilar a la España franquista hasta el punto de actuar en las fiestas que daba Franco en La Granja de San Ildefonso, porque a la esposa del dictador, Carmen Polo, le encantaba el humorista. Aunque normalmente consiguió torear a la censura, no siempre fue así. En una entrevista con Nieves Herrero en 1994 contó: "Durante la dictadura franquista me pusieron unas cincuenta multas por no pasar el corte de la censura. Una vez me cayó una de cien mil pesetas por reírme en la radio de una noticia del NODO que decía que en España no había presos políticos. En aquella época cien mil pesetas era muchísimo, y tuve que pagarlas a tocateja".



El absurdo (cómico) de la guerra y del hambre

Se suele hablar del absurdo de la guerra con un tono trágico, pero Gila aprovechó sus experiencias en el frente deformándolas hacia un absurdo cómico. Quién no se acuerda de aquel soldado ingenuo pidiendo al enemigo que no ataquen demasiado temprano o quejándose a la fábrica de armas por un pedido de cañones que habían llegado sin agujero. Algunas de esas anécdotas estaban inspiradas en cosas que le pasaron realmente, como el hecho de volverse en bicicleta todas las noches desde el frente de la Dehesa de la Villa, en Madrid, para dormir en su casa o una vez que llegó pedaleando de noche al de Toledo y se presentó ante unos soldados del bando enemigo reunidos en torno a una hoguera y estos le contestaron: "Te has equivocado, los tuyos están al otro lado de la carretera". O cuando el ejército republicano quiso reforzar la disciplina de los milicianos y, practicando cómo dirigirse a sus superiores apropiadamente, uno de ellos, en lugar de presentarse con la fórmula "mi teniente", dijo "teniente mío", desatando las carcajadas de todo el pelotón.



Páginas interiores de El libro de Gila (Blackie Books)

Otro de los monólogos más famosos de Gila, quizá el que más, es el de la historia de su vida. Evidentemente no nació solo, pero el ambiente de pobreza y hambre vivido durante la infancia sí son verídicos. Gila nació en una familia muy humilde, en el barrio madrileño de Tetuán. Su padre murió cuando él aún no había nacido, y él tuvo que trabajar desde muy joven para ayudar a salir adelante a su familia. Afiliado a las Juventudes Socialistas Unificadas, se alistó como voluntario en el frente republicano.



Fusilado mal

Lo de su fusilamiento fallido se ha puesto en duda, pero si bien no se puede demostrar que sea cierto, tampoco que sea mentira. "Conocí a un chico que escribió una tesis de 500 páginas sobre ese asunto e incluso viajó al lugar del fusilamiento, estudió los datos pluviales del día en que ocurrió y todo coincidía. Además Gila dio en sus memorias nombres y detalles de todos los personajes involucrados, y sería inconcebible que todo fuera falso", asegura De Cascante.



Durante la guerra combatí el fascismo con un fusil en mis manos, y después de la guerra lo he seguido combatiendo con el arma que poseo: la risa". Miguel Gila


Tras pasar por varias cárceles, Gila tuvo que hacer cuatro años de servicio militar en Zamora. Después se quedó en la ciudad castellana y allí empezó a trabajar en la radio local, donde hacía de todo, desde barrer hasta locutar anuncios y retransmitir los deportes (de aquello nacería años después su famoso monólogo en el que retransmite una operación de riñón como si fuera un partido). En 1951 se marchó a Madrid, y consiguió hacerse famoso tras una actuación como espontáneo en el teatro de Fontalba y actuó en la radio durante toda la década.



"Me marché de España en 1968 por un sinfín de razones. Debía dinero, no soportaba más el ambiente de la dictadura, las multas de la censura, el veto que me impuso Televisión Española por hacer publicidad, los problemas para vivir tranquilo con mi mujer...", cuenta Gila en uno de los textos autobiográficos recogidos en el libro. El cómico se estableció en Argentina, donde continuó con su carrera, actuando también en países como México y Venezuela. Desde 1977, tras la muerte de Franco, empezó a viajar y actuar en España, y regresó definitivamente en 1985, retomando su carrera aquí y actuando con frecuencia en la televisión.



Gila contaba que había perdido su "identidad política" por necesidad de supervivencia, después de todo lo que sufrió durante y después de la guerra y tuvo que defenderse de quienes opinaban que había traicionado a sus ideales: "Yo no he sido nunca ni oportunista ni fascista. Durante la guerra combatí el fascismo con un fusil en mis manos, y después de la guerra lo he seguido combatiendo con el arma que poseo: la risa. Mi arma es la risa y con ella me defiendo de quienes me quieren quitar la voz".



@FDQuijano