Amos Oz

Amos Oz, el escritor israelí más internacional, ha muerto este viernes a los 79 años a causa de un cáncer, según ha informado su hija a través de la red social Twitter. El Premio Príncipe de Asturias de las Letras que recibió en España en 2007 fue uno de los muchos galardones que recibió en distintos países a lo largo de su trayectoria, como el Premio Israel y el Premio Goethe, y fue varias veces candidato al Nobel.



Tanto en su narrativa como en sus ensayos, Oz es un escritor utilísimo para entender Israel, y más atrás, las décadas posteriores a la creación del Estado, las raíces de sus conflictos con los pueblos vecinos y las tensiones entre las diferentes comunidades hebreas. Escribió novelas como Tocar el agua, tocar el viento, Fima, No digas noche, Versos de vida y muerte, Entre amigos y Judas. Entre sus ensayos figuran títulos como En la tierra de Israel, La cuesta del Líbano, Israel, Palestina y la Paz, Toda nuestra esperanza y Contra el fanatismo.



"La identidad judía no tiene nada que ver con los genes ni con las razas. Tiene que ver con los libros", afirmó el autor a El Cultural en una entrevista con motivo de la reedición en nuestro país de Tocar el agua, tocar el viento por parte de Siruela. También declaró: "Mi lector ideal es un lector lento, que lee en pequeños y lentos sorbos. El mundo no puede ser descubierto en una lectura rápida".



"Un día, cuando tenía seis años, su padre le hizo un hueco en la estantería y le dejó trasladar allí sus libros. "Fue un gran día para mí", escribió Amos Oz en su autobiografía. "Para ser exactos, me cedió unos treinta centímetros, más o menos un cuarto de la superficie del estante de abajo. Abracé todos mis libros, que hasta ese día habían estado tendidos en una banqueta junto a mi cama, los llevé en brazos a la vitrina de mi padre y los puse de pie, como es debido, de espaldas al mundo exterior y de cara a la pared". Un recuerdo que da buena cuenta del carácter casi sagrado que Oz, su familia y la cultura judía en general otorga a los libros.



Oz era descendiente de judíos askenazíes que habían llegado desde Europa a Palestina en las primeras décadas del siglo XX. Su casa estaba llena de libros; su padre, un bibliotecario que no consiguió acceder a la docencia universitaria, hablaba once idiomas y leía en diecisiete; su madre hablaba cuatro o cinco y leía en siete u ocho; y en las tertulias de su tío Yosef conoció, entre otros, a Shmuel Yosef Agnon, futuro Premio Nobel de Literatura.



Una historia de amor y oscuridad, así tituló Oz su biografía publicada en 2002, tal vez su mejor libro. Es la historia de su vida pero también la del estado de Israel y su tan increíble como ardua aventura. Y es que Amos Oz nace en 1939 en Jerusalén durante el mandato británico de Palestina y las primeras palabras que recuerda haber aprendido son "British, go home". Sus padres habían llegado allí seis años antes en un periplo convulso (y esto es reiterativo para un judío en aquel tiempo) desde su huida de Odesa en 1917 al calor de la revolución bolchevique y de la Declaración Balfour. Yehuda Klausner y Fania Mussman eran dos más de los centenares de miles de judíos europeos cultos y cosmopolitas expulsados de una Europa hostil que paradójicamente repudiaba a los más europeos de sus ciudadanos y que unos años después, ya bajo la bota de Hitler, se apresuraría a exterminarlos.



La relación de estos intelectuales judíos con "la espléndida y mortífera" Europa era terriblemente ambivalente, de amor pero también de odio, como describen, con humor y pesadumbre, las páginas de su biografía: "El mundo entero estaba lejos, era atractivo y enigmático, pero muy peligroso y hostil para nosotros: no quieren a los judíos porque son perspicaces, astutos y sobresalientes pero también escandalosos y jactanciosos. No les gusta lo que hacemos aquí, en Eretz Israel, porque nos envidian hasta por un trozo de tierra cenagosa, pedregosa y desértica. Allí, en el mundo, todas las paredes estaban cubiertas de frases difamatorias, 'Judío, vete a Palestina', y nos fuimos a Palestina, y ahora el mundo nos grita: 'Judío, sal de Palestina'".



Era conocido el carácter madrugador de Amos Oz. Residente en Tel Aviv desde hacía varios años, su rutina diaria comenzaba a las cuatro de la madrugada. "Tomo una taza de café, doy mi largo paseo matinal y a continuación, antes de las cinco en punto de la mañana, antes del amanecer, me siento en mi escritorio. Estoy ahí tres o cuatro horas y es como si mi día estuviera hecho ya. Aunque algunas veces regreso a mi estudio por la tarde para revisar lo escrito por la mañana", declaró en aquella entrevista con El Cultural. Antes de vivir en la moderna capital de Israel, Amos Oz vivió desde los 15 años en el kibutz de Hulda, donde conoció a su mujer y tuvo a sus hijos. Más tarde se trasladó a Arad, una pequeña ciudad enclavada en el desierto del Néguev donde pasó tres décadas. "El silencio del desierto no es comparable a ningún otro silencio, porque es absoluto", declaró en otra ocasión. Inspirado por él escribió buena parte de su extensa bibliografía.



Amos Oz nunca ha evitado hablar de la realidad de su país, ha escrito varios ensayos sobre el dilema moral que vive su pueblo, además de cientos de artículos políticos, y muchas veces se ha manifestado a favor de un entendimiento entre judíos y palestinos. De hecho, en 1978 fundó el movimiento Shalom Ajshav (Paz Ahora) pero ya desde los 60 -y fue uno de los primeros intelectuales israelíes que lo hizo-, defendía la retirada de los territorios ocupados y la existencia de dos estados, palestino e israelí conviviendo en paz. No obstante, Oz no se consideraba un pacifista "en el sentido sentimental de la palabra". (...) Nunca lucharía -prefiero ir a prisión- por más territorios. Nunca lucharía por un dormitorio de más para la nación. Nunca lucharía por lugares sagrados o por vistas a los santos lugares. Nunca lucharía por supuestos intereses nacionales. Pero lucharía y lucho como un demonio por la vida y la libertad. Por nada más".