Felipe Benítez Reyes

Hace veinte años, Walter Arias, el carismático y desmedido protagonista de El novio del mundo, se acostaba en un hotel de Ámsterdam para despertarse, a la mañana siguiente, en Melilla. Este era el misterioso argumento con el que arrancaba la novela de Felipe Benítez Reyes, un suspense con tono de picaresca que hoy, dos décadas después, repite en las mismas calles, con las mismas palabras, en una reedición de La Fundación Lara con un diseño del propio autor y un epílogo inédito redactado por él mismo. "Empecé a escribir esta novela en mayo de 1996 y le puse punto final en julio del año siguiente", explica en él. Un corto periodo para el escritor que, recuerda, aquello "fue una escritura muy febril, rápida, con jornadas diarias de diez o catorce horas sin parar de trabajar".



Ahora, con el paso del tiempo, confiesa que es "raro" verse. "Ya no eres la persona ni el escritor que escribió aquello". Entre una y otra edición "han pasado veinte años y por lo menos veinte cosas", bromea mientras reconoce que, aunque le gustó "reconstruir el clima emocional" con el que la había escrito, afrontó su relectura con cierto temor. "No sabía lo que me iba a encontrar. Tengo muy mala memoria para los libros que escribo. No puede uno convivir con la vida real y la imaginaria, con los hechos que se inventa". De hecho, descubrió que había episodios y personajes que no recordaba en absoluto. "A lo largo de estos años los lectores me hablaban de cosas que yo solo recordaba vagamente".



En El novio del mundo, cuya versión llegó incluso a ser adaptada al ballet en Barcelona, Benítez Reyes intenta "jugar emocionalmente con el lector y llevarlo por escenarios inesperados". Un vaivén de episodios "cómicos y afables" que alternan con escenarios "horribles o espantosos". En ella, su Walter Arias es una especie de antihéroe con sombras y luces, repleto de contrastes y construido a base de opuestos y exageraciones. Un romántico y obseso sexual, cómico y monstruoso, moralista y delincuente, que a pesar de sus excesos "sin saber muy bien por qué", según confiesa su creador, cayó bien entre el público. "Cuando escribí la novela, recibí varias cartas, de seis o siete folios, firmadas por Walter Arias -cuenta al respecto-. Hace unos días me enviaron varios correos electrónicos de ese mismo Walter Arias. Creo sospechar quién es".



Premio Nadal por Mercado de espejismos y Premio Nacional de Poesía, entre otros distintivos, Benítez Reyes, es además de escritor, ensayista y poeta. Con respecto a la escritura de esta novela, revela que "prácticamente en el primer capítulo" encontró "el tono y la temperatura ideológica y moral del personaje", al que define como "alguien con muchos picos de carácter". En la misma historia el propio protagonista "reconoce que su pensamiento está en un punto intermedio entre Descartes y el Barón de Münchhausen", algo que sobre el papel podía resultar "bastante complicado de armonizar", sin olvidar, por otra parte, "esa tendencia continua al disparate" que tenía.



Con todo, Benítez Reyes subraya que "más que el protagonista en sí, el verdadero personaje central de la novela es su pensamiento". No obstante, confiesa que no le apetece recuperar su figura. "Tuve que hacer un gran trabajo actoral con Walter Arias. Me tuve que meter en su piel y en su conciencia. Durante aquel tiempo recuerdo que los artículos que escribía para la prensa lo hacía como un walterista. Se metió en mi vida, incluso en mis momentos cotidianos empezaba a razonar como él".



@mailouti