Juan Manuel Bonet. Foto: Juanjo del Río (Instituto Cervantes)

El nuevo director del Instituto Cervantes detalla los objetivos principales de su mandato: mano tendida a Hispanoamérica y a las lenguas cooficiales españolas, una mejor programación cultural, más presupuesto y un estatuto que regule su funcionamiento al margen de los vaivenes políticos.

El poeta, crítico de arte y gestor cultural Juan Manuel Bonet (París, 1953) se ha aclimatado rápido a su nuevo despacho en la sede central del Cervantes, aunque la presencia de una transpaleta en la antesala aporta al ambiente un matiz aún provisional. "Estoy de mudanza", señala el nuevo director del instituto que promueve el idioma español y la cultura hispana por todo el mundo, pero no se refiere a la oficina sino a su domicilio. Se ha cambiado, dentro del mismo edificio, a un piso con más luz y con más espacio para libros, a la par que le siguen llegando muebles desde su anterior casa en París, su ciudad natal, donde dirigió la sede local del Cervantes los últimos cuatro años antes de ser ascendido. Lleva dos meses en su nuevo puesto y una de sus primeras decisiones ha sido contestar, en forma de exposición, a la afrenta que sufrió Max Aub hace varias semanas, cuando el Ayuntamiento de Madrid tomó, "por afán de modernidad mal entendida", la decisión luego rectificada de quitarle su nombre a una de las salas de teatro de las Naves de Matadero. "Es una exposición sin ningún ánimo de polémica", asegura Bonet, que ha escrito mucho a lo largo de su carrera profesional sobre el autor hispano-mexicano y ya organizó una exposición sobre él cuando dirigió, tras una etapa al frente del Instituto Valenciano de Arte Moderno, el Museo Reina Sofía.



Esta, que se inaugura el próximo día 19 en la sede madrileña del Cervantes, es solo una de las muchas exposiciones que Bonet tiene pensadas o ya en preparación. Intelectual todoterreno, autor de un Diccionario de las vanguardias en España (1907-1936), de una antología de poesía ultraísta y de varios poemarios, se explaya con entusiasmo en la explicación de todas las ideas que tiene en mente para los próximos años al frente del Cervantes y por momentos su discurso se vuelve una cascada de ciudades, artistas, escritores e instituciones. Todo forma parte de lo que será el pilar de su proyecto: un "plan de choque cultural" que ya anunció el pasado 8 de febrero cuando tomó posesión del cargo, junto con otros objetivos como fortalecer las conexiones con las demás lenguas oficiales de España, profundizar en la relación con las "repúblicas hermanas" de Hispanoamérica y conseguir que el instituto tenga un estatuto de autonomía similar al del Prado, el Reina Sofía o la Biblioteca Nacional. De todo ello nos da más detalles en esta entrevista.



Hace falta más dinero para subir peldaños en nuestra incidencia cultural. No pido un imposible"

Pregunta.- ¿En qué se parece dirigir el Reina Sofía y el Instituto Cervantes?

Respuesta.- Ambas instituciones generan a su alrededor un consenso político muy importante; en el caso del Reina Sofía y del Prado ha habido un pacto de estado que los han apartado de la pelea política, y en el del Cervantes la percepción es similar. Pude comprobarlo la semana pasada cuando pasé dos horas en el Senado explicando mis planes para el instituto y su situación actual, y es algo que también puede verse en las encuestas, los españoles saben que el Cervantes es una suerte de escaparate de nuestro idioma, de nuestra cultura y de nuestras culturas hermanas. Y no solo es importante para la cultura, también lo es para la economía, porque eso del "valor económico del español" va en serio, el idioma genera riqueza y compite en primera línea porque tiene muchas posibilidades de expansión.



P.- En su discurso de investidura dijo que el Cervantes ha perdido en los últimos ocho años el 29 % del presupuesto que le proporcionaba el Estado. ¿Qué opina del ligero aumento de 115 a 120 millones que propone el Gobierno para este año en el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado que acaba de presentar?

R.- Es un aumento de casi un 5 %, lo cual no es desdeñable. Es por aportación de recursos del propio Instituto, fruto de nuestros buenos resultados en cursos y certificaciones. Gracias a ello podremos disponer de unos 300.000 más para nuestra labor cultural. Menos da una piedra. Hemos trabajado en estos cinco años con menos dinero que en otras épocas, pero los resultados hablan de la capacidad que tiene el equipo del Cervantes para buscar fondos y patrocinios privados. Pero para seguir subiendo peldaños en la incidencia cultural del instituto hace falta más dinero. No pido un imposible, pero sí una mayor capacidad para hacer mejores cosas en materia de cultura. Aparte de eso tengo la voluntad de implicar más a las fundaciones privadas. Ya tenemos acuerdos importantes con Mapfre y la Juan March. También he hablado con el secretario de estado de Cultura, Fernando Benzo, y me ha subrayado el interés de Acción Cultural Española de reforzar lazos con el Cervantes. Aunque no tengamos un presupuesto como los de antes de la crisis, espero que podamos contar con más apoyos gracias a estas redes.



P.- ¿La posibilidad de que el Cervantes tenga un estatuto de autonomía propio está ya sobre la mesa?

R.- No, aún no hemos hablado de eso.
Según una leyenda negra, los Cervantes no se llevan bien con las embajadas. Doy fe de que no es así"


Está por ver la fórmula exacta, pero la clave está en buscar un encaje lo más parecido posible a los que tienen el Prado o el Reina Sofía. Hay una especie de leyenda negra según la cual los Cervantes no se llevan bien con las embajadas, pero yo puedo dar fe de que esto no es así en la mayoría de los casos. En la práctica estamos extremadamente cómodos adscritos al ministerio de Exteriores y también en nuestra relación con Cultura, pero sería necesario poner negro sobre blanco nuestra autonomía.



P.- En su discurso del 8 de febrero tendió la mano al catalán, al euskera y al gallego. ¿Qué planes concretos tiene al respecto?

R.- En mi visita a la cámara alta, el senador que más se alejaba de la tónica general era el de ERC, que consideraba insuficiente la atención del Cervantes hacia las lenguas cooficiales. Nosotros no rehuimos esa tarea, sabemos que está entre nuestras misiones velar que estas lenguas estén en nuestros centros pero hay que tener en cuenta que también tienen institutos que las promueven. En nuestros centros ofertamos clases de catalán, gallego y vasco, pero hace falta demanda para que se establezcan los grupos. Para el español exigimos un mínimo de ocho alumnos y en el caso de estas lenguas bajamos el umbral a tres. Lo que tenemos que hacer es concertarnos con estos institutos para establecer un diálogo más fluido. Ya me he reunido con la directora del Instituto Etxepare, Miren Arzalluz, y vamos a revitalizar el convenio ya existente con algunas exposiciones, en concreto una sobre San Sebastián que viajará a Milán y Frankfurt y otra sobre el menos conocido de los hermanos Chillida, Gonzalo, que presentaremos en Berlín y París. También me reuní la semana pasada con Ramón Villares, presidente del Consello da Cultura Galega, y vamos a hacer proyectos conjuntos en ciudades europeas y en Brasil, un país con muchos vínculos con Galicia. Me queda pendiente una reunión con Manuel Forcano, director del Instituto Ramón Llull, y espero que surja también la posibilidad de hacer cosas interesantes.



P.- ¿Y en cuanto a la relación con Hispanoamérica?

R.- Precisamente acabo de estar en Perú y en México con el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis. Con Perú hemos firmado un acuerdo con el Centro Cultural Inca Garcilaso, que desde este mismo lunes ha fijado una sede en Madrid en un espacio cedido por esta casa, donde ya tenemos oficinas de la Universidad de Salamanca, de la UNAM de México y del Instituto Caro y Cuervo de Colombia. Su presencia aquí facilitará los contactos e intercambios entre ambas instituciones. En cuanto a México, dentro de poco recibiremos la visita de varios ministros mexicanos y se firmará un convenio con la UNAM y el Fondo de Cultura Económica que complementa a otros existentes. Próximamente vamos a organizar exposiciones en las que pondremos en relación a Alfonso Reyes, patriarca de las letras mexicanas y precursor de Octavio Paz, con Gómez de la Serna y el francés Valery Larbaud, que fue el introductor de Reyes en el viejo mundo y traductor de Gómez de la Serna.



P.- Parece que uno de sus objetivos principales es mejorar la programación cultural en los centros del Instituto Cervantes. ¿Cómo va a materializar ese deseo?

R.- No hay que descubrir mediterráneos, pero tengo muchas ideas en la cabeza al respecto. Nuestras clases de español están en un nivel de excelencia, pero en cultura siempre se puede hacer más. Me gustaría que las artes plásticas y el mundo de la literatura tuvieran una presencia mayor a través de más y mejores exposiciones. Creo que en nuestros centros en el extranjero podemos fomentar una mayor presencia de nuestra creación más joven y actual, tanto en artes plásticas como en fotografía, música, literatura o gastronomía; y que en la sede central nos centremos en los diálogos entre las distintas artes y las relaciones históricas entre los países que hablan nuestro idioma. Otro de los grandes proyectos para el año que viene, quizá el más importante, lo hemos puesto en marcha con la RAE y la BNE. Se llamará "El español: lengua milenaria, lengua de futuro" y nosotros aportaremos la parte más inmaterial, una reflexión sobre el español de hoy, y quiero incluir en ella una instalación artística sobre la palabra y el espacio que le encarguemos a algún creador contemporáneo.



@FDQuijano

Una vida de diálogo entre las artes

"Siempre he trabajado con un pie en el arte y otro en la literatura", dice Juan Manuel Bonet. Hace un par de años la editorial La Veleta reunió su poesía completa en Vía Labirinto y el propio autor se quedó sorprendido de su grosor de 350 páginas. Recuerda que le decían: "¡Caramba con el poeta minimalista!". Además de su obra poética, el nuevo director del Cervantes ha publicado muchos trabajos sobre literatura, especialmente del ultraísmo y del surrealismo, dos de sus corrientes predilectas. También fue aprendiz de artista -"felizmente lo dejé", bromea- y se introdujo en la crítica de arte y el comisariado de exposiciones. Siempre le interesó el diálogo entre las artes, especialmente entre la pintura y la poesía. El primer museo para el que trabajó fue el de Arte Abstracto Español de Cuenca, con el artista Fernando Zóbel, la persona de la que dice haber aprendido más después de su padre, Antonio Bonet Correa, catedrático y exdirector de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.



Bonet fue introduciéndose más y más en el mundo del arte. Trabajó para el Museo de Teruel, "que hizo muchas cosas por el surrealismo", y para el Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas, de cuyo consejo asesor formó parte gracias al escultor Martín Chirino. Siguió organizando exposiciones para otros museos, entre ellos el Reina Sofía, y entonces le llegó la propuesta de dirigir el Instituto Valenciano de Arte Moderno, cargo que ocupó entre 1995 y 2000. "Era una situación inestable, como en general muchas cosas en Valencia han demostrado ser... Pero yo nunca hablo para bien ni para mal sobre los museos donde he estado, tengo esa regla", deja caer eludiendo la cuestión de la polémica etapa de Consuelo Císcar al frente del IVAM. No obstante, Bonet recuerda sus años de Valencia como una etapa "extraordinariamente rica": "Era un museo de nueva planta, joven, donde podíamos experimentar todos los días. Allí hice exposiciones muy variadas con la idea del museo como espacio de diálogo entre las artes". Destaca en este sentido una exposición sobre tipografía del mundo de las vanguardias, sobre el compositor Erik Satie y sobre Juan Eduardo Cirlot, "un poeta que hoy está en el candelero pero entonces no".



Después le llegó la oferta de dirigir el Reina Sofía por parte de la ministra Pilar del Castillo. De aquellos años (2000-2004) también guarda gratos recuerdos, aunque también señala que, al no tener aún el museo su actual estatuto, estaba más encorsetado administrativamente. Su mandato lo enfocó hacia la colección, haciendo compras importantes. "Era la época de las daciones en pago de impuestos. Así entró en la colección del Reina la magnífica colección de fotografía de Banesto, un salto de gigante para el museo". Con el mismo sistema llegó el único Rothko que hoy tiene el museo, un conjunto de obras de Juan Gris, otro de Miró y el famoso bodegón con sifón y botella de ron de Dalí que García Lorca tenía en su habitación de la Residencia de Estudiantes. Bonet recuerda también las exposiciones que dedicó al escultor Alberto, a José Gutiérrez Solana, a Vázquez Díaz o a Díaz-Caneja; al pintor falangista Ponce de León y al escultor comunista Francisco Pérez Mateo, ambos muertos en Madrid al principio de la guerra civil. "Después pasé unos años trabajando por libre de nuevo, preparando proyectos en casa, como he hecho la mayor parte de mi vida". Hasta que salió a concurso la plaza de director del Instituto Cervantes de París y la ganó. "Ha sido una tarea preciosa para mí defender los colores de España en mi ciudad natal".