Foto: Foter.com

"Si tiene usted algún problema y se los encuentra, quizá pueda contratarlos". Así presentaba a Murdock y compañía la voz en off de la intro en la mítica serie de los 80, pero al Equipo A de la lucha contra la piratería digital no hace falta "encontrárselos" por casualidad. Si usted es propietario de derechos de autor y detecta que su película, disco, videojuego o libro se ofrece de manera ilegal por parte de terceros en la red, basta con llamar a Red Points o 3Ants, algo así como agencias de ciberdetectives especializados en seguirle la pista a los piratas. Algo nada sencillo porque los contenidos se esconden en unas matrioshkas digitales cuya última muñeca suele ser un servidor alojado en otro país.



Con otro símil ochentero presentaron a estos expertos este miércoles en el foro Crea Cultura que organiza periódicamente Atresmedia: los "cazafantasmas" de la piratería digital. En el debate, que se celebró en el Espacio Bertelsmann de Madrid, representantes de las dos empresas citadas y de la Federacion para la proteccion de la propiedad intelectual (FAP) aclararon que no actúan contra los usuarios de estos contenidos ilegales, sino contra "las mafias" que se lucran con este negocio que según los contertulios mueve miles de millones de euros al año. "Hay cientos de modelos de monetización", afirma Manuel Moregal, fundador y director tecnológico de 3Ants. "Cuando el usuario pulsa el play está pagando en forma de datos personales que luego son vendidos en mercados negros", alerta el tecnólogo.



De las 500 webs más visitadas en España, según el popular índice Alexa, el 25 % de ellas están relacionadas directa o indirectamente con la piratería, apunta Ricardo Mateos, Director de Operaciones de Internet de la FAP. Moregal añade que, como es materialmente imposible controlarlas a todas, se centran en el 20 % de estos sitios fraudulentos que acapara el 80 % del tráfico pirata.



El método

La estrategia que emplean empresas como Red Points y 3Ants es el siguiente: mediante crawlers o spiders, que son programas informáticos que de manera automática analizan a fondo las entrañas de los sitios web y sus conexiones con otros, detectan la fuente última del archivo ilegal y solicitan a sus propietarios, también de manera automática, que los eliminen. "Normalmente nos hacen caso y retiran voluntariamente el contenido", asegura Laura Urquizu, directora general de Red Points. ¿El motivo? A quienes se lucran con el negocio de las webs piratas no les compensa arriesgarse a que la sección segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual (también conocida como "comisión Sinde") les cierre la página -aunque los tres expertos coinciden en las escasa eficacia de este organismo-. "Lo que interesa a estas mafias es el tráfico de personas por su página, que es lo que les reporta ingresos publicitarios. El producto que venden no es el contenido, sino nosotros, los usuarios. Nuestros datos, nuestro tráfico, nuestros impactos [así se llama en la jerga publicitaria al número de visitas a una determinada página web, que en definitiva refleja el número de veces que se ve un anuncio]", explica Mateos. Así que eliminan la película o la serie en cuestión y suben otra. Lo importante es tener el trasiego constante.



Un método paralelo al de las "arañas" automáticas que detectan la ubicación de los contenidos piratas es tratar de "estrangular" la publicidad de las páginas que ofrecen enlaces para descargarlos o verlos en streaming. De esto se encarga la FAP tratando de convencer a las empresas de publicidad para que no contrate espacios en estas webs. Anuncios que en su mayoría son de webs de juego online, de contactos o de pornografía. No obstante, según el último Observatorio de la Piratería de la consultora GFK, aproximadamente un tercio de los anuncios son de empresas de bienes de consumo. Según Mateos, "a veces por pagar menos, las empresas acaban anunciadas sin saberlo donde no desearían, lo que puede dañar su imagen".



Además, entre las prácticas de los sitios piratas abunda el fraude publicitario. El más habitual es insertar un anuncio de un solo píxel que el usuario ni siquiera ve, pero que computa como un anuncio normal en el recuento de impactos, o superponer varios anuncios en un mismo impacto, de manera que el usuario solo ve uno pero la web los contabiliza todos.



Piratería en directo

El último grito en piratería consiste en aprovechar los nuevos servicios de emisión en directo que ofrecen redes sociales como Facebook y Twitter, algo que los piratas han aprendido a monetizar también. Con este método, emiten sobre todo partidos de fútbol y otros eventos deportivos de pago. Para Moregal, esta modalidad es un ejemplo más de que "la ley va muy por detrás de la tecnología". No obstante, comenta el caso "Premier League": la liga de fútbol inglesa ha conseguido que un juez acepte su criterio para bloquear inmediatamente los sitios web piratas que según la organización estén retransmitiendo partidos en directo.



La permisividad de Google

Los expertos en antipiratería reclaman más ayuda por parte de Google. No solo le piden un mayor compromiso a la hora de "desindexar" (eliminar de las páginas de resultados de su buscador) las webs piratas, sino que incluso acusan al gigante de ser "su principal medio publicitario", como dijo Moregal, ya que Google es dueña de DoubleClick, la principal empresa de publicidad que coloca anuncios en las webs piratas. Para Mateos, Google tiene "una pata en lo legal y otra en lo no tan legal", y puso como ejemplo de lo primero el servicio Content ID de YouTube (también propiedad de Google) que permite localizar contenido subido de manera ilegal a la popular red social y que le costó a la empresa varios millones de dólares.



En la última parte del debate, la conversación derivó hacia las posibles soluciones contra la piratería: además de la lucha tecnológica que ellos llevan a cabo, los participantes reclamaron una mayor cooperación internacional, así como campañas de concienciación a corto plazo y de educación a largo plazo para que los usuarios dejen de consumir contenidos piratas. Aunque España salió según el estudio de Gfk citado anteriormente, el 67 % de los encuestados que piratean argumentan que no hacen daño a nadie. Mientras que para Urquizu esto demuestra el viejo tópico de que "los españoles somos los reyes de la picaresca", para Mateos la querencia por lo gratuito es cosa universal.



"Robar un poquito" y la reprimenda de Resines

Entre el público asistente al debate estaba el actor y expresidente de la Academia de Cine Antonio Resines, muy beligerante con la piratería. En el turno de preguntas expresó su convicción de que a los expertos y a los políticos les da miedo culpabilizar a los usuarios de contenidos piratas, en el caso de los políticos "porque se juegan el voto". De hecho, recriminó a Urquizu que minutos antes dijese que "descargarse una película gratis es robar un poquito", así, con diminutivo suavizador. Moregal salió en defensa de Urquizu diciendo que sus empresas no pueden culpar públicamente a los usuarios para que estos no los vean como enemigos, pero acabó dando la razón a Resines. La postura del actor es clara: imitar el modelo alemán, que impone multas cuya cuantía se multiplica exponencialmente si el usuario reincide. "Mientras el legislador no se atreva con el usuario, el problema no va a desaparecer", subrayó Resines.



@FDQuijano