Luce López-Baralt

La escritora Luce López-Baralt (San Juan, Puerto Rico, 1950) es catedrática de la Universidad de Puerto Rico, vicedirectora de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española y una de las mayores especialistas en literatura mística. Ha dedicado prácticamente toda su vida adulta al estudio de la obra de San Juan de la Cruz, que considera "el poeta más sublime y más misterioso de la literatura española". Hace unos días volvió a su alma mater, la Universidad Complutense de Madrid, invitada para dar una conferencia y un curso de tres días. "Ha sido muy emocionante volver y enseñar en las mismas aulas donde yo aprendí", reconoce.



La conferencia y el curso en Madrid versaron sobre temas distintos. En la primera, con el sugerente título Carta de batalla por la magia cervantina, López-Baralt reflexionó sobre la verosimilitud del Quijote. "Tradicionalmente se ha pensado que Cervantes protesta en su obra contra las fantasías de las novelas de caballerías, pero él cae también en la ruptura del plano real en repetidas ocasiones". Por su parte, el curso posterior siguió la línea argumental de su ensayo Asedios a lo Indecible. San Juan de la Cruz canta al éxtasis transformante (editorial Trotta), publicado originalmente en 1998 y que ha sido reeditado este año.



Primera lección: ¿qué entendemos por mística? "Ese estado alterado de conciencia en el que el sujeto se une con el todo, lo que solemos llamar Amor, Dios o Infinito". Así describe la autora esa "experiencia que solemos asociar a santos y a los claustros en la Edad Media", pero que se da en todas las religiones y en todas las épocas. Sin ir más lejos, la propia López-Baralt tuvo una experiencia extática de la que le da mucho pudor hablar. Cuenta que tardó mucho tiempo en atreverse a escribir sobre ello y, al hacerlo tuvo que debatirse, como dijo José Ángel Valente de San Juan de la Cruz, "entre la imposibilidad de decir y la imposibilidad de no decir". La experiencia mística de López-Baralt tuvo lugar hace años, precisamente mientras impartía un curso sobre el santo, justo cuando disertaba sobre esta incapacidad del lenguaje para explicar el éxtasis. Finalmente, aquella necesidad de decir lo indecible encontró cauce torrencial en su libro de poemas Luz sobre luz (también en Trotta). "Luego seguí el proverbio hindú: después de la iluminación, a seguir lavando los platos". Pero el interior de la persona ya es otro. Se continúa con la vida y con la vocación, pero todo se mira ya con otros ojos, "entendiendo que la urdimbre del universo descansa en el amor".



López-Baralt descubrió a San Juan de la Cruz cuando estudiaba en Madrid. "Fue como si un rayo me explotara en los pies. No lo entendía, pero me había enamorado". Tanto que, más tarde, en Harvard, decidió hacer su tesis doctoral sobre el carácter misterioso del poeta. "Me parecía maravilloso que no encajara dentro de la poesía española tradicional, ni en la poesía clásica", recuerda. En ese cóctel misterioso López-Baralt atisbó "un diálogo interliteratrio e intercultural" con las églogas de Virgilio, con Petratrca, e incluso "un diálogo tan íntimo con el Cantar de los Cantares que sospecho que pudo haber tenido acceso al hebreo original". Pero el ingrediente más extraño que descubrió la autora es la relación de San Juan de la Cruz con la simbología mística islámica, es decir, del sufismo, como la noche oscura del alma o el ruiseñor, que en el mito de Virgilio es un ave que llora porque el labrador le ha robado sus polluelos y también una mujer violada, mientras que en la literatura sufí medieval, así como en San Juan, es "un ave que celebra el éxtasis y hace danzar al bosque entero", señala López-Baralt.



Cuando López-Baralt descubrió la conexión de San Juan de la Cruz con místicos como el andalusí Ibn Arabi, el árabe Ibn al-Farid o el persa Rumi, a los que leyó en inglés y francés en la biblioteca de Harvard, su director de tesis quedó impresionado y consiguió una beca para su alumna, que pudo seguir ahondando en el misticismo musulmán en Beirut.



Décadas antes, el arabista Miguel Asín Palacios había llegado a la misma conclusión de que San Juan y Santa Teresa se expresaban con símbolos sufíes que quizá, apunta López-Baralt, no tomaron directamente de las fuentes originales sino que ya circulaban en su entorno. Asín Palacios descubrió, por ejemplo, que los siete castillos concéntricos que Santa Teresa utilizaba como metáfora del camino instrospectivo hacia el alma, eran un símbolo que había sido utilizado en un texto sufí del siglo XVI, más o menos contemporáneo a la santa. Pero López-Baralt, durante su estancia en Beirut, Bagdad y El Cairo, descubrió que este símbolo era un lugar común de la mística islámica por lo menos desde el siglo IX.



El misterio que rodea a San Juan de la Cruz también se debe a que muchos de sus manuscritos desaparecieron. "Tuvo que tragarse literalmente sus escritos cuando lo prendieron los carmelitas calzados", enemigos de la reforma de los carmelitas descalzos fundados Santa Teresa y que él continuó. "Además, ordenó por precaución a sus monjas que quemaran todos sus textos que encontraran en el convento", señala la escritora.



Erotismo revolucionario

Al igual que el Cantar de los Cantares, el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz se expresa como si fuera un lamento por la ausencia del esposo. Por este motivo, a menudo se ha relacionado el sentimiento místico con el amor erótico. En cambio, López-Baralt opina, volviendo a la imposibilidad de decir lo indecible, que "el sentimiento místico es una experiencia que trasciende el amor humano, pero no tenemos otra forma de expresarlo". "El instinto del amor es unitivo, pero en el caso del amor humano podemos juntarnos pero no fundirnos con la persona amada". El amor humano es, por tanto, la experiencia terrenal "más apasionada y apasionante", opina la escritora. "Esto nos extraña porque ya desde San Pablo, San Agustín y Santo Tomás, se culpabilizó el sexo. Por tanto, somos herederos de una angustia sexual terrible. Los orientales, en cambio, trabajan con más dulzura y armonía la unión del cuerpo y del alma". Un ejemplo de esto, más cercano que el Kama Sutra original -"escrito en alta contemplación de la deidad mientras que en occidente se considera un libro pornográfico"-, es otro libro escrito en castellano por un morisco expulsado a Túnez en pleno Siglo de Oro y descubierto por López-Baralt, al estilo de las novelas ejemplares cervantinas, en el que un maestro sufí explicaba al protagonista cómo redimirse de sus pecados y conducirse adecuadamente en el terreno conyugal, desde la elección de las posturas sexuales a la oración durante la cópula. Una parte de aquel libro, el primer tratado erotológico de nuestra lengua, fue editado en Siruela con el título Un Kama Sutra español en 1992.



Volviendo a San Juan de la Cruz, explica López-Baralt que en la primera edición de sus poemas figuraron la Noche oscura del alma y la Llama de amor viva, pero no el Cántico espiritual, por su contenido demasiado erótico. "En este poema, San Juan de la Cruz nos da una lección extraprofunda: que no hay una diferencia irreconcibliable entre las nupcias humanas y las más altas nupcias espirituales, simplemente son distintos niveles del amor. Uno trasciende al otro pero no lo condena, ambos vibran al unísono". Un argumento que la autora resume con aquel famoso verso de su amigo Jorge Guillén: "cuerpo es alma y todo es boda".



@FDQuijano