V centenario de El Bosco

Un pecador baila la danza de la muerte en la horca. Junto a él pende de otra soga e interpreta la misma coreografía una cerda. Aunque el animal no tiene conciencia, la ley religiosa le aplica el mismo castigo que al zoófilo que yació con él, según las habladurías. Frente al patíbulo, mezclado con la muchedumbre, está Jheronimus van Aken, El Bosco. Mira a su alrededor y observa cómo disfruta el vulgo con el espectáculo, celebrando la agonía de ambos. Son las mismas caras grotescas y desencajadas que luego plasmaría, como reflejo de la hipocresía y la bajeza moral, en cuadros como Cristo con la Cruz a cuestas.



"- Dinos, pintor... ¿En el infierno también pasan estas cosas?

- En mi infierno, quizás... Todavía estoy trabajando en ello.

- Pero por tus cuadros parece que hayas ido en persona al infierno a echar un vistazo.

- Pinto lo que veo aquí, como si la Tierra fuese el infierno de un mundo mejor..."



La escena anterior forma parte de El Bosco, la biografía en viñetas del maestro holandés que ha realizado su compatriota Marcel Ruijters (1966), ilustrador muy interesado desde hace años en la época medieval y sus ideas religiosas, como demuestran otros títulos suyos -Sine Qua Non (2005), 1348 (2011) y All Saints (2012)-. Aunque El Bosco vivió toda su vida en su ciudad natal, Den Bosch (Bolduque, en español), su figura está muy ligada a España desde que Felipe II se hizo ferviente coleccionista de sus obras. En el V centenario de la muerte del pintor, marcado por la gran exposición monográfica que le ha dedicado El Prado, ahora llega a nuestro país este cómic de Ruijters de la mano de Rey Naranjo Editores.



El dibujante comparte con El Bosco su fascinación por lo grotesco, que empapa su estilo, y a partir del estudio pormenorizado de las escasas fuentes documentales que arrojan algo de luz sobre la misteriosa biografía del autor de El jardín de las delicias, Ruijters recrea el trabajo del artista en el taller familiar junto a sus hermanos, la relación con sus principales clientes, el clero y la burguesía, sus intereses artísticos, su carácter piadoso pero no dogmático, su lucidez a la hora de retratar las miserias, la hipocresía y la estrechez de miras de la sociedad de su tiempo, así como la construcción de su imaginario plagado de peces, pájaros y bestias fantásticas que representan la lujuria y el pecado.







Pregunta.- Hay muchas incógnitas en la biografía del Bosco. ¿Ha sido difícil documentarse para realizar este cómic?

Respuesta.- El reto fue intimidante al principio. Tuve que acercarme al tema usando muchas fuentes secundarias y comparaciones con artistas que vivieron en la misma época. Lo que yo cuento está ficcionalizado, pero todo está en el terreno de lo plausible. Por su puesto, muchas cosas son conjeturas. En buena medida, la vida de una persona está determinada por su posición en la sociedad, y para entender al Bosco, necesitas comprender su sociedad. Por ejemplo, tendría sentido tomar la Biblia como punto de partida para interpretar sus cuadros, pero solo si sabes cómo se interpretaba la Biblia en su tiempo. También es necesario conocer el lenguaje de entonces, eso es vital. Por otra parte, quería desmentir muchas ideas equivocadas y los primeros capítulos dan una imagen muy clara de cómo era la práctica diaria del artista tardomedieval, que era un trabajo de equipo y especialmente en su caso, ya que todos los miembros de la familia trabajaban como pintores.



P.- En cualquier caso, el mayor misterio del Bosco sigue siendo la interpretación de sus obras. ¿Cómo explica usted ese universo tan rico y único que creó el Bosco?

R.- El Bosco era salvajemente inventivo, pero también un hombre de su tiempo y de su cultura. Se le ocurrieron esas criaturas tan raras a partir de la manera en que hablaba la gente. Esto se ha pasado por alto a menudo porque no hay mucha gente que entienda el holandés medieval y porque eso convertiría al Bosco en un ilustrador, lo cual es algo que el mundo del arte tiene injustamente en baja estima.







P.- ¿Cuál era el principal objetivo de las obras del Bosco, mostrar al pueblo las consecuencias del pecado con una intención preventiva o mostrar la hipocresía que rodeaba a la fe y a la religión en aquel tiempo? En una de las páginas de su cómic, sugiere que los ricos e incluso los miembros del clero disfrutaban secretamente las escenas de lujuria que pintaba El Bosco.

R.- En aquella época todo el arte se hacía por encargo, así que deberíamos ser cautelosos al adherir supuestas creencias personales del Bosco a sus cuadros. Lo que sí es cierto es que la sátira estaba muy arraigada en su cultura. Todo esto ha sido de hecho la cuestión más difícil para mí, ya que un historiador siempre puede recurrir al descargo de responsabilidad, pero un contador de historias como yo tiene que fingir que ha sido testigo de la verdad.



P.- ¿Se ha inspirado en el propio trabajo del Bosco para pintar esas caras grotescas y deformadas como reflejo de la corrupción moral?

R.- Solo hasta cierto punto. Mi estilo ha variado a lo largo de los años. Para este proyecto, he vuelto a como dibujaba hace veinte años, porque tenía que concentrarme en crear una historia coherente.



P.- Ha publicado varios cómics sobre la Edad Media y sus ideas religiosas. ¿Por qué le interesa tanto esta época?

R.- Es algo que fue creciendo en mí con los años. Al principio me atrajo la extraña apariencia del arte medieval y sus ideas. La mejor manera de investigar, creo, es hacer las cosas por ti mismo, intentar hacer cómics que parezcan dibujados por la mano de un monje o una monja medieval. Yo vengo de un ambiente no religioso, así que le di un enfoque antropológico. Pero también encontré que el arte medieval, especialmente el de los manuscritos, comparte muchos rasgos con los cómics de hoy: a menudo hay una narrativa, el arte se basa en la línea y el color, se hace en pequeños recuadros, está hecho para ser reproducido, mal pagado, y otras muchas coincidencias. Eso me dio la sensación de haber tropezado con algo universal pero ignorado y, por lo tanto, excitante.



@FDQuijano