Alicia Giménez-Bartlett. Foto: Santi Cogolludo.

La novela con la que Alicia Giménez-Bartlett ganó el Premio Planeta 2015, Hombres desnudos, llega este martes a las librerías junto con la obra finalista, de Daniel Sánchez Arévalo. La de Giménez-Bartlett no está protagonizada por su célebre inspectora de policía Petra Delicado; la escritora ha cambiado de tercio y ha construido esta vez una novela sin género definido -"diría que es de corte social si esa etiqueta no fuera tan denostada", confiesa- que describe el choque de dos sexos, dos generaciones y, sobre todo, dos clases sociales. Hoy, con la sociedad aún descoyuntada por la crisis, existe según la autora "una lucha de clases que palpita de manera discreta, enterrada, y es más importante que la guerra entre hombres y mujeres".



Los personajes que encarnan esta colisión en la novela son criaturas absolutamente contemporáneas. Uno es un joven profesor de literatura de origen humilde que pierde su trabajo, prueba fortuna como stripper y acaba en el mundo de la prostitución masculina, pocas veces retratado por la literatura. El otro personaje pertenece a un fenómeno "emergente", señala Giménez-Bartlett: el de las mujeres empresarias de mediana edad, poderosas, seguras, sin complejos ni ataduras sentimentales que quieren disfrutar de su éxito con total libertad. Y esto, en algunos casos, incluye la contratación de servicios de compañía y sexuales.



El escritor Fernando Delgado, miembro del jurado, destacó tras la concesión del premio el "lenguaje enormemente expresivo" de una novela "que va ganando intensidad a medida que avanza". En esto coincidió Rosa Regàs: "Tengo que confesar que al principio la novela no me gustó mucho, pero fui entrando en ella porque en un punto determinado se crece hasta llegar a un final absolutamente portentoso".



La noche del 15 de octubre, Giménez-Bartlett recogió el galardón de manos de Artur Mas y Ana Pastor ante mil personas en el Palacio de Congresos de Cataluña. La autora puso el contrapunto a la tensión palpable en el escenario entre el Presidente de Cataluña y la Ministra de Fomento con su desenfadada sudadera de brillantina rotulada con la palabra "merde". Una "travesura", explicó después, de una persona que "detesta la solemnidad". Al día siguiente, con más calma tras una noche llena de felicitaciones y de brindis, la autora explicaba las claves de  Hombres desnudos.



-¿Cómo se ha documentado para retratar el mundo de la prostitución masculina?

- Me he documentado por amigas que han usado estos servicios de chicos de alterne y he hablado con uno de ellos que me ha contado como funciona ese trabajo que no siempre es sexual; a veces consiste en acompañar a la clienta a los sitios. Una de mis amigas estuvo saliendo con un chico de alterne. La primera vez que se presentó con él en mi casa para cenar, nos quedamos todas las amigas con la boca abierta. Era un bellezón negro de uno ochenta. También me he informado por un amigo que trabaja en un hotel y me ha explicado hasta qué punto es importante ese trasiego de chicos.



-¿Los hombres temen a las mujeres poderosas e independientes como la protagonista de Hombres desnudos?

-La protagonista de mi novela es una mujer poderosa pero también está profundamente perturbada por un montón de cosas, de lo contrario sería un estereotipo. Pero es cierto que a los hombres les asusta ese tipo de mujer. De todas maneras eso también está cambiando, no todos los hombres sois unos cenutrios machistas, eso también es un tópico de lo más absurdo. Hay hombres que se dan cuenta de los cambios, los aceptan y a veces los potencian. Además, ya no recae en ellos el peso de llevar el pan a casa y lo disfrutan muchísimo. Los tópicos se caen por sí mismos, ni todos los hombres son machistas ni todas las mujeres son fuertes y estupendas.



-¿Qué lugar ocupa el humor en esta novela?

-El humor tiene una presencia menor que en otras novelas, esta es una novela dura pero sin caer en el tremendismo. Hay un personaje llamado Iván que habla con un lenguaje espantoso y vulgar pero dice cosas que tienen cierto calado de una manera que produce una cierta impresión humorística.



- El protagonista es ilustrado pero de clase humilde. ¿Esa es también una nueva figura que ha irrumpido en nuestra sociedad?

-Sí, eso de que para ser sensible hay que tener un abuelo marqués es absurdo. Soy profundamente democrática en eso, la sensibilidad se crea, se cultiva. Cuántos de nuestros padres o abuelos no tuvieron oportunidades y tenían sensibilidad.



-¿Por qué ha sido tan denostada la etiqueta "social" aplicada a la ficción literaria?

-Quizá este tipo de literatura llegó a un exceso en algún momento, pero la fobia que se le tomó en este país no me pareció bien, se viró hacia un experimentalismo que muchas veces no concluyó en nada bueno. Chirbes y otros grandes escritores han hecho literatura social y no pasa nada, es interesante siempre que esté bien escrita, con un aggiornamento de los temas sociales que interesan en cada momento.



-¿Cuál es su rutina de trabajo cuando escribe?

-Soy una escritora del tipo oficinista. Escribo de 9 de la mañana a 3 de la tarde y paro a media mañana para tomar un café. El resto del día no trabajo, ni tampoco los fines de semana, porque hay que desconectar mínimamente, si no acabas fatal. Pero también confieso que si no escribo con regularidad me pongo de mal humor.



-¿Cuánto tarda en escribir un libro?

-Depende. Menos de un año si son novelas negras de Petra, que les tengo muy cogido el tranquillo porque es un género con unas normas propias que sirven de bastón. Hombres desnudos la he reescrito de la primera a la última página dos veces, y después he hecho correcciones sobre el texto, o sea que ha sido un currelo bastante importante. Mi manera de escribir es en un primer momento compulsiva cuando tengo la página en blanco delante del ordenador parpadeante, le meto caña guiada por una especie de intuición que me dice que siga adelante, lo cual parece una burrada, pero el otro día leí unas memorias de Steinbeck en las que daba ese consejo: hacer una primera versión con los ojos cerrados y corregir después, porque si eres demasiado autocrítico en la primera escritura, le quitas espontaneidad a lo escrito.



-En su anterior entrevista para El Cultural dijo que la novela negra era a la literatura lo que el jazz a la música clásica. ¿En qué género musical enmarcaría Hombres desnudos?

-Sería jazz también, pero más experimental, más frío.