Jorge Dezcallar. Foto: Nuno Sousa.

La impresión que causa Jorge Dezcallar de Mazarredo (Palma de Mallorca, 1945) se ajusta perfectamente a lo que uno espera de un diplomático de su talla. Este hombre sereno, sensato y franco ha sido embajador de España en Estados Unidos, en el Vaticano y en Marruecos y durante doce años director general en el Ministerio de Asuntos Exteriores, primero para África y Oriente Medio y luego para Asuntos Políticos. Fue el primer director civil del Centro Nacional de Inteligencia y desempeñó su cargo entre el 11-S y el 11-M. Lleva por bandera una independencia de criterio que le ha traído algunos problemas "en un país en el que los políticos solo quieren a su alrededor personas que les aplaudan con las orejas", cuenta a El Cultural.



En sus múltiples destinos, Dezcallar ha tratado con los actores más importantes de la política internacional de los últimos años, como George W. Bush, Barack Obama, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Yasir Arafat, Ariel Sharon, Gadafi o Hugo Chávez. El peor trago de su carrera llegó el 11 de marzo de 2004. En el libro Valió la pena. Una vida entre diplomáticos y espías, editado por Península, Dezcallar comparte las experiencias más interesantes de su carrera, las más satisfactorias y las más amargas. En la segunda categoría, revela cómo fue ninguneado por el Gobierno durante los días posteriores a la peor masacre terrorista que ha vivido España, y rebate "las medias verdades o puras elucubraciones sin base alguna que se afirman y que escriben unos y otros" sobre lo que ocurrió aquel día.



Aunque se ha jubilado, a Dezcallar le irrita tanto como si siguiera en activo ver que "España está jugando en política exterior un papel muy por debajo de su peso". Opina que las etapas de Felipe González y José María Aznar fueron "más brillantes" en esta materia y que con Zapatero y Rajoy "hemos dado un bajón muy grande". "Polonia tiene ahora mismo más peso que España en Europa, cuando nosotros somos la cuarta economía de la unión", lamenta el diplomático. "El problema es que tenemos una clase política monóglota y provinciana, siempre ha sido así en nuestro país. Tenemos que construir un proyecto de política exterior, ningún viento es bueno si no se sabe adónde ir", remacha.



Dentro de nuestras fronteras, el mayor reto de España según Dezcallar es "recuperar nuestra concordia", comenta con una implícita alusión a Cataluña. "Este es un país complicado, nunca hemos llegado a definir un marco de convivencia interna satisfactorio para todos, es algo que está pendiente desde los Reyes Católicos. Y aun así llevamos una convivencia de cinco siglos, y continuará si buscamos las fórmulas adecuadas. Ahora hay 1,8 millones de catalanes que no se sienten cómodos. Ignorar eso me parece gravísimo, igual que lo es intentar un proceso de secesión con el 50% de los votos".



El CNI y el 11-M

Aquel fatídico 11 de marzo, Dezcallar sintió la primera descarga de frustración, obviamente, por no haber visto venir el atentado. "Aunque ni los británicos, con un presupuesto ocho veces mayor que el nuestro, pudieron evitar el del metro de Londres". La segunda le sobrevino cuando se apartó de la investigación al CNI desde el minuto uno, algo inconcebible. "Como jefe del servicio de inteligencia podía haber aportado algo, pero fuimos marginados de la investigación, y también la Guardia Civil. La Policía se apoderó de los únicos elementos disponibles: la mochila que no explotó y la furgoneta que apareció llena de explosivos", aunque reconoce que hizo un trabajo brillante, ya que en 48 horas detuvo a los dos indios que vendieron los chips que detonaron las bombas.



A las 11, varias horas después del atentado, el Gobierno convocó un gabinete de crisis al que Dezcallar no fue invitado, pero más extraño fue que no le llamaran para una segunda reunión, celebrada una hora más tarde, en la que participaron el secretario de Estado de Interior, Ignacio Astarloa, y en la que tomaron parte la cúpula de la Policía y de la Guardia Civil. "Ahí empezó una estrategia política que imagino deliberada. Nadie me convocó hasta el día 16 y porque yo insistí con bastante indignación", recuerda. ¿Por qué no le dejaron participar en la investigación? Quizá para que el CNI siguiera centrado en la hipótesis de la autoría de ETA, algo que interesaba al Gobierno del PP de cara a las elecciones del 14 de marzo. "Es cierto que pensamos en ETA al principio, y que nos equivocamos", reconoce Dezcallar, pero también es cierto que "se equivocó casi todo el mundo en aquellos momentos iniciales". En el libro, Dezcallar relata cómo su equipo se enteró de los avances de la investigación a través del telediario, igual que el resto de españoles. Pero la tragedia se utilizó con fines partidistas por ambas partes, ya que, como recuerda el exdirector del CNI, "los medios afines a la oposición se inventaron que había suicidas en los trenes" para apoyar la hipótesis islamista.



Dezcallar llegó al CNI justo antes del 11-S y giró el centro de atención de ETA a la amenaza islamista, pero, como él dice, le faltó tiempo. A petición suya se creó el Centro Criptológico Nacional. "No teníamos gente preparada para entender conversaciones en pastún, en farsí o en tayiko, captábamos más conversaciones de las que éramos capaces de traducir". Hasta su salida del CNI, un mes después del 11-M, Dezcallar tuvo que lidiar con la Guerra de Irak y con el conflicto de Perejil. "Fue una época muy movida. Napoleón decía a sus generales que, además de ser buenos, debían tener suerte. Yo creo que fui bueno pero no tuve mucha suerte", reconoce.



Una Europa más valiente

De lo que más orgulloso se siente Dezcallar es de "haber contribuido con ilusión al proceso de transición política". "En mi campo, ayudé a devolver a España al lugar que le correspondía en el concierto de las naciones. Llevábamos 300 años fuera de él, y tratamos de recuperar la normalidad en política exterior. Nos esforzábamos tanto que en Bruselas nos llamaban los prusianos del sur, y no estoy seguro de que fuera un piropo...". Fue la época del establecimiento de relaciones con Israel, la entrada en la Comunidad Europea y en la OTAN.



En aquella época, asegura, Europa tenía una política exterior unificada que ahora no tiene. En 1989 se redactó la Declaración de Madrid, que regía la postura de Europa con respecto a Oriente Medio. Sin embargo, el año pasado se votó la entrada de Palestina en la ONU como miembro observador y "los europeos votamos de tres maneras distintas, y porque no había cuatro", y añade: "Si no tenemos una política exterior común, perdemos peso como Europa en el mundo. Eso acaba afectando a nuestro nivel de vida porque no nos toman en serio cuando intentamos defender nuestros intereses".



También critica la postura de Europa ante la crisis siria. Frente a las decisiones unilaterales de Putin y la retirada estratégica de Estados Unidos de Oriente Medio, "falta una iniciativa diplomática europea robusta. Deberíamos tomar una decisión política y respaldarla si es necesario con fuerza militar". Y en cuanto al drama de los refugiados, lanza un dato incontestable: "los 500.000 inmigrantes sirios son el 0,1% de la población europea. Europa puede y debe acogerlos, tiene que ser fiel a los valores que la han hecho grande en el mundo".



Galería de personajes

Nelson Mandela: "Almorcé con él una vez y llenaba todo el espacio con una elegancia natural. He conocido a mucha gente: políticos, premios Nobel, papas, actores... pero la persona que más me ha impresionado fue él".



Hugo Chávez: "Es el personaje más estrafalario que he conocido. Muy simpático, pero muy falso". Dezcallar se reunió con él cuando investigaba el paradero de seis etarras escondidos en Venezuela. El expresidente bolivariano le dio largas contándole anécdotas irrelevantes, pero al final la misión no fue el fracaso que el diplomático esperaba tras aquella reunión surrealista en el Palacio de Miraflores.



Juan Pablo II y Benedicto XVI: "Hubo una continuidad ideológica clara en aquella sucesión. Juan Pablo II fue muy mediático pero muy conservador". Dezcallar llegó al Vaticano como embajador en 2005, cuando estaba ya muy deteriorado físicamente. "Ratzinger es muy introvertido pero gana muchísimo en la distancia corta. Es inteligente, pausado, reflexivo y cordial, pero cuando está en un escenario se cohíbe". ¿Y Francisco? "Me gusta mucho, ha entrado una bocanada de aire fresco que buena falta hacía en el Vaticano. Con él ha llegado una visión del mundo que no es la que se tiene desde Roma, sino desde la periferia, desde el Tercer Mundo".



George W. Bush: "Es un cowboy de Texas enormemente simpático y abierto, aunque nada refinado. Será muy conservador y se equivocaría en Irak, pero para nada es un zoquete, como a veces se dice. No habría llegado a presidente de Estados Unidos si lo fuera".



Barack Obama: "He coincidido muchas veces con él. Tiene mucho sentido del humor y te hace sentir muy cómodo, pero no es tan extrovertido como Bush. Esto se veía en los debates televisivos con McCain, que con 70 años se lo comía con respuestas más rápidas y mejor dialéctica. No obstante, Obama me parece un personaje enormemente atractivo. Soy muy obamista, no lo ha tenido fácil porque ha gobernado con el congreso en contra, algo muy complicado en Estados Unidos".



@FDQuijano