Enrique Díez-Canedo, León Felipe, José Moreno Villa y otros miembros de La Casa de España en México. 10 de noviembre de 1938. Foto: Residencia de Estudiantes, Madrid.

Fue Francisco Giner de los Ríos, con su Institución Libre de Enseñanza, quien sentó en el último tercio del siglo XIX las bases para la urgente modernización que necesitaba España en todos los sentidos. En 1907, la institución consiguió que el Estado crease la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), sostenida con fondos públicos y dirigida por Santiago Ramón y Cajal, que fue la principal herramienta para tejer una malla de relaciones personales, profesionales e institucionales entre España y el resto del mundo.



En 1910, por petición de la JAE y tras el visto bueno del conde de Romanones, a la sazón ministro de Instrucción Pública del nuevo gobierno liberal, se fundó una serie de instituciones que fueron la columna vertebral de este proceso de renovación e intercambio con el exterior: el Centro de Estudios Históricos -dirigido por el prestigioso filólogo Ramón Menéndez Pidal-, el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales, la Asociación de Laboratorios y la Residencia de Estudiantes. Esta última conmemora hasta el 8 de marzo, con la exposición Redes internacionales de la cultura española 1914-1939, aquella etapa de aceleración, importación y exportación científica, artística e intelectual -aunque seguía existiendo un 45% de analfabetismo-, que se vio truncada por la guerra civil y cuyo legado se ha venido rescatando desde la restauración de la democracia.



Tras un año de recopilación y selección de material, la muestra reúne "alrededor de un 10% de todos los documentos que podríamos haber expuesto", explica Almudena de la Cueva, coordinadora científica de la exposición, que nos guía por sus tres salas en la sede de la Residencia de Estudiantes, en la calle Pinar de Madrid. Se han reunido numerosos documentos procedentes de los fondos de la propia Residencia, de la Fundación Giner de los Ríos, del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) -que absorbió el patrimonio de todas estas instituciones durante el franquismo-, además de otras instituciones y fundaciones. Cartas, certificados, revistas, fotografías y vídeos, así como obras de arte procedentes del Museo Reina Sofía, el Museo Sorolla, el Museo del Traje y otros centros, ilustran la conexión de las mentes españolas más brillantes y creativas de la época con el exterior. Figuran entre ellos documentos poco conocidos, como las cartas cruzadas entre Zuloaga, Rilke y Rodin, dibujos de Ramón y Cajal o el trabajo de Miguel Catalán, becado por la JAE, con Alfred Fowler, lo que le llevó al descubrimiento de los multipletes, paso muy importante para el desarrollo de la Teoría Cuántica y de la Astrofísica. También se documenta la visita a España de científicos de importancia mundial como Albert Einstein y Madame Curie, que vinieron a España invitados por la Sociedad de Cursos y Conferencias.



Ignacio Zuloaga con Auguste Rodin (sentado) y el coleccionista ruso Ivan Stchoukine durante un viaje por España, hacia 1905. Foto: Archivo Fundación Zuloaga.

La primera sala muestra el origen de este proceso de internacionalización de la cultura española, que puede situarse en el primer viaje de Sanz del Río a las universidades alemanas en 1843, y en los que después realizaron Giner, Cossío y otros miembros de la Institución Libre de Enseñanza por Europa y América.



Uno de los intercambios culturales más importantes con el exterior se produjo con Estados Unidos a comienzos del siglo XX, gracias a la fundación en 1904 de la Hispanic Society of America -que se inauguró en Nueva York con la famosa serie de pinturas murales Visión de España de Sorolla- y a la creación en Madrid del International Institute for Girls in Spain, que ayudó a impulsar la educación femenina en España.



En estos años, además, varios artistas españoles triunfan en el extranjero, principalmente en Europa, como los músicos Albéniz, Falla y Granados, la bailarina La Argentina, los pintores Sorolla, Zuloaga, Picasso, María Blanchard, Juan Gris o el diseñador Fortuny y Madrazo (hijo y nieto de dos maestros de la pintura: Mariano Fortuny y Federico de Madrazo).



Los organizadores de la exposición sitúan el final de esta tapa inicial en torno a 1914. En aquel año coincidieron varios hitos importantes para la intelectualidad española. En marzo, Ortega y Gasset pronunció la conferencia que supuso la ratificación pública de la Generación del 14 y durante el verano estalló la Primera Guerra Mundial, que empujó a muchos científicos y artistas -europeos o americanos y españoles que vivían en Europa- a refugiarse en España, un suceso que contribuyó aún más a la modernización e internacionalización de nuestro país. "Cuando murió Giner de los Ríos, en 1915, dejó un proyecto consolidado y España ya estaba plenamente conectada", explica José García-Velasco, miembro del comité científico que ha comisariado la exposición y editor de un libro homónimo que trasciende la categoría de catálogo.



Dalí en la portada de Time. 14 de diciembre de 1936.

El período de entreguerras (1914-1939), en la sala central, "fue el momento álgido de intecambio, producto del trabajo que se había hecho en los años anteriores", afirma De la Cueva. Fue la época de las visitas de Einstein y Marie Curie, de Blas Cabrera y Miguel Catalán, los dos físicos españoles más importantes del momento, de la Revista de Occidente de Ortega y Gasset y del Instituto de las Españas creado por Federico de Onís -otro discípulo de Menéndez Pidal- en la Universidad de Columbia, en Nueva York.



Onís fue un personaje clave para la presencia de nuestra cultura y nuestro idioma en Norteamérica. Su labor y la de la Institución Cultural Española fundada en Buenos Aires y otras capitales suramericanas hizo posible la existencia de una red de contactos que permitió acoger, después de la guerra civil española, a muchos científicos, investigadores e intelectuales españoles exiliados, que pudieron continuar con su trabajo en centros extranjeros de primer orden.



Esta continuidad en el exilio -voluntario o forzado- se documenta en la última sala de la exposición. De los artistas se ha prestado más atención a los que fueron más permeables a la cultura de los países de acogida, "a los que reflejaron en sus obras la exuberancia del mundo indígena", explica García-Velasco. México fue el principal país de acogida. Aquí le seguimos la pista a Buñuel -se exhiben secuencias de Los olvidados, su película más mexicana- y a León Felipe, Enrique Díez Canedo, José Moreno Villa y María Zambrano, que fueron acogidos por la Casa de España en México. Puerto Rico fue el lugar donde recalaron Tomás Navarro Tomás, Federico de Onís y Juan Ramón Jiménez y en Argentina, Amado Alonso, Luis Santaló y Sánchez-Albornoz. En la sección dedicada a Estados Unidos destaca el éxito de Dalí, que llegó a ocupar la portada de la revista Time en 1936.



La muestra concluye, en el pasillo de salida, con un gran mapa abstracto que permite visualizar de un solo vistazo las múltiples ramificaciones de aquella red de conexiones internacionales que se mantuvo viva a pesar de todos los obstáculos, y que Giner de los Ríos, "el primer español moderno" según J.B. Trend, soñó una vez.