Shibuya es uno de los grandes barrios comerciales de Tokio

La semana tokiota esta a punto de termina. Seis días ya en Tokio y el escritor se deja cautivar por la gastronomía de la ciudad: el placer de la sorpresa cotidiana.

Tokio es hoy, sin duda, una de las ciudades más atractivas del mundo. Es difícil llegar a la escala respetuosa de la convivencia que exhiben los tokiotas. Me avisan de la hipocresía de la educación japonesa. Por primera vez en mi vida creo que no voy a hacer caso de esa afirmación. Me interesa el sentido disciplinado de la vida cotidiana, el respeto de los ciudadanos. Y la limpieza, de la ciudad, de sus calles y plazas, de los servicios públicos que son excelentes, del cuidado que los tokiotas ponen en todo lo que representa para ellos, y también, para los visitantes, los sentidos del placer. Es igual, el placer de los sentidos, si ustedes, mis lectores, lo quieren.



Hoy me descubrieron en el gran barrio de Shibuya, en una heladería nada secreta, el nevado de yuzu. El yuzu es un espléndido limón, fruto exclusivo del Japón, de color amarillo y esencia fantástica. El nevado se hace con una montaña de hielo frapé echándole por encima una tácita del zumo del yuzu con unos trocitos de la cáscara del limón. Un tesoro para los sentido la primera y la segunda vez que se toma. Después, el sabor es eterno. Un gran postre, tan refrescante y estimulante como una droga sagrada. Con razón, el gobierno japonés tiene prohibida la salida del país de todas sus frutas, en especial el yuzu, una de las más queridas y que no es fácil de encontrar. Sólo en temporada y en determinados lugares, muy especiales.



Si para el mundo occidental, Lima es hoy la ciudad "donde mejor se come", porque la cocina peruana, riquísima en sí misma, permite los vuelos de la imaginación de los cocineros creativos, Tokio es la ciudad del mundo donde más restaurantes, a medida y gusto del ciudadano, visitante o habitante, puede uno encontrar. Con todas las variedades gastronómicas que uno pueda soñar. Un occidental no saldrá de su asombro al probar nuevos y nuevos platos que aceleran el gusto del placer en el paladar y despiertan exquisitos resabios en todo el cuerpo.



Y en el recuerdo quedan los sentidos del placer, o el placer de los sentidos que Tokio ofrece a quienes, privilegiados, hemos podido visitarla una vez por lo menos en la vida. Mi atracción por esta ciudad reside en los sentidos, en el placer de la sorpresa cotidiana, en la gloria de sus gustos. En la vida de todos los días. Un gran privilegio, inolvidable y sensual, toda la ciudad.