Una imagen de Le ParK.
¿Qué es Le ParK? Para empezar una novela extraña, bizarra. En forma y fondo. Ir, lo que es ir, no va de nada, porque tampoco va a ningún lado. Hay una situación, un lugar, pero no hay historia. Los temas se acumulan, unos encima de otros: las masas, los nuevos totalitarismos, el control, el acoso, la ciudad, la neuro-arquitectura, el entretenimiento. Le ParK es un lugar demencial, en sí mismo -dice su creador, Bruce Bégout- "una droga alucinógena". Un parque de atracciones y una cárcel, un campo de exterminio y un gran circo, una tecnópolis y un carnaval perpetuo, un zoológico, una feria y un bosque maravilloso, un kindergaten y una residencia de ancianos. Le ParK, rodeado de agua, es ilimitado. Le ParK no es (exactamente) una distopía, sino la utopía totalitaria de un arquitecto llamado Licht que se anticipa al futuro, y el futuro, dice, es hermoso y terrible. Le ParK, al decir de Bégout, "es un lugar en donde no solo hay entretenimiento del malo para los americanos estúpidos y gordos, sino una mezcla de maravillas y horrores, o un horror dulce, grotesco, una combinación de atracción y repulsión que puede incluir, a la vez, campos de tortura y lugares poéticos y bellos".Leerán, quienes se atrevan, una extrañeza creciente, una especie de horror con levadura que atrapa, turba, alborota: "Yo he intentado crear un lugar que inquiete -explica el escritor-, y que inquiete porque el visitante no sepa si tiene miedo o le gusta, si se siente atraído o repelido por él. Mi trabajo aquí era generar desconcierto, que el lector no supiera exactamente qué ocurría, si se trataba de una broma o de algo real, de un experimento o de una extraña pesadilla".
Los personajes son pocos, pero de lo más estrafalarios. Bégout presenta así a Licht, el señor de Le ParK: "Este personaje es en realidad un arquetipo de la literatura de ciencia ficción. Está obsesionado con un nuevo tipo de arquitectura, y elabora sus teorías a partir de Le ParK". Licht es el misterioso y sofisticado dueño del parque, si bien el dinero que lo hizo posible salió de los bolsillos profundos de un traficante de armas. "La arquitectura -comenta Bégout- es en realidad un tipo de totalitarismo y por eso Licht no solo crea casas y edificios, sino que ejerce un poder total, y en este caso, en el del libro, el arquitecto es como Albert Speer, el arquitecto de Hitler, o, aún más, como Stalin: es un hombre que concibe la arquitectura como un modo de controlar a las masas". Las masas, su crecimiento, su fortaleza creciente, son otro de los motivos de este Le ParK, en donde cada día aterriza un selecto grupo de turistas con el fin de disfrutar, horrorizándose, de las maravillas de la isla. Porque Le ParK, lo había dicho ya, es también una isla, un perfecto ejemplo de incomunicación.
Bruce Bégout. Foto: Siberia.
En un momento dado, los políticos visitan el parque. Lo observan con sumo interés. Son los visitantes más agradecidos: "Algunos -se puede leer- están a punto de confesar el profundo respeto que les inspira". Bégout, que habla de Le ParK como si ya existiese, tiene su teoría: "Le ParK es la solución al control de las masas. El control de las masas a través del entretenimiento: ese es el nuevo totalitarismo. Por eso los políticos ven ahí un laboratorio para ejercer su poder. Ellos saben que no pueden controlar a las masas solo con policía: tienen que crear unas nuevas estructuras, y ahí entra Le ParK".Dice el autor que escribió la novela en apenas tres semanas y que, en realidad (se para, lo piensa), no es ni siquiera una novela: "Yo no quería hacer una novela clásica, y la verdad es que tampoco entiendo por qué hoy se siguen escribiendo novelas al uso, sobre todo después de Proust, de Joyce o de Beckett". ¿No le gusta ninguna novela posterior? "Yo leo novelas, pero lo hago en busca de una frase, una idea, y en absoluto por la historia; eso a mí no me interesa. Por eso en mis libros, y particularmente en este, no hay historias, sino elementos, un contexto, un lugar". Cree el pensador que no se está explicando demasiado bien, así que ejemplifica su argumento: él no quiere ser Stephen King. "Mi madre -dice-, que no es una intelectual ni nada parecido, me dijo, tras leer Le ParK, que podría haber sido una gran novela de Stephen King, pero que no lo era, porque, teniendo sus elementos, le faltaba la historia. Lo que ella no sabía es que yo no quería hacer una novela de Stephen King, sino algo totalmente distinto".
La sinopsis, en efecto, pero solo la sinopsis, nos haría pensar en una novela de terror, algo que en absoluto es. Hay un campo de exterminio, pero no llegamos a oler el humo que sale de las chimeneas, el olor del matadero. A ello contribuye, de algún modo, la forma, pues se trata de una especie de informe deshumanizado, una crónica periodística gris en la que solo a veces, y a modo de juego, se permite el narrador entrar, dándose como una alegría: "En el tono hay cierta influencia de En la colonia penitenciaria, de Kafka. De esa novela me llamó siempre la atención la reacción del condenado cuando le esculpen en el pecho su sentencia, para luego dejarlo morir. Ese tono frío, esa impavidez, tiene mucho que ver con la forma de este libro".
