Por encargo de los herederos de Raymond Chandler, Benjamin Black -seudónimo noir de John Banville- ha resucitado al célebre detective Philip Marlowe en La rubia de ojos negros (Alfaguara). El autor irlandés (Wexford, 1945) ha devuelto al sabueso solitario a las calles de Bay City -trasunto de Santa Mónica, California- para investigar una desaparición que, como suele pasar, esconde una trama mucho más compleja de lo que parece. Nuestro querido detective lo huele desde el minuto uno, pero acepta el caso porque el nuevo Marlowe conserva su conocida atracción por las femmes fatales, igual que conserva intactos su sarcasmo, su negro sentido del humor y su aura de perdedor.



Black / Banville lo ha conseguido con creces: no sólo ha resucitado a Marlowe, sino que ha recreado a la perfección el estilo de su autor original. Eso decía la crítica incluso antes de que el libro se publicara oficialmente ayer en todo el mundo y un día antes en España. Por eso no es raro que durante la entrevista, Banville diga Marlowe cuando quiere decir Chandler y viceversa. Todo es uno.



Pregunta.- ¿Mr. Black o Mr. Banville?

Respuesta.- Como quieras: Banville, Black, Chandler...



P.- ¿Cuál es la historia de este encargo?

R.- Resulta que mi agente es el mismo que el de los herederos de Chandler, y por medio de él me lo propusieron. Así de sencillo.



P.- ¿Por qué han decidido ellos resucitar ahora al detective Philip Marlowe?

R.- Para hacer dinero, supongo.



P.- ¿Se le habría ocurrido a usted revivir el personaje si no hubiera sido un encargo?

R.- No creo, pero si hubiese pensado en revivir un detective de otro autor que no fuera yo, habría sido Marlowe.



P.- ¿Dijo que sí a la primera?

R.- No, me lo propusieron hace tres años y no quise, no recuerdo por qué. Pero el verano pasado me apeteció y me puse a ello. Además, quería darle un descanso a mi personaje el doctor Quirke.



P.- Ya que lo menciona, ¿qué similitudes comparten Quirke y Marlowe?

R.- Ambos son seres solitarios, de cuarenta y tantos años. Quirke es más oscuro, es un personaje más dañado. Marlowe no es tan solitario, pero se siente solo. Intenta ser duro, pero es blando, porque es un anticuado. Por eso me gusta, a mi edad uno no tiene más remedio que ser anticuado.



P.- ¿Qué ha querido aportar al Marlowe de Chandler?

R.- Al principio quise actualizarlo, desarrollar el personaje, pero cuando releí los libros de Chandler, me di cuenta de que eso no tenía sentido. Era perfecto tal como era. Aparte de eso, mi Marlowe no hace tantas bromas de listillo como el original y a lo mejor se me ha colado por ahí algo de acento irlandés...



P.- Y varios guiños a su tierra. La familia de la rubia de ojos negros, Clare Cavendish, procede de Irlanda, y en uno de los capítulos Marlowe visita un bar irlandés, de esos cargados de tópicos.

R.- Sí, lo hice para divertirme. Ahora tenemos bares irlandeses hasta en Irlanda. Como dijo Jean Baudrillard, ya no existe el mundo, sólo su mapa.



P.- Ya se leen críticas que dicen que no sólo ha conseguido revivir a Marlowe, sino la voz del propio Chandler.

R.- Si es así, me siento halagado. Siento una gran admiración por Chandler porque inventó un nuevo género de ficción: la novela negra literaria.



P.- ¿Y cómo hizo Chandler para darle esa nueva altura a la novela negra?

R.- Cuando empecé a escribir el libro, leí cartas de Chandler en las que dejó constancia de sus métodos, sus objetivos y sus ambiciones al escribir novela negra. Cuando empezó a escribir en revistas pulp, lo editores tachaban los párrafos de descripciones, pero él les demostró que estaban equivocados, que los lectores no sólo querían acción, sino también profundidad en los personajes, emociones generadas por los diálogos.



Tópicos y transgresiones

P.- Entonces, ¿no hay reglas irrompibles en el género policiaco?

R.- Bueno, tiene que haber un crimen, pero mi mayor ambición sería escribir una novela negra sin crimen. Además de eso hay un montón de tópicos, como el del héroe con una vida privada difícil. El arquetipo es un detective divorciado interpretado por Al Pacino. Su mujer le hace la vida imposible y cuando saca a su hija a comer pizza, ésta le dice: "Oye, papá ¿cuándo volverás a casa con mamá y conmigo?", y él le responde: "Es complicado, hija, es complicado..."



P.- Dice que, como John Banville, puede escribir unas 200 palabras al día, pero como Benjamin Black, esa cifra llega a 2.000.

R.- Son dos autores y dos tipos de libros muy diferentes. Banville necesita una concentración profunda, se lo cuestiona todo. Black tiene que ser de otra manera, asume riesgos que Banville nunca asumiría. Quizá le den el Nobel a Black antes que a Banville...



P.- Ahora que lo dice, aunque sea con ironía, ¿qué crédito le da a las voces que lo consideran un futuro Nobel?

R.- No puedo hacer ningún comentario al respecto...



P.- ¿Qué otros autores, además de Chandler, inspiran a Benjamin Black?

R.- Simenon, que fue el padre del género. Me gustan especialmente sus romans durs (novelas duras). Son poco conocidas, pero están entre los mejores libros del siglo XX. También leo mucho a Richard Stark y a James M. Cain, dos escritores poco conocidos pero maravillosos.



P.- ¿Y entre las influencias de Black no se cuela alguna de las de Banville?

R.- No, están completamente separados, también en eso. Eso no quita para que un martes a las tres de la tarde, cuando me entra sueño, Banville le ponga una mano en el hombro a Black y le diga: "Esa frase es interesante, vamos a profundizar un poco en esa idea", a lo cual Black se niega. Pero en el fondo, sí que se cuelan un poco cada uno en lo que escribe el otro.



P.- ¿Qué tienen los años 50 que son tan atractivos para la novela negra?

R.- Fue una época extraordinaria. Tras una guerra devastadora a la que sobrevivimos por casualidad -menos mal que Hitler no consiguió la bomba atómica-, de 1945 a 1950 hubo una explosión de alegría de haber sobrevivido. A partir de los 50 todo se volvió más complicado por la Guerra Fría y volvimos al terror. La guerra lo había destrozado todo menos el carácter férreo de las ideologías, ni del catolicismo -dos caras de la misma moneda-. Vivíamos bajo ese yugo, con miedo e infelicidad, pero alegría a pesar de todo. Es una época ideal para la novela negra porque fue un tiempo de secretos. Había dos mundos: el de Doris Day y Rock Hudson en las películas de "teléfono blanco" -como decían los italianos- en las que todo era idílico, y el mundo real, violento, represivo e hipócrita, como siempre.



Un Beethoven por cada Hitler

P.- ¿Cree que ese peso de las ideologías antagónicas se ha diluido hoy?

R.- Ahora estamos en caída libre, es difícil encontrar tierra firme donde posarse. Es una época interesante para vivir. Pero estamos equivocados en una cosa: no va a haber ningún cambio profundo. Sí habrá grandes progresos tecnológicos -como lo han sido la odontología o la cisterna del retrete- y hallaremos una solución para el cambio climático, porque tenemos una gran habilidad para resolver problemas. Somos seres crueles, violentos, mentirosos, hipócritas, y aun así somos capaces de hacer cosas increíbles. Por cada Hitler hay un Beethoven.



P.- ¿Y es una época interesante también para la novela negra?

R.- La ficción no puede tratar la actualidad. A la gente se le olvida que las grandes novelas del siglo XIX eran históricas. Nadie pensaba en escribir sobre su propia época. La nuestra es una época maravillosa sobre la que escribir, pero dentro de 50 años.



P.- ¿Habrá más entregas de este nuevo Marlowe?

R.- No lo sé, quizá... Lo que puedo asegurar es que he disfrutado mucho escribiendo este. Aunque en general, para mí el trabajo es más divertido que la diversión.



P.- ¿A qué se refiere?

R.- A que cuando mi familia me obliga a ir de vacaciones, me pongo nervioso. Nunca sé qué va a pasar cuando me levanto por la mañana.



P.- Aun así, ¿qué lugares le gusta visitar cuando va de vacaciones?

R.- ¡España! Si estuviéramos en Francia, diría: "¡Francia!" Bromas aparte, me encanta venir al Sur. Hace poco estuve en Niza con mi mujer. Cenamos sopa de pescado, calabacín con ricota y vino. Y pensé: a pesar de los problemas que tienen los países del Sur, han solucionado el problema de vivir.



P.- ¿Qué escribe ahora?

R.- Siempre estoy escribiendo como Banville, y en verano escribiré otro libro como Black.



P.- ¿Y de qué va el próximo?

R.- El próximo lo firmaré como John Banville y se llamará La guitarra azul. Va de un pintor que ya no puede pintar más y se mete a ladrón. Pero no para ganar dinero, sino por el subidón que le da robar. También le roba la mujer a su mejor amigo, hasta que alguien le quita la suya y experimenta lo que se siente cuando te roban algo. En fin, otro libro de luz y alegría típico de Banville...