Coincidiendo con la exposición que inaugura en CaixaForum Madrid, Génesis, La Fábrica edita las Memorias de Sebastião Salgado (Minas Gerais, Brasil, 1944). "Al que no le guste esperar no podrá ser fotógrafo". Así empieza este libro escrito con la colaboración de la periodista francesa Isabelle Francq y donde el artista condensa su visión de la fotografía, su trayectoria y su compromiso humanista. A través de 25 breves capítulos acompañados por algunas fotografías, De mi tierra a la Tierra desvela el proceso de creación de sus grandes reportajes y su propia historia, como militante de izquierda en Brasil y exiliado en París, siempre con su compañera de vida, Lélia.



A continuación, adelantamos en exclusiva las primeras páginas.




De mi tierra a la Tierra



1. Para empezar: Génesis



Al que no le guste esperar no podrá ser fotógrafo. Llegué un día a la isla Isabela en las Galápagos, junto a un hermoso volcán llamado Alcedo. Fue en 2004. Había una tortuga gigante. Un ser enorme de al menos 200 kilos, de las que han dado el nombre al archipiélago. Cada vez que me acercaba a ella, la tortuga se alejaba. No avanzaba rápido,pero aun así no podía fotografiarla. Entonces empecé a pensar. Y me dije: cuando fotografío a seres humanos nunca me planto en mitad de un grupo de incógnito, siempre pido a alguien que me introduzca en él. Después, me presento a la gente, me explico, conversamos y, poco apoco, nos conocemos. Entendí que, del mismo modo, la única manera de lograr fotografiar a esta tortuga era conocerla, ponerme a su altura. Así que me convertí en tortuga: me agaché y empecé a andar a sumisma altura, con las palmas de las manos y las rodillas sobre el suelo. En ese momento, la tortuga dejó de huir. Y cuando dejó de caminar, yo hice un movimiento hacia atrás. Ella avanzó hacia mí; yo retrocedí. Esperé unos instantes, después me acerqué, un poco, lentamente. La tortuga dio otro paso hacia mí; enseguida di yo varios pasos hacia atrás. Entonces ella se acercó a mí y me dejó observarla tranquilamente. Pude empezar a fotografiarla. Tardé un día entero en acercarme a esta tortuga. Todo un día para que entendiera que respetaba su territorio.



A lo largo de mi vida he hecho varias historias fotográficas, reportajes que relatan nuestra época y las transformaciones en curso. Para elaborar cada una de ellas necesité varios años. Se suele decir que los fotógrafos son cazadores de imágenes. Es cierto, somos como los cazadores que pasan mucho tiempo acechando a su presa, esperando que quiera salir de su escondite. Con la fotografía es igual: hay que tenerla paciencia de esperar lo que va a ocurrir. Porque va a ocurrir algo, necesariamente. En la mayoría de los casos no disponemos de medios que permitan acelerar los acontecimientos. Por lo tanto, hay que saber disfrutar del placer de la paciencia.



Hasta Génesis solo había fotografiado una especie: la humana. Para este proyecto que he consagrado a la naturaleza intacta, a lo largo delos ocho años durante los que estuve viajando por todo el mundo, tuveque aprender a trabajar con otras especies. Desde el primer día del reportaje, gracias a la tortuga gigante, comprendí que para fotografiar un animal hay que amarlo, disfrutar mirando su belleza, su perfil. Hay que respetarlo, preservar su espacio, su bienestar al acercarme a él, en mi forma de mirarlo y de fotografiarlo. A partir de ahí, trabajé con los demás animales del mismo modo en que lo hago con nosotros, los humanos.



Para empezar esta serie, quise seguir las huellas de Darwin. Pasé tres meses en las islas Galápagos: Darwin también fue allí tras haber dado la vuelta al planeta, y fue allí donde concluyó la teoría de la evolución. Este archipiélago formado por 48 islas y algunas rocas esuna suerte de síntesis del mundo. Hay allí especies, como las tortugas, llegadas del continente suramericano, a unos mil kilómetros de distancia. Acabaron allí tras una deriva por el Pacífico, realizada sobretroncos de árboles que habían sido arrancados de raíz por las lluvias. Solo entre las tortugas existen hasta 11 especies diferentes, cada una presente en una única isla del archipiélago y no en las demás. Han evolucionado de forma diferente de una isla a otra. En algunos lugares las tortugas tienen la espalda completamente plana, quizá porque vivieron bajo presión durante cientos de años. En otros lugares tienenla espalda abombada. He visto algunas con cuellos de 20 centímetros de largo, mientas que el de otras mide hasta un metro, probablemente porque en estas islas relativamente áridas las tortugas, para sobrevivir, se vieron obligadas a comer las hojas de distintas alturas. Y, sin embargo, todas pertenecen a la misma especie.



Como Darwin, yo también vi iguanas. En el continente suramericano son animales terrestres. En las Galápagos, nadan, bucean. En este caso, Darwin había comprendido que la aridez del entorno las había obligado a aprender a nadar. Son, no obstante, animales desangre fría. Si permanecen demasiado tiempo en un entorno de baja temperatura, mueren. Probablemente, por tirarse al mar para beber, muchas murieran al llegar a las Galápagos. Después aprendieron a salir del agua a tiempo y a secarse al sol. Aprendieron a beber agua del mar y desarrollaron una pequeña glándula por encima de la nariz por la que escupen la sal marina. Darwin vio todo esto, y yo, siguiéndolo a él. Llevaba conmigo El viaje del Beagle, y vi lo mismo que él. Estoy convencido de que algunas de las tortugas que observé, las "autoridades", son ejemplares que vio él también, ya que estos animales viven unos 200 años.



Durante este viaje comprendí algo que me fue útil después a lo largo de todo el proyecto Génesis. Descubrí que me habían contado una mentira durante toda la vida, diciéndome que somos la única especie racional. En realidad, todas las especies tienen su propia racionalidad. El problema radica en comprender la racionalidad de las demás especies. Para conocer esto hace falta tiempo. Acabé descubriendo algunas nociones que me resultaron muy valiosas para hacer mis fotos, aunquela gran lección que aprendí fue que el hombre no es la única especie dotada de racionalidad. Por ejemplo, exceptuando las tortugas, en las Galápagos los animales no son asustadizos porque nunca han sido perseguidos por el hombre. Así que no tienen ninguna razón para desconfiar. En cambio, las tortugas no han olvidado que en los siglos XVIII y XIX fueron capturadas por los piratas, los cazadores de ballenas y de focas y los colonos españoles. En su camino hacia el Nuevo Mundo o en el viaje de vuelta, los navíos españoles hacían escala en el archipiélago, donde la tripulación cazaba a las tortugas. Estas pueden estar varios meses sin beber ni comer y así, cargándolas vivas en sus bodegas, los marinos se aseguraban una carga de carne fresca.



Esta es la razón por la que, dos siglos más tarde, sigue resultando tan difícil acercarse a las tortugas. No fue en absoluto casualidad que la tortuga a la que fotografié tardara un día entero en aceptarme. Sus intentos de huida no tenían nada de irracional, al contrario, constituían la prueba de una prudencia más que sensata. Las especies transmiten en sus genes -durante varias generaciones- la advertencia de peligro hacia sus depredadores. Y el único depredador de estas tortugas gigantes es el hombre; los halcones y otras rapaces se llevan y se comen a las tortugas bebés, pero ya de adultas no corren ningún riesgo.



A su manera, los alcatraces comunes también me demostraron que su comportamiento es más racional de lo que creemos: no actúan solo por reflejo. Llegamos un día a la punta Vicente Roca de la isla Isabela, en el momento del apareamiento. ¡Fue increíble! Me quedé dos, tres días, en medio de una colonia observando a las aves. Es la hembra la que elige a su hombre. Los machos se presentan ante ella, uno tras otro, enseñan su cuerpo, abren las alas, bailan. Cuando ella decide seguir a uno de ellos, salen volando juntos, dan una vuelta de 10 o 15 minutos, después aterrizan. Llega otro, se presenta, enseña su cuerpo, la hembra se va volando con él. Y así uno tras otro. Cuatro o cinco machos le hacen la corte, y este cortejo dura un par de horas, tras lo cual la hembra finalmente elige a uno de sus pretendientes. Durante esa estación, ese y ningún otro será su compañero, con el que ella ha decidido concebir a sus crías.



La estación del amor cae en otro momento del año para los albatros. Cuando llegué, los jóvenes tomaban sus primeras clases de vuelo. Son hermosos animales que vuelan bien, pero aterrizan mal, al igual quedespegan con dificultad. Necesitan una pista de despegue, corren, corren, corren... y a veces no consiguen despegar. ¡Es muy gracioso! Pero para mi sorpresa también descubrí que los albatros son fieles: forman una pareja y la mantienen toda la vida. Un día, vi a un macho ejecutar su danza ante una hembra. Giraba, daba vueltas, abría las alas, y entonces empezó ella también a girar. Se tocaron con la punta de las alas, el pico, y después, de repente, el macho se largó. Mi guía me explicó: "Acaba de darse cuenta de que se ha equivocado, ¡no es su novia!". Este es el tipo de escenas a priori increíbles que se pueden ver cuando unose toma su tiempo para observar a los animales. Esto es lo que descubrí cuando arrancaba el proyecto Génesis en las Galápagos, y no dejé decomprobarlo a lo largo de estos reportajes. Que no venga ya nadie a decirme que los animales son bestias sin cerebro y sin lógica.



No he realizado estos reportajes como entomólogo ni como periodista. Los he hecho para mí. Para descubrir el planeta. Y he disfrutado enormemente con ellos. He comprendido que el paisaje está vivo. Con sus minerales, sus vegetales y sus animales, nuestro planeta está vivo a todos los niveles. He tomado conciencia de que esto exige pornuestra parte un inmenso respeto. La idea de acometer Génesis nació a raíz de un proyecto medio ambiental que montamos en Brasil, con Lélia Deluiz Wanick Salgado, mi mujer, mi compañera y mi socia en todo lo que hago en mi vida. Lo bautizamos Instituto Terra. Decidimos reforestar una parte de la mata atlántica, la selva atlántica, que empezó a ser destruida con la llegada de los portugueses, en el año 1500. Ahora bien, durante las últimas décadas, con la modernización del país, la deforestación se ha acelerado drásticamente por la agricultura, la urbanización y, finalmente, la industrialización. En la actualidad, solo queda 7% de la superficie inicial. Hemos iniciado una restauración ecosistémica en la tierra de mi infancia. Una tierra que mis padres nos entregaron en la década de 1990. Hemos iniciado la recuperación de este territorio que la deforestación había convertido en feo y pobre, aunque yo siempre había tenido la sensación de haber crecido en el paraíso.