Pere Gimferrer. Foto: Santi Cogolludo.



El poeta barcelonés reivindica el amor y la palabra en 'Alma Venus', un libro en el que aúna sus clásicas referencias culturalistas con otras de corte social: sobre la crisis económica, el desmoronamiento de Europa, la corrupción...




Dice Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) que ya en los años 70 en sus versos se colaba el Che Guevara y la guerra de Vietnam. Lo cuenta para aclarar que su poesía ha estado abierta desde hace décadas a las convulsiones sociales del momento. Pero esa mirada al exterior, a lo que está cayendo ahí afuera, resulta especialmente deliberada en su último libro, Alma Venus (Seix Barral), por el que se filtra una retahíla de asuntos candentes de la actualidad: los dilemas de Europa y su cada vez más desleída presencia en el orden internacional, los bombardeos que troquelaron el suelo libio, la corrupción de casos tan sonados como el del Palma Arena (con un "alfeñique de pupila azul" como cerebro), el desastre económico y el "roberío" que lo ha propiciado... "Es verdad que ahora estas referencias están más acentuadas", reconoce el poeta barcelonés a El Cultural en conversación telefónica.



En Alma Venus mantiene el pulso febril de Rapsodia, poema unitario de más de 500 versos publicado en 2011 y que escribió casi del tirón, durante seis días en que apenas dejó de llover en Barcelona. Aquí se desata de nuevo en un turbión de imágenes. Esta escritura en arrebato del último Gimferrer tiene un desencadenante concreto: el reencuentro con Cuca Cominges ("ella es mi Alma Venus"), amor de juventud junto con el que ahora hace camino y al que dedica el poemario. "Sí, hay una relación directa. Aunque creo que esa manera de escribir, en cascada, es algo que estaba latente en mí y ahora ha estallado".



El libro es un poema unitario que se presenta dividido en dos partes. La primera, de igual título que el volumen, fue escrita entre diciembre de 2011 y febrero de 2012. La segunda, La memoria en paz con los sentidos (un verso de Villamediana), entre julio y agosto de 2012. La extensión conjunta de ambas triplica la de Rapsodia. "Había días que empezaba a escribir a las seis de la mañana. Sólo yo sé lo que me ha costado". Gimferrer no quiere malentendidos: alumbrar imágenes a velocidad de vértigo es una actividad fatigosa. La inspiración tiene su envés: la transpiración (que diría Einstein). En lo que sí ahorra tiempo es en la labor de pulimentación posterior: "Cada vez corrijo menos lo que escribo en fase de redacción".



En Alma Venus hay un poema que resulta crucial para entender la bipolaridad que tensa todo el libro. En él hermana, sí, a Juan Ramón Jiménez y Pier Paolo Pasolini: "Restañanado a la vez las dos heridas / -ausencia en Coral Gables, muerte en Ostia-/ de a mar a mar la vida iguala al mito, / y es el poema el mayor mito: túnica / inconsútil del aire de los sueños". "Son dos figuras muy dispares. El primero era muy ensimismado, como poeta, no como persona. El segundo muy atento a la calle, a los problemas de las gentes y de su entorno. Pasolini cita a Juan Ramón en su novela Amado mío, en concreto un verso del Poema de la calle de los marineros: La blusa azul, y la Virgen / milagrera sobre el pecho!". Gimferrer, en Alma Venus, es ambos a la vez.



Y muchos más. Muchos poetas, muchos pintores, muchos ensayistas, muchos cineastas... Dante (siempre Dante, "insuperable"), Walt Whitman, Garcilaso, Noam Chomsky, Antonio Negri, Paul Bowles, Fritz Lang, Watteu... No lo puede evitar: respira cultura por los cuatro costados. Sin embargo, está empeñado en que el lector no se pierda en ese laberinto de infinitas conexiones cruzadas. "Cada poema, cada una de las partes que lo componen, cada verso debe tener entidad propia, defenderse por sí sólo como un hecho sonoro, fonético y visual independiente. Se deben sostener por sí solos, al margen del sustrato de referencias que en muchos casos están ocultas y ni siquiera hace falta que se conozcan para verte atrapado en la lectura".



Ese es el objetivo: "Si no funcionan por su cuenta, entonces he fracasado". El autor de Arde el mar cita a Las meninas como máximo ejemplo de lo que quiere conseguir. "El cuadro te absorbe aunque no tengas ni idea de quienes son los personajes, ni sus relaciones. No importa su entidad, que estemos ante la familia de Felipe IV y todos esos detalles historiográficos.".



De hecho, Gimferrer proclama en Alma Venus: "Ningún poema es argumental". "El argumento tiene poco que ver con la esencia de las obras de arte. La peripecia es irrelevante. Esta perspectiva es válida hasta para novelas como Rojo y negro, Crimen y castigo...". Aunque el libro tiene vocación de reportaje, en el escrutinio que hace de la realidad impresa en los titulares de periódicos, también incorpora (como siempre en Gimferrer) numerosas reflexiones metapoéticas de este tipo: sobre los límites de la poesía, la posibilidad de vivir en el interior de poemas, su impacto en el curso de los acontecimientos, el riesgo incurrir en el manierismo y la palabrería...



Y su carácter de refugio cuando todo alrededor se derrumba y se degrada. "La poesía y el amor creo que no pueden hacer mucho en el terreno económico. Pero sí en el plano moral. Tienen una profunda potencia subversiva, indispensable para salvaguardar la libertad individual y la expresión personal". Porque, al fin y al cabo, "Para esto vivimos tantos días: / para morirnos por querer amar".