Traducido del alemán por Carmen Gauger

La escritora alemana Christa Wolf, una de las voces más relevantes de la literatura de su país en la segunda mitad del siglo XX, ha fallecido este jueves los 82 años en Berlín. Su última novela, publicada el año pasado y que Alianza editará en español el próximo mes de enero, fue Stadt der Engel oder The Overcoat of Dr. Freud (Ciudad de los ángeles o el abrigo del Dr. Freud) en la que seguía las huellas de los intelectuales alemanes que se vieron forzados a exiliarse en Estados Unidos ante la persecución nazi. El punto de partida del libro fueron una serie de anotaciones que Wolf hizo durante una visita a California a comienzos de los años 90 y en las que las observaciones sobre el exilio alemán se mezclaban con reflexiones autobiográficas. Aquella reflexión coincidió con una crisis existencial originada por la polémica acerca del papel que había desempeñado durante el régimen de la extinta República Democrática Alemana (RDA), razón por la que se marchó a Estados Unidos en busca de tranquilidad para trabajar. A continuación, adelantamos en exclusiva unas páginas de esta novela que verá la luz a comienzos de año.



Sally dijo: It is hopeless, eso era lo primero y fundamental que había que saber. No hay esperanza, you know, hay sólo la obligación de seguir adelante, de ir hasta el fondo de ti. Es lo único que podemos hacer.



Eso lo sé a veces, dije, y lo olvido de nuevo.

Ella lo olvidaba cada día, dijo.



Sally era mi conejillo de Indias. En ella yo ensayaba cómo me sentía cuando yo pronunciaba en voz alta palabras impronunciables; bajo la protección del idioma ajeno y del océano ajeno me veía allí de pie, apoyada en el tronco de un eucalipto, explicándole las diferentes clases de expedientes, the bad files and the good files, ella tuvo que reírse: ¡Oh, estos alemanes!



No, dije, no te rías, no es para reírse. Sally es judía, ella me comprenderá, pensé ilógicamente. Escucha, dije, ¿no puedes imaginarte lo que ocurre en ti cuando de un expediente de ésos te saltan dos letras que en ese segundo son como la sentencia de un tribunal, una sentencia de muerte moral. IM: sabes tú siquiera lo que eso significa.



No, dijo Sally con despreocupación, I have no idea.

¡Feliz América! Stasi, sí, eso ella lo había oído. Eso lo conocía todo el mundo.

"Informeller Mitarbeiter", ¿cómo diría yo eso en inglés?

O I see. Some kind of agent? Or spy?



O Sally, no hagas que me desespere, por qué no sabía ella ni palabra de alemán, claro, todo se tornaba aún más directo y más crudo y más repugnante en el idioma extranjero, en el cual desaparecían los matices porque yo, simplemente, no disponía de ellos. Pero cuáles serían esos matices.



I'll tell you what happened, okay?



Pero justamente eso no era tan fácil. Así pues: en mis recuerdos, que yo había sacado laboriosamente a la superficie, un día llegaron dos chicos jóvenes a tu despacho de la redacción de la revista en la que trabajabas, y querían que les dieras una información sin importancia relativa a ese trabajo. En el expediente pone que te abordaron en la calle. De eso no me acuerdo. Se presentaron como lo que eran: empleados del Ministerio de la Seguridad del Estado.



When?, preguntó Sally.



En 1959.



O my goodness. But then you were another person!



Deja eso, Sally. No se trata ahora de eso. Se trata de la memoria, se trata de recordar: mi tema desde hace tiempo, comprendes. Y eso, yo lo había olvidado. Caí en la cuenta de que te viste con esos dos hombres, que dijeron llamarse Hinz y Kurt -o algo parecido-, otras dos veces, una vez, recordaba ahora, seguramente en las proximidades de la boca de metro de Thälmannplatz, ya no sé de lo que hablasteis, dije a Sally, fueron encuentros breves y, en mi recuerdo, sin importancia, sobre los que, por cierto, yo hablaba en casa, eso se lo anuncié a ellos desde el primer momento. Agradables no eran para ti, eso lo recuerdo, pero se sabía que esa gente buscaba casi a cada persona que tuviera algún cargo, al fin y al cabo ése era su trabajo, y la cosa no te suponía un agobio. Por lo demás te desembarazaste muy pronto de ellos. Y cuando después del "cambio" empezó en Alemania, en los archivos, la caza de "Informelle Mitarbeiter", no se me pasó ni un instante por la cabeza que eso pudiera concernirme a mí. Yo me sentía completamente libre de culpa, comprendes, Sally.



O yes, I understand, dijo. Igual de segura había estado ella de que jamás encontraría en el bolsillo de la chaqueta de Ron una carta de su amante. No es que ella quisiera compararlo, era por lo de nuestras seguridades engañosas.



IM ponía allí, yo no quería creerlo. El cuerpo lo creyó al momento, el corazón empezó a martillear, estaba bañada en sudor, aviso de catástrofe, reflejos de huida, me habría gustado correr hasta el fin del mundo. ¿Es Santa Mónica el fin del mundo?



O yes, dijo Sally. Visto así, lo es.



Pero no sirve de nada. Marcharse no sirve de nada, antigua sabiduría popular. Entregarse tampoco sirve. Yo ya no sé lo primero que pensé cuando se deshizo el bloqueo mental. Lo primero que sentí, sin palabras, recuerdo, fue, traducido en palabras: esto no puedes decírselo ahora a nadie. No tenía la menor duda de que tenía que guardar silencio, por lo pronto, como tampoco dudaba de que eso era equivocado y, a la larga, inútil, y para explicarte eso, Sally, tendrías que haber vivido el ambiente que se respiraba entonces en nuestro país. El primer empellón de la caza de brujas ya lo habías dejado atrás: uno de tus textos que describe un día de tu vida bajo vigilancia había dado motivo para suponer en ti una arrogancia en la que tú no habrías pensado ni en sueños. Yo no habría soportado ahora otro empellón, Sally. Una vez más tenía que elegir entre dos situaciones insostenibles y elegí la que de momento, aparentemente, me hería menos.



Así lo hacemos todos, dijo Sally, y suspiró. Pero es que estabas obligada a hablar de ello, preguntó.



Eso exactamente es lo que yo me pregunté, dije, cuando pude de nuevo hacerme preguntas, y mi respuesta fue: No. No, me dije, no estaba obligada a hablar de eso. Además, tenía miedo.



Eso aquí no debes dejar que se te note, dijo Sally. Si sospechan que alguien tiene miedo, se abalanzan sobre él. Como animales salvajes, te digo.