La fortaleza musulmana de Alcalá la Vieja sigue liberándose de la capa de olvido que la ha sepultado durante cientos de años. Una nueva intervención arqueológica en el castillo, erigido en el siglo IX y que se integraba en el sistema defensivo de la Marca Media, ha desvelado nuevos datos sobre las reformas emprendidas por los cristianos tras la recuperación de la plaza en 1118. La excavación de una torre albarrana mudéjar ha confirmado que hasta el siglo XIV, cuando el arzobispo Pedro Tenorio ordenó la reconstrucción de las murallas y las atalayas abatidas, hubo al menos tres fases constructivas que demuestran una gran actividad militar de carácter protector.

La nueva campaña de investigación, dirigida por los arqueólogos Miguel Ángel López Marcos y Luis López González y promovida por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid dentro del Plan de Yacimientos Visitables en colaboración con el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, se ha centrado en la excavación y consolidación de las torres 6 y 9. La primera de ellas ya fue prospectada en parte el año pasado y se pudo documentar su forma de tendencia semicircular, rompiendo el trazado cuadrangular del resto de bastiones de origen musulmán.

El estudio del otro baluarte, también de época cristiana, ha arrojado ahora la principal sorpresa debido a sus distintas fases constructivas. En un primer momento, la torre apenas alcanzaba los 13 metros de altura y estaba rematada por bardas y merlones. Más tarde, para ganar visibilidad y capacidad de maniobra, se levantó otros tres metros, dejando una posición cubierta rematada por un nuevo forjado de merlones y almenas. La tercera intervención se hizo para fortalecer la estructura mediante de unas arquerías macizas de refuerzo interior sobre pretiles defensivos que otorgaban mayor solidez. Esta atalaya se convirtió así en la posición adelantada protagonista del castillo.

Torre número 6, derribada con explosivos en el siglo XIX. Los sillares de la base se han reintegrado. Miguel Ángel López Marcos

Según la leyenda, la fortaleza, bautizada en época andalusí con el nombre de Qal'at 'Abd as-Salam, fue tomada en 1118 gracias a un milagro. Tras el discurso de Bernardo de Sedirac, arzobispo de Toledo, para alentar a sus caballeros, una cruz brillante emergió en el cerro Veracruz provocando el pánico entre los defensores almorávides. Algunos, incluso, se precipitaron al vacío desde lo más alto de los muros. Pero en realidad, se registraron fuertes enfrentamientos entre ambos ejércitos, con los atacantes lanzando numerosos proyectiles con sus catapultas y trabucos.

"La reconstrucción realizada por el arzobispo Pedro Tenorio a mediados del siglo XIV siempre se consideró una actuación de dignificación del castillo, pero enfocada a un progresivo abandono que se culmina en el siglo XVI, cuando ya no tiene sentido en época de paz acceder a un emplazamiento elevado de acceso complicado y sin agua", explica López Marcos. El devenir natural del asentamiento, como así fue, consistía en ocupar el llano que ha llegado hasta la actualidad como la actual Alcalá de Henares.

[El cuenco hallado en Guadalajara que desvela una imagen desconocida del califa de Córdoba]

Sin embargo, los trabajos de reconstrucción debieron de ser continuos como así lo atestiguan las diferentes fases identificadas en la torre albarrana. "Se certifican muchos cambios en unas estructuras que se consideraban ya prácticamente amortizadas", añade el arqueólogo y restaurador. "El hecho de aumentar la altura en una segunda fase y luego reforzarla con arquerías interiores en una tercera demuestra que la actividad fue incesante y muy cambiante, aun llena de incertidumbres, en un asentamiento que debería tener en principio las intervenciones justas para culminar esa transición".

Reconstrucción de la torre albarrana en su última fase. Miguel Ángel López Marcos

Esta última campaña tenía el objetivo de realizar una excavación perimetral para determinar las circunstancias del expolio y el derribo sufrido por la fortaleza en 1838 con cargas de pólvora para extraer sillares de piedra. La finalidad de la demolición de torres como la número 6, una estructura que también alcanzó los 13,05 metros de altura y estaba rematada con merlones de ladrillo, fue la extracción de material constructivo para edificar la casa del barquero del Henares. La base conservaba las huellas de los sillares de granito saqueados, de los cuales 24 han sido reintegrados.

Los trabajos, iniciados ya hace varios años y que podrían ser ampliados con alguna intervención en torno a la zona del aljibe, han estado enfocados en la musealización de los vestigios de la fortaleza de Alcalá la Vieja. "En esas campañas que en principio eran sólo de conservación se han sucedido los descubrimientos y sorpresas que demuestran que es un yacimiento aún por explorar", asegura López Marcos. El castillo, junto a los cerros cercanos de Malvecino y Ecce Homo, se encuentra a un paso de ser declarado Bien de Interés Cultural.