Pedro Casablanc, todo cinismo y humor en Yo, Feuerbach. Foto: Martí E. Berenguer

El dramaturgo alemán Tankred Dorst (Sonneberg, 1925) puso el dedo en la llaga sobre muchos de los problemas contemporáneos en 1991 con Yo, Feuerbach. Cinismo, humor, energía y delicadeza se mezclan en este texto capaz de conmover al poner en primer plano a todas aquellas personas que, intentándolo, no consiguen ser protagonistas en la sociedad. Para ello, Dorst convierte en metáfora de la existencia humana la historia de un actor envejecido que, a pesar de su incuestionable talento, se ve obligado a luchar por tener una segunda oportunidad. Nos coloca así ante las crisis sociales y personales que nos obligan de una manera o de otra a reinventarnos. "Plantea cuestiones acerca de la identidad personal, dibujando a un actor que necesita un director para que le proporcione las notas que le guíen en sus decisiones -explica a El Cultural Jordi Casanovas, autor de la adaptación del texto que estará en La Abadía a partir del 6 de octubre-. Se repite las preguntas que nos hacemos desde que sabemos que no hay un alguien superior dispuesto a responderlas por nosotros. La crisis de identidad, la patología del personaje es demasiado común en nuestros días. Por eso es una buena alegoría del ser humano contemporáneo".



Protagonizada por Pedro Casablanc, que, según Casanova, da "un recital extremo de color y matices", la obra está dirigida por Antonio Simón (Hospitalet de Llobregat, 1962), que ve cumplido así el sueño de subirla al escenario tras muchos años de intentarlo. Para Simón, no sólo es un texto que habla de la creación, del arte del actor y de la representación: "También habla de la vida, del aprendizaje, del amor, de la gratitud, de la misericordia, de la empatía, de la fragilidad, de la diferencia..." A través de este cruce de emociones, Yo, Feuerbach avanzará hacia un final de gran tensión que obligará al público a tomar partido.



Porque asistir en directo al desencuentro de alguien con experiencia y reconocimiento que, tras siete años de ausencia, viene a solicitar trabajo y a comprobar que su juez ha de ser un joven inexperto, provoca preguntas en torno a cómo funciona nuestra sociedad. "Aparte del evidente conflicto generacional, la obra nos muestra lo difícil que es volver a tener una nueva oportunidad en una sociedad que valora el éxito y la imagen por encima de cualquier otra cosa".



Casablanc estará acompañado en el escenario por Samuel Viyuela en una puesta en escena minimalista que firma Eduardo Moreno y que cuenta también con la voz en off de Nuria García. La obra, que se estrenó en el Teatre Lliure de Barcelona en julio durante el festival Grec, muestra a dos personajes que se ven separados por una importante diferencia de edad, que colisionan y que muestran, con tensión y humor, la pesadilla del actor que envejece con problemas. Según Casanovas, la sociedad actual es cruel con el diferente porque la diferencia nos provoca miedo: "Con miedo actuamos de forma dura. No deberíamos tener miedo de conocer todas las particularidades del ser humano. Seguramente, nos convertiríamos así en mejores personas y construiríamos una sociedad mejor".