El Teatro Real sigue gozando de este 2021. Parece mentira que se pueda disfrutar en el azotado mundo de la ópera en esta época pandémica pero en el coliseo madrileño lo están haciendo como nunca. Tras el espaldarazo del Opera Award a la mejor compañía de ópera del mundo, ahora está cerrando una temporada gloriosa, por las dificultades que ha entrañado y por los éxitos cosechados a pesar de todo, levantando montajes colosales como el Sigfrido de de Wagner (dirigido por Robert Carsen) y el Peter Grimes de Britten (Deborah Warner). Dos logros logísticos y artísticos. El punto y final le ha correspondido a un título canónico del repertorio: Tosca de Puccini, en una humanísima producción ideada por Paco Azorín y gobernada desde el foso por el maestro Nicola Luisotti.

Pero es en el elenco vocal donde se están llevando la mayor parte de los parabienes. Sobre todo la soprano Sondra Radvanovski, con su admirable timbre de lírica-spinto, tan rico y sonoro. Ayer el público le demandó el quinto bis de sus actuaciones madrileñas en la piel de la atribulada Tosca. Hace unos días conseguía la gesta de cantar el primero, el día del estreno, algo inédito hasta la fecha. El aria que le está procurando las mieles triunfales es Vissi d’arte, en la que atribulada Tosca lamenta la suerte de su amante, el revolucionario Mario Cavaradossi, en manos del cruel Barón Scarpia.

Pero a este encuentro apasionado con el público capitalino de Radvanovski se sumó ayer el tenor alemán Jonas Kaufmann, un turbión de carisma, muy musical y muy artista en cada una de sus funciones. El respetable, tras la gesta de su compañera en las tablas, le pidió a él que bisara ese hito lírico que es E lucevan le stelle, aria situada en el tercer acto (el último). Cavaradossi, encerrado en el Castello de Sant’Angelo por su actividad subversiva, evoca los bellos momentos vividos junto a Tosca. Un hecho así, dos bises de dos cantantes en una misma velada, no tenía precedentes en el Teatro Real, donde las propinas, que tardaron en llegar tras su reapertura en 1997, se vienen escanciando con mayor frecuencia en las últimas temporadas.

El que abrió la caja de los truenos aclamatorios fue el ya legendario Leo Nucci, que, junto a Patricia Ciofi, repitió el dúo de Rigoletto Sí, vendetta, tremenda vendetta. Luego llegaría la eclosión de Javier Camarena, en 2014, que puso del revés el Real con nueve do de pecho de Ah, mes amis, quel jour de fête! La hija del regimiento de Donizetti. En 2015, Leo Nucci volvió por sus fuero en Rigoletto y en el aria ya citada (esa vez con Olga Peretyavko) como partenaire). En 2018 fueron seis solistas (incluyendo a Camarena y Lisette Oropesa) los que ofrecieron un encore del sexteto de Lucia di Lamermoor. Ambos, Camarena y Oropesa, volverían a brillar por separado: el primero Una furtiva lagrima de L’elisire d’amore (2019) y la segunda con Addio del passato de La traviata.

@alberojeda77