De nuevo Tosca visita el Teatro Real, esta vez nada menos que con 16 funciones y repartos diferentes. Con grandes nombres en el cartellone que deberán afrontar las indudables dificultades que plantea la interpretación de este clásico del verismo más auténtico, bien que matizado por la mano diestra y hasta cierto punto suavizadora de Puccini, que fue capaz de conseguir que lo truculento no impidiera el brillo de un lirismo poderoso, y hasta delicado, una vena melódica muy eficaz y una labor orquestal y vocal no exenta de originalidad.

No hay duda de que en la obra se emplean determinadas fórmulas heredadas de Verdi por lo que respecta, por ejemplo, a la concatenación de escenas y a la imbricación de cada una de ellas en el acontecer dramático musical. Por otra parte, el rompimiento de estructuras cerradas, tradicionales, que venían en algún caso del Barroco, fue uno de los caballos de batalla del movimiento verista. Tosca realmente supuso un paso adelante: las arias desaparecen casi por completo e incluso las tres que así pueden denominarse —Recondita armonia, Vissi d’arte y E lucevan le stelle— se integran en el fluir melódico general; además, se establece una bien amalgamada combinación de recitativo, arioso y parlato en un discurso que no cesa y que posee sus puntos fuertes, sus clímax, sus áreas de tensión y de relajación.

Hemos de prepararnos para escuchar en esta ocasión a alguna de las voces más privilegiadas de estos días, con lo que el Real se apunta un buen tanto. Veamos en primer lugar las tres sopranos anunciadas. La primera, Sondra Radvanovski, ya cantó en el teatro madrileño el personaje femenino central. Será un placer volver a admirar su timbre de lírico-spinto tan rico, tan sonoro, de tan bellos y homogéneos reflejos en una parte que le va como anillo al dedo y que, en contra de lo que decía el propio Puccini, no requiere una voz realmente dramática.

No lo es tampoco la de Anna Netrebko, una de las grandes luminarias de hoy y que solo canta dos días, el 21 y el 24 de julio. Es una soprano ampliamente lírica, rozando lo spinto, que exhibe un timbre dotado de cierta penumbrosidad, de radiante belleza, de esplendorosas irisaciones, de una magistral redondez. La tercera en discordia es Maria Agresta, de menores quilates vocales, de un lirismo penetrante y acerado. Son buenas actrices y vestirán con propiedad las galas de un personaje en realidad dubitativo y apasionado, celoso y de carácter variable.

Tenemos a su lado no a tres sino a cuatro Cavaradossis: el lírico y caluroso, de timbre tan coloreado, Joseph Calleja, el irregular y esforzado Michael Fabiano, el cumplidor y de timbre tan poco grato Yusif Eyvazof (esposo de Netrebko, que lo impone allá donde va) y el siempre deseado Jonas Kaufmann, musical, oscuro, artista… y engolado.

Tres son en este caso los Scarpia. El más interesante es, qué duda cabe, Carlos Álvarez, rotundo, amplio, seguro, a la espera de que pueda otorgar las sutilezas necesarias al malévolo jefe de policía. No sabemos si las sabrá desplegar el ucraniano Gevorg

Hakobyan
, de instrumento fornido y grave. Luca Salsi, de cariz más ligero, es un buen profesional.

En el foso Nicola Luisotti es una garantía de buen hacer, de respeto al estilo, de complicidad con las voces. Batuta segura y comunicativa, que dará forma musical a este drama que viene de la mano escénica de Paco Azorín, un hombre de teatro lleno de recursos, que monta el espectáculo sobre un decorado único que ofrece tres caras distintas acoplables a cada uno de los tres cuadros.

Se trata de un gigantesco retablo que, puesto de frente, con sus huecos para la proyección de imágenes de diversas vírgenes, alberga el primer acto. Dado la vuelta, es decir, por su lado convexo, se transforma en un improbable despacho de Scarpia, alejado de cualquier referencia, sin lugares hábiles para situar los enseres. Hay que reconocer que la transición al tercer acto está hecha

con habilidad, durante la música del amanecer. Por su rugosa y desequilibrante superficie ha de moverse trabajosamente

Cavaradossi. Feo e inadecuado. Producción del Liceo de Barcelona y del Maestranza de Sevilla.