Anna Netrebko, la gran diva de la ópera rusa, ha decidido suspender sus apariciones en los escenarios y dejar de cantar por un tiempo indeterminado. “Creo que no es momento para música y actuar. Por lo tanto, he decidido dar un paso atrás en mis actuaciones por el momento. Es una decisión extremadamente difícil para mí, pero sé que mi público lo entenderá y respetará esta decisión”, ha dicho.

Es un desenlace que se venía prefigurando. Ayer mismo ya anunció sin dar explicaciones concretas que se descabalgaba por -en principio- iniciativa propia del cartellone de la Scala. Ante los rumores que esa decisión disparó, ella misma aclaró que no se debía a problemas de salud, por lo que no cabe otra opción que imputar su determinación al conflicto en Ucrania. Hoy mismo se ha sabido que otro de los grandes artistas rusos afines a Putin, el maestro Valery Gergiev, ha sido apartado por el templo scaligero de sus responsabilidades como director musical de La dama de picas, la ópera de Chaikovski que se estaba representando estos días en la capital lombarda.

A Gergiev se le había pedido que condenara la intervención de las tropas de su país en Ucrania pero dio la callada por respuesta, lo que supuso su defenestración en Milán. Netrebko sí había dicho expresamente que rechazaba la apuesta bélica del máximo mandatario ruso. Lo hizo público en redes sociales, en un tono que muestra a las claras el desgarro que le produce la situación actual: “Me he tomado un tiempo para reflexionar, porque la situación es demasiado grave como para comentarla sin pensarlo. Antes que nada: me opongo a esta guerra. Soy rusa y amo a mi país, pero tengo muchos amigos en Ucrania y el dolor y sufrimiento en este momento me rompen el corazón. Deseo que esta guerra termine y que la gente pueda vivir en paz. Sin embargo, quiero agregar una cosa: obligar a los artistas y a cualquier figura pública a expresar públicamente sus opiniones políticas y condenar a su patria es inaceptable. Esto debería ser una elección libre. Como muchos de mis colegas, no soy una persona política. No soy experta en política. Soy un artista y mi propósito es unir a las personas por encima de divisiones políticas”.

Al final, Netrebko, casada el tenor de Azerbaiyán Yusif Eyvazov, parece que ha quedado atrapada en un avispero de presiones y ha preferido ‘esconderse’ por un tiempo. Su estatura artística, diva entre divas del universo operístico, la coloca en una posición de demasiado prominente en la que recibir golpes de todo tipo. En esa tesitura, salir a la palestra a ofrecer sus extraordinarios recursos vocales (descubiertos y proyectados en los orígenes de su trayectoria por el propio Gergiev) resulta demasiado difícil, más en su caso por la relación personal de complicidad con Putin.



De hecho, la Ópera de Zúrich ha comunicado hoy mismo que no la quería en sus tablas en la piel de Lady Macbeth. “Visto que no es posible obtener un mayor distanciamiento de la soprano respecto del régimen de Vladimir Putin, entendemos que no compatible mantener su presencia en nuestra programación”. Es la desgracia a la que muchos artistas se enfrentan tras el brutal zarpazo sobre Ucrania lanzado por el líder ultranacionalista que rige con mano de hierro los designios de Rusia. Todos encaran la contingencia de ver sus contratos cancelados y sus carreras sumidas en un limbo por un periodo incierto. Netrebko tiene una posición ventajosa por su la sucesión de éxitos acumuladas pero los de perfil más bajo están abocados a la carestía y el estancamiento.

En ámbitos como la danza, la música clásica y la ópera, donde tradicionalmente existe una fastuosa tradición rusa, el problema resulta particularmente dramático. Una pena, sin duda, no poder ver a esta magnífica cantante emitiendo sus firmes agudos y sus gorjeos belcantistas en los templos del orbe lírico (el 3 abril tenía previsto una actuación en el Liceo de Barcelona) pero es que Putin, su presidente, no solo ha cambiado el escenario de la geoestrategia internacional sino también el de las artes escénicas.