Es fascinante, sin duda, la personalidad de Marina Abramovic, que va a ser gran protagonista, los días 24, 26, 28, 29 y 30 de enero, en el Gran Teatro del Liceu, con su espectáculo Balkan Erotic Epic, especialmente representativo de los modos y maneras de la artista, figura eminente y relevante de la performance internacional.
Una especialidad que en todos los ámbitos de lo representativo debe ser observada y tratada con cuidado, teniendo en cuenta lo cerca que se sitúa a veces de lo que se podría considerar superchería y que se mece con frecuencia muy cerca de lo que para algunos podría estimarse como vacuo o gratuito. Va en gustos y apreciaciones.
En Madrid pudimos conocer en la época en la que Mortier era el director artístico del Teatro Real una de sus reconocidas producciones, Vida y muerte de Marina Abramovic.
En ella daba un repaso a su vida, la de eso que se llama "artista de culto", concepto que con mucha frecuencia encierra vacuidades, rarezas, excentricidades o pretendidas originalidades. Aunque siempre hay un pulso narrativo preñado de saltos en el tiempo, de agitadas y contrastadas imágenes.
En este tipo de performances se establece una sucesión de eventos, numerosas elipsis y se constituye con frecuencia una acumulación de secuencias, aisladas las unas de las otras.
Esta nueva producción se presenta por primera vez en un teatro y es, como comunica el Liceu, una de las creaciones más ambiciosas de Abramovic.
"En ella se alternan la performance y la danza combinadas con la experiencia escénica y sensorial de la artista, que fusiona mitos ancestrales de los Balcanes, tradiciones folclóricas y erotismo para construir una obra de gran intensidad visual y simbólica", transmiten desde el Liceu.
Su estreno mundial tuvo lugar el pasado mes de octubre en Manchester y llega al Liceu en un formato especialmente adaptado al espacio teatral para esta ocasión.
Más de 70 intérpretes, entre bailarines, músicos y cantantes invitan al público a trazar su propio recorrido, con acciones simultáneas que conectan los cuerpos a través de la danza, el canto y el ritual.
Will Bird, Georgina MacDonell Finlayson, Maria Stamenković Herranz (MSH), Aleksandar Timoktić, Blenard Azizaj, Maxim Kemp, Emilio Yáñez Ruiz, Valerie Barr y James Seabrook en 'Balkan Erotic Epic'. Foto: Marco Anelli
Todo ello a lo largo de, al menos, 3 horas y media, duración que puede variar y que permite la entrada y salida del público de la sala en cualquier momento de la función. Lo que nos trae a la memoria la célebre ópera Einstein en la playa, una de las obras más representativas de Philip Glass.
Ello permite apreciar uno de los aspectos más impactantes de Balkan Erotic Epic: su capacidad para integrar el aspecto físico y psicológico en una narrativa visual.
Se destaca que el erotismo no se representa simplemente de manera superficial, sino que se convierte en un lenguaje que transmite tanto la belleza como la violencia de las relaciones humanas.
"La obra explora cómo el deseo, la pasión y el poder se entrelazan de manera compleja, desafiando las convenciones de género y sexualidad, al tiempo que permite al público enfrentarse a sus propios prejuicios y expectativas sobre estos temas".
Margherita Mattia en 'Balkan Erotic Epic'. Foto: Marco Anelli
Es conveniente e ilustrativo atender a lo que la propia Abramovic declara sobre su creación: "Nací en los Balcanes. Cuando era niña, estuve expuesta a muchos rituales espirituales en casa de mi abuela que me marcaron profundamente y aún siguen dando forma a la manera en que veo el mundo hoy. Hace tiempo que tengo interés por investigar las creencias antiguas y paganas, los cuentos populares y los ritos arraigados en las mitologías de esta región de Rumanía, Bulgaria, Grecia, Albania, Serbia, Macedonia, Bosnia, Kosovo y Montenegro, junto con las culturas gitanas y viajeras. Me gustaría centrar mi investigación en descubrir conexiones eróticas entre los seres humanos y el universo. En el mundo contemporáneo en el que vivimos, existe mucha confusión entre el erotismo y la pornografía".
Y añade: "La corrección política de hoy condena las prácticas eróticas sin siquiera considerar el contenido. En el pasado, para muchas culturas antiguas, la procreación y la vida misma se basaban en numerosas ceremonias destinadas a generar una conciencia de nuestra existencia. Quiero remontarme a los siglos IX y X y seguir explorando estas prácticas hasta la actualidad".
"Al redescubrir este pasado olvidado, me gustaría crear una nueva interpretación y un nuevo contexto para el público de hoy en día. Para lograrlo, presentaré los rituales combinando los límites físicos del cuerpo que baila y actúa con música inspirada en el canto folclórico y gutural. Dada la naturaleza de algunos de estos materiales rituales, puede que no sea posible representarlos en vivo. Aun así, mi intención es presentarlos a través de vídeos, dibujos y material de archivo".
La propuesta, a priori, es sin ninguna duda muy atractiva y se presenta como una variada sucesión de viñetas bien ilustradas, lo que en principio parece quedar al margen de lo que se supone que es una narración bien construida, con su lógica expositiva, sus articulaciones bien ensambladas, su ritmo, su legato y su progresión.
Lo que es muy característico de la artista serbia, que anda ya por los 79 años y que gobierna un amplísimo equipo de producción. Destaquemos a Marko Nikodijevic como autor de las músicas y a Nabil Elderkin como responsable de la parte cinematográfica.
