Carme Portaceli vuelve al Teatro Español. Tras su etapa al frente de la institución dependiente del Ayuntamiento de Madrid, sube a sus tablas como directora de La casa de los espíritus, una dramaturgia del best seller de Isabel Allende publicado en 1982 que firma junto a Anna María Ricart. Este tándem ha dejado ya sobre los escenarios títulos como Jane Eyre (estrenado en el Lliure en 2017 y montada en el Español un año después) y Mrs Dalloway, la versión teatral de la novela de Virginia Woolf que Portaceli estrenó en 2019 también en Madrid y que llevó después al TNC (hoy al frente de sus designios artísticos).

“La obra habla de reconciliación, de cambiar y de comprender que la mezcla de los mundos puede enriquecer”. Carme Portaceli

Queda claro que la directora no es de las que se quedan paralizadas ante los contratiempos provocados por la deriva pandémica. Está a la espera de estrenar su Madame Bovary en el KVS de Bruselas (pospuesto por la Covid-19) y busca hueco en su agenda del mes de julio para trasladarse a la Comédie de Reims y meterse de lleno en el proyecto Running for Democracy.

No será Jueves Santo ni Barrabás llegará por vía marítima (o tal vez sí) cuando este sábado, 24, aparezcan sobre las tablas del Español Jordi Collet, Inma Cuevas, Francesc Garrido, Gabriela Flores, Pilar Matas, Carmen Conesa, David Fernández, Miranda Gas, Borja Luna y Guillermo Serrano para encarnar a los integrantes de las familias Trueba y Del Valle con la escenografía de Paco Azorín, con el vestuario de Carlota Ferrer y con la producción del propio teatro madrileño, del Grec y del Romea.

“Todo pasa a la vez, todo tiene relación entre sí. Es una obra que habla de la reconciliación, de la posibilidad de cambiar y de comprender que la mezcla de los mundos puede enriquecer. Es una lección de tolerancia”, explica Portaceli a El Cultural sobre una obra en la que, reconoce, está todo vinculado: el paso del tiempo, la magia, la política… Por eso ha armado una puesta en escena dinámica y proyectada “más allá del realismo” en la que todo va ocurriendo poco a poco y simultáneamente, con los actores la mayor parte del tiempo en escena, una técnica que utiliza con frecuencia en sus montajes.

Pero para técnica la que ha empleado con maestría Anna María Ricart, que ha convertido una novela torrencial y profundamente descriptiva en un texto dramático. Aunque se ha basado esencialmente en los hechos y en los diálogos, ha tenido muy presente la magia que permeabiliza la narración de Isabel Allende: “Más allá de los poderes de Clara, la protagonista, es la mirada de la escritora sobre ese microcosmos que es la familia Trueba lo que hace surgir esa magia”.

El reto, por tanto, ha sido recorrer las cuatro generaciones de la familia creada por la autora chilena y concentrar la historia sin que quedara solo su esqueleto, guardando los elementos de un mundo único y especial: “La casa de los espíritus no puede no tener espíritus. Había que recortar algunas subtramas y aligerar determinados personajes. Eso que siempre duele en una adaptación en este caso ha sido aún más difícil”.

Para Ricart, el universo de Allende necesita una visión externa para poder culminar el desafío de llevarlo al teatro. “Cada persona, con su bagaje y sus características, encuentra en una novela aquello que le hace vibrar. Eso es lo que permite tener versiones diferentes de una misma obra. Una adaptación debe ser la recreación de un mundo creado por otro”.

Y así es como comienza todo, aunque para Esteban Viejo todo empezara con la bella y radiante Rosa, la del cabello verde…

@ecolote