Un actor (Joan Carreras) se enfrenta al reto de interpretar a Ricardo III, el monarca sin escrúpulos surgido de la mente genial de Shakespeare. Lleva toda la vida haciendo papeles secundarios y piensa que merece esa oportunidad. Pero considera que el resto del elenco no está a su altura. Tampoco le gusta el director… ¿Actor y personaje son, entonces, la misma materia? Llega a La Abadía, a partir del día 15, Historia de un jabalí o algo de Ricardo, un montaje producido por los festivales Temporada Alta y Grec con texto y dirección de Gabriel Calderón (Montevideo, 1982).

“Ricardo III tiene una rica tradición que me interesa”, explica el director uruguayo a El Cultural. “La de los grandes actores acercándose a un malvado con conciencia e inteligencia. Es malo, lo sabe y lo prefiere. Su naturaleza es distinta, pero no porque naciera distinto sino porque, como su columna, en algún momento se torció, se pervirtió”.

“Todo es metateatral porque la propuesta de base ya es así. Mientras el actor compone el personaje vamos asistiendo al proceso de poder de la compañía". Gabriel Calderón

Historia de un jabalí podrá verse en el escenario madrileño con una puesta en escena “simple y compleja” para envolver y dar fuerza a la vida de este actor que surge de una pequeña esquina como si hubiese estado toda su vida allí. Abandonado, olvidado… esperando su momento para tomar el poder y ser protagonista de un espacio que ha añorado en infinidad de ocasiones.

“Creo que es un diálogo injusto con Shakespeare porque yo hago y digo lo que quiero –señala Calderón–. Siempre encuentro algún argumento en la biblioteca de 400 años que se ha creado desde su existencia hasta hoy para defender lo que me interesa contar. Parto de la base de que Shakespeare y Ricardo son una excusa para hacer teatro”. Así es como el autor y director se ha enfrentado a este “jabalí” que arremete con “vigor y fuerza” en la actualidad. “Si Ricardo III es una oportunidad para hablar de las gestiones y oscuridades del poder y sus jerarquías yo me siento obligado a exponer eso en un mundo que conozco muy bien, el teatro”.

Por eso, Calderón ha introducido no pocos guiños metateatrales. Mientras Shakespeare habla de los entresijos oscuros del poder en un palacio, el director reflexiona de forma paralela sobre cómo esa acción se expresa y se prolonga en un grupo teatral: “Todo es metateatral porque la propuesta de base ya es así. Mientras el actor compone el personaje y nos cuenta la historia de Ricardo III vamos asistiendo al proceso de poder de la propia compañía. Cada vez que mata a alguien el actor echa a una persona del elenco, pelea con el director o arremete contra las productoras”.

Enfrentarse entonces a un monólogo de estas características es otro desafío que el director, que colabora simultáneamente con el Teatro Emilia Romagna y el Nacional de Modena, ha compensado con el trabajo de Carreras: “El monólogo siempre tiene algo de triste. Falta gente. No hay sorpresa, no entrará nadie a resolver el drama, a generar conflicto… pero Joan contiene multitudes en su interior”.

@ecolote