Cécile McLorin Salvant. Foto: Marka Fitton

La última sensación del jazz vocal, la estadounidense Cécile McLorin Salvant, realizará una extensa gira por España este verano. Apoyada en el álbum Dreams and Daggers y bajo la etiqueta de ‘la nueva Billy Holiday', exhibirá su habitual temperatura volcánica junto al trío del pianista Aaron Diehl. Hablamos con ella de sus influencias, de sus comienzos, de feminismo, de sus puestas en escena y de sus reconocimientos. Además, recorremos los programas de los principales festivales de jazz de este verano.

Cécile McLorin Salvant (Florida, 1989) está claro que es mucho más que una cantante de jazz. No sólo por la excelencia vocal de su propuesta musical, sino por el modo de entenderla, de darle contenidos artísticos y conceptuales nuevos, de ampliarle la vida a una cultura para la que los agoreros no ven futuro. Pues bien: McLorin es una jazzista total, de los pies a la cabeza, sobre cuya palabra descansa buena parte de la literatura jazzística que nos habrá de visitar mañana. Hasta su irrupción en 2010, cuando se hizo con el primer premio del prestigioso Concurso Internacional de Jazz Thelonious Monk, apenas se había visto nada igual, si exceptuamos la audacia de Cassandra Wilson. Todo en ella alcanza una temperatura emocional volcánica, desde el mero planteamiento de sus repertorios a sus posteriores movimientos. La expresividad es una de sus grandes aptitudes, pero también su voluntad de remover y agitar lo establecido. Hija de un médico de origen haitiano y madre francesa, McLorin es la voz de la que todo el mundo habla. Habitual en los primeros puestos de los rankings de la cabecera Downbeat; favorita en las quinielas de los miembros de la Asociación de la Prensa de Jazz de Estados Unidos; ganadora de dos premios Grammy por sus álbumes For One to Love y Dreams and Daggers, en 2016 y 2018 respectivamente, esta jazzista veinteañera asalta cada temporada con más conciertos y más aplausos, como los que a buen seguro recogerá en sus visitas, este próximo mes de julio, a siete localidades españolas: Madrid (día 9), Salamanca (día 11), Almuñécar (día 17), Cartagena (día 23), Barcelona (día 25), San Sebastián (días 25 y 28) y Sa Pobla (día 30).



"Me gusta que me comparen con Billie Holiday pero la primera cantante que escuché fue Sarah Vaughan..."

Es una agenda como hacía tiempo no veía en una cantante de jazz, dejando fuera de esta categoría, si se nos permite, a otras damas de la canción jazzística como Diana Krall o Norah Jones, entregadas a otras causas. Poco le importa, pues hace tiempo que no lee nada sobre ella: "De verdad, no me preocupan las críticas. Sólo me interesa mi música y la creatividad que he de emplear para hacerla". ¿Pero habrá oído que se le dice la ‘nueva Billie Holiday'?, le insistimos, y ella zanja la cuestión: "A mí me interesa ser lo más fiel posible a Cécile McLorin Salvant. Claro que es un honor que te comparen con Billie Holiday, pero aspiro y quiero ser yo misma, con mi personalidad. Por otro parte, la primera cantante que escuché fue Sarah Vaughan..."



Vivir las canciones

La gira española tendrá como argumento principal ese doble disco generosamente galardonado, Dreams and Daggers, que liberará junto a un trío cómplice, el que lidera el pianista Aaron Diehl y completan el contrabajista Paul Sikivie y el baterista Kyle Poole. Con ellos dará cuenta de un repertorio en el que nada es gratuito, al contrario, todo encuentra su sentido: Bob Dorough, Kurt Weill, Ida Cox, Spencer Williams, Gershwin, Rodgers & Hart o Irving Berlin son algunos de los autores que actualiza. Además de sus cualidades vocales, McLorin Salvant tiene una singular capacidad para interpretar las canciones, para vivirlas por dentro, lo cual multiplica las emociones en la platea. A ello se le reconoce un gran sentido de lo escénico, empezando por su propia imagen."En la escuela secundaria fui a clase de teatro, tenía trece años, pero jamás he estudiado arte dramático, aunque… ¡nunca es demasiado tarde!".



"En el jazz encontramos multitud de colores y contrastes. Además, es enormemente dinámico y vital"
Todo ello no hace sino subrayar una madurez artística y creativa inusuales para su edad, lo cual incrementa el halo de gran dama del jazz. "Para mí es una música fascinante, ya que para tocarla se necesita una gran formación técnica, pero al mismo tiempo ha de ser muy natural, instintiva. Luego lo que más me atrae del jazz es su carácter efímero, todo sucede en un instante, y sin embargo, como una música de fusión que es, hay multitud de colores y contrastes y encima es enormemente dinámica, vital. Pero su misterio de lo efímero es lo que, diría, más me cautiva ". La trayectoria de Cécile McLorin se inició en el sur de Francia junto a uno de sus primeros padrinos, el saxofonista Jean-François Bonnel, pero su vertiginoso despegue -ya se ha apuntado- tuvo lugar tras conseguir el primer premio del Concurso Internacional de Jazz Thelonious Monk en el apartado vocal, y que dio lugar a su primer disco, Cécile.



"Mi paso por el certamen fue una experiencia definitiva y… maravillosa, tanto que gracias a ella sigo dedicándome a la música. Conocí a un montón de gente que me enseñó mucho, no sólo acerca de la música como arte, sino de la música como forma de vida". Llegado a este punto es justo reconocer que en el jurado de aquella edición figuraban, nada más y nada menos, que Dee Dee Bridgewater, Dianne Reeves, Kurt Elling, Patti Austin y Al Jarreau. Su aparición fue casi como una revelación para la gran familia del jazz, pues a las bondades de su canción se le sumaba una personalidad artística apabullante, explosiva, sin complejos. A su manera, revolucionó los sentidos, no sólo vocales, sino escénicos y conceptuales de una música que de la noche a la mañana alumbraba una nueva luz en su horizonte.



La música siempre ha estado en la vida de McLorin: "En mi casa siempre sonaba la música. Desde muy pequeñita. Mi madre me llevó a mi primera clase de piano cuando tenía 4 años y es algo que tomo como algo natural. He crecido con muchas músicas: jazz, música haitiana, rhythm & blues, hip-hop, reggae, bluegrass, soul, música clásica, africana… Creo que esto también ha contribuido a que viva mi profesión interesándome por muchos lenguajes, muchos estilos, siempre con curiosidad". Ahora mismo confiesa que está escuchando con especial emoción al saxofonista Eric Doplhy y el bluesman Pink Anderson, al tiempo que lanza otros nombres con los que le gustaría trabajar en algún proyecto en el futuro, como Craig Taborn, James Blake, Kendrick Lamar… "¡pero también artistas visuales como Kerry James Marshall o escritores como David Sedaris! Y sí, me hubiera encantando coincidir con Thelonious Monk, James P. Johnson, Jelly Roll Morton, Elizabeth Cotten o el propio Eric Dolphy, que me tiene fascinada ahora mismo".



Lucha por la identidad

"No estoy segura de si hay un movimiento pero sí estoy viendo algo de mercantilización del feminismo"

En pleno auge de la reivindicación de la igualdad de género, ella, como mujer, se apunta a esta lucha por la igualdad, aunque su pensamiento va más allá: "No estoy segura de si hay un movimiento, pero sí estoy viendo algo de mercantilización del feminismo. Entre tanto, celebro las opiniones e ideas de tantas y tantas mujeres y hombres que ayudan a que los derechos de la gente se respeten. Pero como artista estoy muy interesada en dar voz a gente que no la tiene, gente con distinta clase social, gente marginada que no tiene acceso a una buena educación, a un trabajo digno o gente sencillamente a la que se le discute su identidad, de todo tipo, sexual también".



"Las mujeres -añade- llevamos años reivindicando nuestros derechos y es cierto que hemos tenido muchas dificultades para acceder a, digamos, ‘el gran arte, la gran cultura'. Hay que continuar con esa lucha, pero no olvidar otras tampoco". De momento, y como prolongación de su compromiso con la igualdad de género, lidera proyectos específicos como el que el año pasado presentó en el Festival de Jazz de Vitoria-Gateiz, ‘Woman to Woman', integrado exclusivamente por mujeres jazzistas. A saber, la saxofonista Melissa Aldana, la clarinetista Anat Cohen, la trompetista Ingrid Jensen, la pianista Renee Rosnes, la contrabajista Noriko Ueda y la baterista Alison Miller.



A las nuevas generaciones -más que ella, se entiende- recomienda escuchar toda la música que puedan con voracidad y sin prejuicios "Y leer y viajar, cuanto más mejor. Sólo creciendo como persona puedes crecer como artista". Su biografía, en este sentido, le da toda la razón. Nacida en Miami, criada en Aix-en-Provence, residente actualmente en Nueva York… la suya desde luego ha sido una trayectoria apoyada constantemente en experiencias vitales diversas, como la que ya desde la cuna apunta el origen haitiano de su padre, que le transmitió ese amor y esa curiosidad por otras culturas. "Vivir en Nueva York es una pasada. En Francia aprendí mucho, pero aquí, en la Gran Manzana, tengo la oportunidad de escuchar a los mejores músicos, hablar con ellos e intercambiar opiniones, aprender de ellos… No tengo preferencias por un lugar u otro, pero Nueva York me encanta y para mi profesión probablemente sea el mejor sitio para vivir".



El New York Times calificó a McLorin hace ya unos años como la mejor heredera y salvaguarda de las esencias jazzísticas de cantantes icónicas como Billie Holiday, Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan. Desde entonces, sus giras incrementan en número de conciertos cada año, giras en las que cuenta con la complicidad del citado Aaron Diehl, un músico forjado en la Jazz at Lincoln Center Orchestra de Wynton Marsalis: "Me lo presentó mi manager y probamos. Desde el primer momento sintonizamos, hubo mucha química, no sólo porque la música funcionaba, sino porque teníamos maneras parecidas de entenderla. Fue uno de los primeros jazzistas estadounidenses con los que toqué y… ahí seguimos".



La singularidad expresiva de su voz, la poesía de su canción, la energía dramática de su puesta en escena, la elección cabal del repertorio, la capacidad para transmitir emociones nuevas… McLorin regresa a nuestros escenarios para recoger los aplausos de la generosa legión de seguidores con la que cuenta, y que, con toda seguridad, el próximo año se verá incrementada. La chica tiene embrujada a todas las audiencias, pero no desde el artificio ni el atajo, sino desde la sinceridad que coloca en cada canción, pues tiene un especial talento para convertirlas en historias, en cuentos, dotándolas de una coherencia y una narrativa sólo al alcance de los más grandes.



En la despedida una pregunta con trampa:



-Si al final de su carrera tuviera que ir a una isla… ¿Qué se llevaría, unas gafas de marca o un disco de Monk?

-¡¡¡Monk, siempre!!! Para escuchar a Monk no se necesitan gafas (risas).