Tras una exitosa gira por los principales teatros del país, el Centro Dramático Nacional recupera en este inicio de temporada Reikiavik. Juan Mayorga regresa al Teatro Valle Inclán de Madrid con su segunda obra como director, una historia pasional en torno al encuentro que se produjo durante dos meses entre dos míticos ajedrecistas: el soviético Boris Spaski y el estadounidense Bobby Fischer en el año 1972.



Pero como ocurrió en la realidad, el duelo ajedrecístico pronto fue trascendido por muchos otros elementos. Spaski y Fisher se enfrentaron en un intenso duelo en el que el tablero no representaba sólo la lucha de dos personas, sino la confrontación entre las dos grandes superpotencias y sus formas de entender el mundo.Reikiavik toma como base un hecho aparentemente alejado del universo teatral, una partida de ajedrez que tuvo lugar en plena Guerra Fría, cuando Mayorga era apenas un niño "Siempre que en mi teatro trato el pasado estoy hablando del presente", afirma el dramaturgo.



El potente juego escénico que propone Mayorga, como autor y director del texto, presenta a dos protagonistas, Bailén y Waterloo, interpretados por Daniel Albaladejo y César Sarachu, "que han tomado esos nombres de derrotas napoleónicas", explica Mayorga. Estos se retan y juegan a ser Spaski y Fisher ante un muchacho, encarnado por Elena Rayos, pero también, casi de forma inconsciente, representan a otros personajes: el árbitro alemán, el guardaespaldas islandés, la madre de Fisher, la segunda esposa de Spaski, Henry Kissinger, los padres ausentes… "Bailén y Waterloo representan no sólo a Boris y a Bobby, sino también a muchos otros que movieron piezas en aquel tablero".



La escenografía que firma Alejandro Andújar, la iluminación de Juan Gómez-Cornejo y el sonido creado por Mariano García construyen un mundo poético que acompaña a los actores, evitando la ilustración descriptiva. En el espacio sólo hay dos elementos: una mesa como las que a menudo se encuentran en los parques y una pantalla en la que se proyectan imágenes en blanco y negro.



"Reikiavik es una obra sobre la Guerra Fría, sobre el comunismo, sobre el capitalismo, sobre el ajedrez, sobre el juego teatral y sobre hombres que viven las vidas de otros", explica Mayorga. Y es que no es la primera vez que Waterloo y Bailén hacen algo así, pero nunca lo habían hecho con tanta pasión. Porque lo que hoy buscan ante ese muchacho extraviado no es sólo comprender por fin qué sucedió realmente en Reikiavik, qué estaba realmente en juego y quiénes eran realmente aquellos hombres que se midieron en Reikiavik. Hoy, además, Waterloo y Bailén, estas dos fuerzas antagónicas y contrapuestas, buscan un heredero.