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Imposible no acordarse de él en un personaje que marcó una época en una de las películas más exitosas de la historia del cine español: El orfanato. Imposible, porque hacía de Tomás, el "niño con un saco en la cabeza", el "amigo imaginario" (o no) del desdichado protagonista. Prueba de la popularidad del personaje es que en Halloween se venden "disfraces de Tomás".

Hasta la fecha, el papel más importante de Óscar Casas ha sido a las órdenes de su propio hermano como director, el célebre Mario Casas, en Mi soledad tiene alas, donde interpretaba a un chaval de barrio con una familia conflictiva y aspirante a artista que acaba pasando al lado oscuro de la delincuencia (con consecuencias catastróficas, claro). En la vida real, Óscar asegura no beber una gota de alcohol desde hace dos años.

Superproducción a la española, Ídolos está ambientada en el mundo de la alta competición de motos en una película "hollywoodiense" en la que Casas interpreta a Edu Serra, un joven aspirante a campeón de piloto de MotoGP.

Ambientada en Barcelona, la trama arranca cuando el astuto mánager de una escudería lo contrata para ver si brilla en la categoría de Moto2 y está preparado para saltar a la categoría reina. El drama llega porque tendrá como entrenador a su propio padre, un excampeón que arrastra problemas con el alcohol (Claudio Santamaría).

Y el romance, con una pizpireta tatuadora (Ana Mena) con la que tendrá problemas de "conciliación" entre sus altas ambiciones y dejar espacio para su vida personal. Su padre, además, opina que las mujeres "son peligrosas".

Dirigida por el británico Mat Whitecross, responsable de vídeos de Coldplay o del documental Oasis: Supersonic, Ídolos es "supersónica" y modélica en su ejecución sobre un joven campeón que debe controlar su impulsividad y enfrentarse a sus traumas familiares para brillar.

Pregunta. ¿Ya era fan de las motos antes de Ídolos?

Respuesta. Yo montaba en motocross desde los nueve añitos. Los Reyes Magos me trajeron una moto de cross, pero luego mi madre nunca me dejó tener una moto de carretera cuando me hice más mayor. Eso sí, MotoGP no lo veía. Lo veía mi padre. Yo sabía quién era Marc Márquez, pero no mucho más. Y ahora ya soy un obsesionado. Me sé hasta los salseos que hay entre ellos, le he pillado el gustillo.

"Antes de la película sabía quién era Marc Márquez, pero no mucho más. Y ahora soy un obsesionado"

»Me he metido mucho en ese mundo porque no sabía nada. Lo primero que hice fue empezar a verme todos los documentales, carreras, vídeos de YouTube. Hay equipos que suben vídeos cada semana con los pilotos y me empapé del mundo de MotoGP. Y luego encontré figuras de pilotos que me encantaban.

P. Deportistas y actores tienen cosas en común: la exigencia, la exposición pública, la ambición… ¿Advierte ese paralelismo?

R. Sí, totalmente. Ya me pasó un poco cuando hice una serie sobre Gervasio Deferr (El gran salto) y me metí mucho en el mundo del deporte de élite. Entonces ya venía entendiendo un poco sus cabezas y la obsesión y el compromiso que hay detrás para llegar a ser el número uno en algo físico o, en este caso, en jugarte la vida.

»En MotoGP hay un peligro, hay algo más al límite que en la actuación y en el arte. Pero yo sí que comparto con Edu, el personaje, la obsesión y el compromiso. Yo solo pienso en cine, solo he vivido cine. Me encantan las entrevistas, me encantan las películas, me encantan las series. Me he podido identificar en esa cosa obsesiva.

P. ¿Ha sido un rodaje muy exigente?

R. Sí, pero Ídolos también ha sido fácil por el entorno. Vengo de hacer una película donde hemos grabado en un plató verde, todo verde. Te tenías que imaginar que eso era un hotel. Aquí hemos grabado en las carreras auténticas, siguiendo el Mundial; entonces todo era la vida real: los paddocks, la gente, las 150.000 personas del público, los motoristas. Eso me permitía beber de la verdad del entorno.

P. El protagonista, Edu, siente la presión de ser observado y juzgado y recibe algunos ataques despiadados. ¿Cómo lleva ese aspecto en la profesión de actor?

R. Es duro, ¿eh? Eso es duro. Pero no lo puedes pensar mucho como actor porque entonces te juega malas pasadas. Todo lo que sea externo va a hacer que te desconectes del papel, sin duda. Lo primero es tener muy claro de quién te importa la opinión. Y para mí la opinión que me importa es la de los que me conocen y a los que admiro: mi familia, mis padres, mi hermano, mi representante.

"No leo nada sobre mí, ni busco mi nombre ni veo mensajes en Instagram"

»Todo lo demás, si además viene con una dirección de odio, no me suele llegar porque no lo leo. No leo nada, ni busco mi nombre ni veo mensajes directos de Instagram. Mi madre es la que se dedica a mandarme alguna noticia. Solo me manda las buenas y con eso vivo más tranquilo.

P. En la película, Edu tiene miedo de la "curva 10" en Montmeló, esa que le hace fallar. ¿Cuál sería su curva 10?

R. Mi curva 10 diría que es el tiempo. Quiero perseguir mi sueño y, para eso, tengo que dejar de dedicarle tiempo a mi familia, a mi hermanito pequeño. Esa balanza constante es la que me hace decir: ojalá los días duraran 48 horas en vez de 24 y me diera tiempo a hacer todo. Cuando tienes una vocación y persigues un sueño, te pierdes muchas cosas.

»Eso también pasa en la película. Muchas veces dices: "Estoy consiguiendo mi sueño y me siento vacío". ¿Por qué? A lo mejor es porque no tienes que darle tanto. No lo sé.

P. ¿Se lo plantea alguna vez?

R. Cada día. Cada día me lo planteo. Gracias a mi profesión, tengo cuatro o cinco meses libres; en esos meses libres realmente quiero estar por mi familia y estar a muerte. Intento hacer una balanza.

"Quiero perseguir mi sueño y, para eso, tengo que dejar de dedicarle tiempo a mi familia, a mi hermanito pequeño"

P. Después de ese rodaje tan inmersivo, ¿le costaba volver a ser Óscar?

R. Vuelvo a ser un chaval normal. Y me encanta, además. A veces me pasa que me enamoro de los personajes y digo: "Yo quiero esta vida, quiero esto, quiero hablar así, quiero montar en motos, quiero ser así de valiente". Pero cuando vuelvo a Óscar, a mi vida y a mi día a día, a cómo yo respondo y pienso, me encanta ser Óscar. Me gusta mi familia, me gustan mis deportes, me gusta ser yo. Ese tránsito es una manera de aceptarme.

P. Pero algo se queda de los personajes, ¿no?

R. Sí, te quedas con muchas cosas. A veces sin quererlo. Me acuerdo de cuando preparaba Ídolos. Venía de hacer lo de Gervasio Deferr y le estaba contando a mi hermano cosas del personaje. Y mi hermano me dice: "Pero tú sabes que sigues hablando como él". Yo no me estaba dando cuenta de que seguía teniendo un deje en la voz.

»Entonces me dijo: "Lo que tienes que hacer antes de seguir es coger a tu coach de voz, limpiarte la voz, volver a tu voz normal y, a partir de ahí, entrar en otro personaje. Si no, se va a intoxicar". Es un poco como desintoxicarte de cada personaje.

P. Edu, su personaje, se pierde por la impulsividad. ¿Usted cómo la lleva?

R. Muy bien. Soy súper poco impulsivo. Cero impulsivo. Controlo muy bien mis emociones. Puedo estar muy cabreado y voy a controlarlo muy bien. Esa cosa de impulsividad el personaje la tiene, pero yo no.

P. ¿Y la sensación de pérdida que arrastra el personaje?

R. Gracias a Dios, tampoco la tengo. Espero no tenerla en mucho tiempo. Pero sí que ha sido algo con lo que intenté empatizar. ¿Cuál es la herida del abandono? ¿Cuándo perdonas y cuándo no? Eso lo he ido aprendiendo haciendo la peli. El personaje me ha hecho entender que las personas fallan, que el amor de un padre puede fallar, que es humano y que se puede perdonar.

"No me siento utilizado porque soy el primero que sube fotos sin camiseta"

P. ¿Cómo gestiona su imagen?

R. No me siento utilizado porque soy el primero que sube fotos sin camiseta. Estoy en la playa; no gratuitamente, pero de manera natural. Intento no sexualizarme, pero también normalizo mi vida. Si estoy en la playa con amigos y salgo sin camiseta, creo que debería ser algo normalizado con todos los cuerpos.

»En esto me ayudó mucho mi hermano, Mario. En Mi soledad tiene alas yo tenía muchísima percepción de mi físico y mi imagen y quiso quitármelo a muerte. Me rapó la cabeza y me hizo olvidarme de mi físico. No soy modelo, soy actor. No hay que ser guapo o feo; hay que salir atractivo si se requiere o emocionado si se requiere.

P. ¿Se crece con el reconocimiento?

R. No. Cuando la gente me admira, no me lo termino de creer. Porque yo no me veo así. Cada uno, en su ser, no se ve ni con éxito ni con nada. Cuando me lo dicen, no me lo termino de creer.

P. ¿Es de salir o de quedarse en casa?

R. Ahora mismo, de quedarme en casa. Desde hace dos años habré salido cuatro veces contadas. Me gusta la fiesta, me gusta mucho, pero he dejado de salir porque dejé el alcohol. Nada. Ni una copa de vino, ni una cerveza.

"Echo de menos salir de fiesta, desfasar un poco. A veces intento salir con Red Bulls y no es lo mismo"

P. ¿No lo echa de menos?

R. Cero. Echo de menos salir de fiesta, desfasar un poco. Pero el alcohol y la sensación que te da no lo echo de menos. A veces intento salir de Red Bulls y no es lo mismo, pero a veces me lo paso bien.

P. ¿Y su hermano?

R. Es mi mentor. Le explico todo lo que hago, le paso escenas, me lee guiones. Nos ayudamos mucho mutuamente.