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Sin conocer todavía las nominaciones finales a los Oscar, que se revelarán el próximo 22 de enero, los Globos de Oro sirven para hacerse una idea de lo que puede ocurrir en el Dolby Theatre de Los Ángeles el próximo 15 de marzo.

No son infalibles, pero sí el primer campo de batalla donde se miden fuerzas las campañas de marketing millonarias, como la de Marty Supreme, los taquillazos como Sinners y las virguerías técnicas de Frankenstein, el prestigio crítico que ha aupado a Hamnet, y las viejas cuentas pendientes dentro de la industria, como la de Paul Thomas Anderson, nominado hasta en diez ocasiones y todavía sin Oscar.

Cada premio y cada derrota ayudan a dibujar un mapa preliminar de favoritas y aspirantes a la estatuilla: estos son los duelos más factibles de cara a los Oscar.

Una batalla tras otra vs. Hamnet

El enfrentamiento entre Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson, y Hamnet, la adaptación literaria dirigida por Chloé Zhao, se perfila como el eje central de la carrera por mejor película.

Ambos salieron victoriosos anoche: Anderson ganó por primera vez el Globo de Oro a mejor película de comedia, así como el de dirección, guion y actriz de reparto (Teyana Taylor). Mientras que la película de Zhao obtuvo el Globo de Oro a mejor película dramática y mejor actriz protagonista en drama (Jessie Buckley).

Sin embargo, a diferencia de los premios otorgados por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, la Academia de Cine no distingue entre comedia y drama en mejor película ni en las categorías de interpretación principales, lo que provocaría un enfrentamiento directo entre ambos filmes en los Oscar.

Hamnet, adaptación del libro superventas de Maggie O'Farrell, imagina la vida de William Shakespeare y su esposa mientras afrontan la muerte de su hijo.

La película llega a los Oscar con un reparto que combina tirón popular, con Paul Mescal interpretando al escritor, y prestigio interpretativo, con Jessie Buckley, recién coronada con el Globo de Oro a mejor actriz dramática.

No sería la primera vez que la cineasta y productora china amarga la noche a un gran favorito. De hecho, en los Globos de Oro se impuso ante Sinners, arrebatándole a Ryan Coogler el galardón a mejor película dramática.

En los Oscar de 2020, Zhao se impuso en mejor película y mejor dirección con Nomadland (2020), desbancando a títulos y cineastas aparentemente más "fuertes", como a David Fincher con Mank y a Aaron Sorkin por El juicio a los 7 de Chicago.

Ahora, consolidada como una de las cineastas clave del circuito de premios, vuelve a colocarse en posición de arrebatarle el Oscar a un director consagrado como Paul Thomas Anderson.

El cineasta estadounidense, siempre vapuleado en las temporadas de premios, parece haber roto la maldición con su película más política.

Un reflejo nervioso y caótico del Estados Unidos de Trump, donde las redadas antimigrantes y la violencia de los grupos supremacistas se entrelazan con la paranoia institucional hasta convertir el país en un campo de batalla permanente.

Si se tiene en cuenta el precedente reciente de los Oscar, cuando Anora, de Sean Baker, confirmó que la Academia está dispuesta a abrazar los riesgos del cine independiente, Anderson podría tener todas las de ganar.

Pero si los votantes optan esta vez por una opción más clásica y de corte académico, Hamnet tiene muchas papeletas para imponerse.

Los pecadores vs. Frankenstein

La otra gran guerra de los Oscar se libra en el territorio del cine de género. Los pecadores, el filme de terror de Ryan Coogler sobre la segregación del sur de Estados Unidos en los años 30 al ritmo de blues y lleno de zombis, llega respaldada por las cifras de taquilla.

También es muy probable que Michael B. Jordan, que interpreta un doble papel de unos gemelos gánsteres que abren un club clandestino, acabe en la lista de candidatos a mejor actor protagonista, donde previsiblemente se medirá con Oscar Isaac, favorito por su atormentado creador en Frankenstein.

La adaptación cinematográfica de Guillermo del Toro, aunque no ha sido tan aclamada por la crítica, representa la vertiente más prestigiosa del género.

Un monstruo clásico pasado por la mirada gótica del director mexicano, con músculo visual y una presencia casi asegurada en los gremios técnicos.

Tanto Los pecadores como Frankenstein acumulan precandidaturas en fotografía, sonido, maquillaje y efectos visuales y podrían disputarse el título de blockbuster “respetable” que la Academia suele colar en el listado de mejor película, incluso hasta el punto de coronarse, como ocurrió con Todo a la vez en todas partes en 2022.

DiCaprio vs. Chalamet

En la categoría de mejor actor, la batalla tiene nombre y apellidos: Leonardo DiCaprio contra Timothée Chalamet.

DiCaprio pone cuerpo y carisma al revolucionario agotado de Una batalla tras otra, un protagonista que condensa la furia política y el caos moral de la película, y que muchos leen como el gran papel del año para un actor ya oscarizado, aunque también vapuleado en numerosas ocasiones por la Academia.

Chalamet, en cambio, llega desde el terreno de la comedia con Marty Supreme, donde interpreta a un ambicioso jugador de tenis de mesa en los años cincuenta.

Ya le ha arrebatado a DiCaprio y a otros grandes como George Clooney (por Jay Kelly) y Ethan Hawke (Blue Moon) el Globo de Oro y el Critics Choice Awards.

Si en 2025 ya se postuló como favorito al Oscar por su espléndida interpretación de Bob Dylan en Un completo desconocido, ahora los astros podrían alinearse para un actor joven, recién cumplidos los 30, pero que siempre quiso medirse con los grandes.

El agente secreto vs. Sirat

En el frente internacional, el pulso se dirime entre El agente secreto y Sirat, aunque películas como la noruega Valor sentimental o la turca La voz de Hind entren fácilmente en la ecuación.

La película del cineasta brasileño Kleber Mendonça Filho y protagonizada por Wagner Moura (el ya mítico Pablo Escobar en la serie Narcos), ha conseguido arrebatarle el Globo de Oro a mejor película internacional al filme de Oliver Laxe y podría fácilmente arrebatarle el Oscar.

Este thriller político, centrado en las cloacas del poder y en los efectos colaterales de la guerra sucia sobre una ciudad europea en crisis, tiene el tipo de empaque que suele seducir a los críticos de película internacional.

Sirat, en cambio, representa la opción más arriesgada, un drama de autor que mezcla realismo y espiritualidad en un país atravesado por el conflicto, y que ha ido creciendo a base de premios en festivales y de haber cosechado hasta cinco precandidaturas, la mayoría técnicas.

La de mejor película internacional es una categoría cada vez más codiciada, y después de que Brasil se llevara la estatuilla el año pasado por el Oscar a mejor película internacional con Aún estoy aquí, de Walter Salles, la Academia podría inclinarse ahora por una propuesta menos evidente como la de Laxe.