La cineasta Kaouther Ben Hania / Foto: Wikipedia.

La cineasta Kaouther Ben Hania / Foto: Wikipedia.

Cine

Ben Hania retrata el auge del islamismo musulmán: "En el filme el patriarcado lo encarna una mujer"

La cineasta tunecina narra en 'Las cuatro hijas', documental nominado a los Oscar, la destrucción de una familia de mujeres cuando dos de las hijas se pasan al Estado Islámico.

10 febrero, 2024 03:15

Las primaveras árabes de 2010 no han acabado bien: Egipto ha vuelto a ser una dictadura, en Baréin el régimen aguantó actuando de manera brutal y en Siria, Yemen y Libia se desataron cruentas guerras que no han acabado del todo.

Con este panorama, Túnez, lugar donde empezó la ola de protestas, se presentaba como el único caso de éxito. Sin embargo, el país primero se vio sacudido por un fuerte enfrentamiento entre islamistas y laicos hasta que en julio de 2021 el actual presidente, el conservador Kais Saied, diera un autogolpe de Estado con la excusa, como en Egipto, de evitar que los islamistas alcancen el poder.

De la dictadura de Ben Ali a la más “light” de Saied, el auge del fundamentalismo religioso ha sido, entre otros, un mazazo para esas incipientes democracias.

Después de triunfar con El hombre que vendió su piel, una inquietante reflexión sobre los refugiados en Europa, la tunecina Kaouther Ben Hania (Sidi Bouzid, 1977) cuenta en Las cuatro hijas ese auge del islamismo en el mundo musulmán a partir de la tragedia de una familia modesta.


Vemos la desesperación de Olfa, una mujer que trabaja como limpiadora de casas y acaba huyendo de un marido que la maltrata, cuando sus dos hijas mayores comienzan primer a ponerse el velo, un símbolo de rebelión este caso contra la dictadura laica de Ben Ali, el autócrata depuesto en 2010, y poco a poco comienzan a radicalizarse para acabar en el Estado Islámico.

Lejos de optar por un formato convencional, en el filme vemos el proceso por el cual unos actores discuten, y a veces dramatizan algunas escenas, con los verdaderos protagonistas de la historia para armar una supuesta película ficcionada de los acontecimientos.

Pregunta. ¿Por qué decidió rodar esta historia con esta estructura basada en la relación entre los actores y los personajes reales y no como un documental digamos convencional?

Respuesta. Comencé a hacer un documental convencional y no funcionaba. Mi primera intención era entender por qué, por qué estas chicas decidieron marcharse y después de llevar un tiempo siguiendo esa vía de un documental “normal” me di cuenta de que era fundamental rodar su pasado. En un documental obviamente no existe la posibilidad de rodar el pasado pero existe esa posibilidad de la reconstrucción (el “reenacment”) que lo permite.

»Como es un cliché que no me gusta demasiado decidí de darle la vuelta para utilizarlo como quiero. Así fue como decidí hacer una especie de teatro “brechtiano” (por Brecht) en el que no estamos en la escena, salimos de ella, cuestionamos los recuerdos y los verdaderos personajes dirigen a los actores en un diálogo libre sobre esos recuerdos para poder llegar a esa pregunta del por qué.

['Las cuatro hijas', una catarsis familiar en Túnez que aspira al Óscar al mejor documental]

P. Vemos un machismo extremo, primero el padre maltrata a su mujer y sus hijas, y después aparece el novio de la madre que viola a las niñas. La paradoja del asunto es que la madre es muy machista y después dos de las hijas acaban cubiertas de la cabeza los pies. ¿Hay una integración trágica de esa dominación masculina en estas mujeres?

R. Cuando al final la madre habla de una “maldición” se refiere a eso. En la película los hombres no son fuertes, vemos cómo su marido es derrotado por ella e incluso el policía no tiene ningún poder. El patriarcado, o la dominación masculina, está encarnado en la película mucho más en la propia Olfa que en los hombres. Ella es la persona que a causa de su infancia, de la violencia que ha vivido toda su vida, ha integrado esta idea patriarcal como mecanismo para sobrevivir. En esta película el patriarcado lo encarna una mujer.

Fotograma de 'Las cuatro hijas'.

Fotograma de 'Las cuatro hijas'.

P. El velo en Irán se ha convertido en el símbolo de la opresión del régimen y aquí vemos cómo, en los últimos tiempos de Ben Ali, las  mujeres se lo ponen para luchar contra una dictadura, adquiriendo un significado contrario de liberación. ¿Es el velo un símbolo polisémico?

R. Funciona así porque estaba prohibido. Todo lo que está prohibido se vuelve fantástico. Al final es lo mismo, tanto prohibirlo como imponerlo, lo dice uno de los actores, es una manera de controlar el cuerpo de las mujeres de una manera u otra. Cuando surge ese control surge también las ganas de contrarrestarlo. En las dos cosas es lo mismo, el deseo del Estado de controlar el cuerpo de las mujeres.

»El patriarcado está en todas partes, también en Occidente, son siglos de dominación masculina y eso no se va de un plumazo. En la épocas de Ben Ali la emancipación de las mujeres era una especie de eslogan, era una manera de decir: “Nuestra dictadura es fantástica”. Se vendía como un régimen que emancipaba a las mujeres, era una retórica de propaganda.

P. Vemos la evolución de esa joven que primero se hace gótica y se refiere al “Anticristo” y luego se convierte en islamista radical. ¿Cómo ve esa evolución?

R. Creo que eso pasa en todo el mundo. La adolescencia es una época en la que nos creamos una identidad, forma parte de ese momento de tránsito, es una búsqueda, Intentamos también confrontarnos a nuestros padres, estas niñas quieren superar la infancia mediante la cólera en esa búsqueda de la identidad.

»No le funciona lo de ser gótica y luego se va a un discurso radical que cree que le permite tener una relación de fuerza con su madre. Se convierte en una beata, en una santa. Es una evolución típica de esa edad. En otros países podría ser la droga o convertirse en punk, hay muchas opciones. Cuando has crecido en un ambiente muy duro y no has sido “bien amada” es fácil que caes en eso.

Cuando oprimes a una tendencia política se radicaliza

P. ¿El islamismo radical se ha convertido en una forma que tienen los jóvenes musulmanes de oponerse a sus padres?

R. Durante muchos años los países árabes han vivido en dictaduras, en Túnez, en Irak o en Egipto. Como en toda dictadura, no sabemos lo que pensaba la población porque las dictaduras fuerzan una opinión, no hay debate político y no sabemos qué pensaba la gente. El derrocamiento de Ben Ali fue un momento importante porque todo el mundo pudo por fin revelar sus propias creencias, de golpe, el que era de izquierdas podía decirlo y el islamista también.

»Tras años de propaganda la gente por fin podía expresar sus opiniones. Después de años de plomo, de dictaduras que se oponían a los islamistas, que lo oprimieron, salen a luz más extremistas porque cuando oprimes a una tendencia política se radicaliza porque no ha podido participar en el debate público, no han tenido una evolución histórica. Los jóvenes de Túnez vivieron muchos años de opresión y algunos cuando se terminó, ya se habían vuelto radicales por esa opresión.

Fotograma del documental 'Las cuatro hijas'.

Fotograma del documental 'Las cuatro hijas'.

P. Vemos también una familia pobre. ¿Cree que esa pobreza de alguna manera las hace más vulnerables a la manipulación?

R. Cuando haces estudios, tienes dinero, viajas… Hay una lucha de clases obvia. Los pobres han sido aplastados. Hay una violencia física sobre estas mujeres pero también económica.

P. Hemos visto varias películas tunecinas dirigidas por mujeres en los últimos tiempos como Un diván en Túnez (2019) de Manele Labidi o Entre las higueras (2022) de Erige Sehiri. ¿Cómo valora ese peso de la mujer en el cine tunecino?

R. En mi país hay muchas mujeres dirigiendo, también en Egipto, en Marruecos… desde luego eso va contra el cliché de la mujer árabe que no tiene poder ni tiene voz. Hay una generación de mujeres cineastas surgidas tras las primaveras árabes, ahora no hay censura en Túnez y eso ha creado un momento muy excitante en las artes en general. No se hacen muchas películas en Túnez porque sigue siendo un país pobre pero cada vez hay más.

P. ¿Cree que Occidente utiliza la situación de la mujer en el mundo árabe para atacarlo sin un conocimiento profundo?

R. Eso es el colonialismo, la sensación de superioridad, caricaturizas al otro. Yo utilizo todos los clichés en la película, el velo, el islamismo, pero luego lo que vemos es que en las películas las mujeres son más fuertes. No quiero hacer películas desde una mirada occidental, es mi cultura, mi país, y por eso no tengo miedo de usar esos clichés. Busco lo humano de las historias.