Ganadora del Goya al mejor cortometraje en 2020 por Suc de Síndria, una escapada a la naturaleza con una mujer que intenta sanar sus heridas con el apoyo de su pareja, Irene Moray (Barcelona, 1992) es un valor al alza en la industria española a la que han reclutado últimamente otros talentos como Leticia Dolera, para que se ponga detrás de la cámara de su galardonada y exitosa serie Vida perfecta, o Rigoberta Bandini, para que dirija el videoclip Perra junto a Elena Martín, protagonista de Suc de Síndria y cineasta reconocida gracias a su ópera prima Júlia Ist. Hablamos con Moray, que protagoniza el jueves 29 un encuentro en CaixaForum Tarragona, sobre el despertar de su vocación, sus años en Berlín, su forma de trabajar, su reivindicativo discurso en la gala de los Goya y su primer largometraje, que desarrolla estos días en la Residencia de la Academia de Cine.

Pregunta. ¿Qué le llevó a encaminar sus pasos hacia el mundo del cine? ¿Es algo vocacional o tiene más que ver con circunstancias de la vida?

Respuesta. Siempre me ha interesado el cine. Desde muy pequeña he hecho fotografía e incluso algún stop-motion, y en el cole a veces teníamos que coger la cámara, por ejemplo en una clase de inglés en la que hicimos un corto y disfruté mucho la experiencia. Traté de estudiar en la ESCAC, pero era muy caro y no vi la forma de permitírmelo. Pensé que si no podía estudiar cine no iba a poder hacer películas. Y me quedé con esa idea hasta que un día escribí un corto y me decidí a rodarlo, con colegas y de una manera muy punk. Pero me lo pasé tan bien que de repente ahí se abrió algo.

P. Ese corto es Bad Lesbian, una comedia de humor negro con mucho sarcasmo, que sigue la noche loca de una joven española que reside en Berlín. ¿De dónde surge esta historia? ¿Es tan autobiográfica como podría parecer?

R. La sensación que aborda es la misma que experimenté yo en Berlín, la de sentirme sola y que las cosas no me estuvieran saliendo del todo bien, pero hay cosas que me inventé o que exageré mucho. Al final es ficción. Lo rodé estando allí, en 2014, con muy poco presupuesto y tardé dos años en acabarlo y otros dos años en estrenarlo. Es lo que pasa cuando te lanzas a algo como esto sola, que no sabes muy bien qué hacer con el corto cuando lo acabas, a dónde mandarlo.  

P. En Bad Lesbian interpreta a la protagonista, con mucha soltura y con una gran vis cómica. ¿Le sigue interesando la interpretación o fue algo puntual?

R. Siempre me ha gustado la interpretación pero, como la industria es como es, nunca me he querido someter a juicios externos sobre mi cuerpo y ese tipo de cosas, me da mucha pereza. Antes de Bad Lesbian ya había actuado en performances y en ese papel me lo pasé muy bien. En cualquier caso, siempre le digo a mis colegas directoras que cuenten conmigo si creen que puedo hacer algún personaje en sus proyectos porque es algo que me encanta, pero no tanto como para ponerme a hacer castings.

P. ¿Considera que Bad Lesbian fue como un curso rápido de cine?

R. Aprendí mucho en Bad Lesbian, al igual que en todos los proyectos que han venido después. Estoy en continuo aprendizaje. Vida perfecta, por ejemplo, fue como un máster, porque rodamos muchos días seguidos y es algo que nunca había hecho. Los cortos pueden ser tres jornadas y los videoclips, una o dos. 

P. En 2019 estrena Suc de Síndria, por la que gana el Goya al mejor cortometraje. ¿Cuál fue el origen de esta historia tan intensa sobre una mujer que se enfrenta a las secuelas de una violación? 

R. Era un tema que estaba en el ambiente, sobre el que había hablado mucho con mis amigas, el de cómo se representa y cómo se habla en los medios de una violación. Además, por aquella época me había enamorado y pasé un verano maravilloso disfrutando de la naturaleza. Entre estas dos cosas, me llegó la inspiración e hice como una mezcla. Pero también fui descubriendo otros temas a medida que el corto avanzaba, que es algo que ocurre cuando escribes desde la intuición. Todavía me pasa cuando doy alguna charla sobre el corto, que descubro un tema que no había planteado de una manera racional, pero que está presente. 

P. Hay en el corto un mensaje muy positivo para las mujeres que han sido víctimas de una violación.

R. Sí, tenía ganas de explicar qué pasa después de una violación, cómo alguien es capaz de reconectar su cuerpo con el placer. La protagonista tiene una herida y le duele, pero no lo es todo en su vida. Por eso uso siempre la palabra superviviente. En general, creo que la sociedad hace mucho hincapié en señalar a las mujeres, en vez de responsabilizar a los hombres. Se ve cuando en un titular dicen que “una mujer muere a manos de su marido”, en vez de que “un hombre asesina a una mujer”. ¿Por qué seguimos señalando a las mujeres?

P. La fotografía de Suc de Síndria se recrea en el verano y en la naturaleza de una forma muy sensorial. ¿Cómo la trabajó?

R. Intenté que fuera lo más naturalista posible y que se acercara mucho al estilo que tienen mis fotografías. Además, había decidido ejercer yo misma de directora de fotografía del corto, algo que no había hecho nunca, y para mí fue fundamental el apoyo de Nonna Serra como operadora de cámara. Hablamos de filmar con luz natural casi todo el tiempo y, a veces, jugamos a hacer cosas que alucinaban al equipo. Por ejemplo, quería una luz super dura para las escenas de sexo, quería que el sol le diera en la cara a los personajes, porque quería explicar que es algo luminoso. Me da rabia como se rueda el sexo normalmente, con una luz super suave o a contraluz.

Imagen de Suc de Síndria

P. Me parece interesante su manera de rodar el sexo desde un primer plano del rostro de los personajes. ¿Es algo intencionado?

R. En el caso de Suc de Síndria, curiosamente, se rodó también como se tocaban los actores. Obviamente no había sexo explícito, pero teníamos ese metraje. Lo que pasa es que en el montaje nos apetecía quedarnos con sus caras. De hecho, cuando ya llevábamos varios montajes nos acordamos de ese material, lo habíamos olvidado por completo. A veces pienso que si hubiera trabajado con otra montadora quizá hubiera acabado en el corto, pero surgió así. Es curioso porque al final genera incluso más bochorno en el espectador esa intimidad tan fuerte en el rostro. Algunas personas me decían que era muy explícito, pero en realidad solo lo es a nivel emocional. En cualquier caso, creo que en el corto nos iba a favor. Pero puede ser que en una escena de sexo futura sea más explícita, no tengo pudor en ese sentido. 

P. Elena Martín hace un gran trabajo en Suc de Síndria. ¿Cómo prepararon el papel?

R. Trabajamos mucho el estado emocional del personaje, más que hablar de su biografía o de lo que le había pasado. Tratábamos de entender cuál era el viaje emocional del personaje durante el tiempo del cortometraje y utilice con Elena ejercicios de tantra y meditación para guiarla. Por ejemplo, hablábamos de que cuando el personaje tenía sexo veía un punto negro que se iba haciendo grande y que le empezaba a dar miedo y por eso paraba. Y en la escena en la que ella finalmente tiene un orgasmo se dejaba caer en ese agujero negro que le daba tanto terror y que al final a donde la llevaba es al placer. Trabajamos con imágenes un poco abstractas. Ahora lo explico y me suena rarísimo, pero desde la intuición encontramos un lenguaje para que Elena entendiera físicamente cómo colocarse y cuál era el vértigo.

P. ¿Cree que tiene solución de continuidad este método?

R. Depende. Si hiciera algo tipo Bad Lesbian seguramente no, pero por ejemplo en el videoclip de Perra sí que les hice una meditación a las chicas. Básicamente, para mí es muy importante el ambiente que se crea en un equipo y necesito también estar conectada. En este rodaje al tiempo que dirigía a las actrices estaba llorando con ellas. Intento conectar con la emoción para que la actriz pueda canalizarla o imitarme. Es una forma más horizontal de dirigir, te mojas con el intérprete en vez de dejarlo solo. Puede que sea una forma absurda de gastar energía, pero es como me nace, es mi manera de relacionarme con el mundo. Pero sé que hay proyectos en los que no se puede trabajar así, porque habrá actrices y actores que no lo entiendan. Ya me ha pasado en Vida perfecta, en donde no conocía tanto a los actores y no tuvimos mucho tiempo de ensayo. Por eso, tuve que encontrar otras maneras de comunicarme porque no todo el mundo es así de místico. Pero es una herramienta que puede usarse o no.

Rigoberta Bandini - PERRA (Videoclip)

P. Como mencionaba, ha rodado a cuatro manos con Elena Martín el videoclip de Perra de Rigoberta Bandini. ¿Cómo surgió este proyecto y sobre qué idea o concepto lo construyeron?

R. Paula Ribó es amiga mía desde hace tiempo y, antes de que empezara con el proyecto de Rigoberta Bandini, me mandó en una nota de audio esta canción y me emocionó muchísimo. Era una versión muy emotiva y muy triste. La saque con la guitarra, la cantaba, y siempre pensé que me hubiera gustado componerla a mí. Por aquel entonces, ya le dije a Paula que quería hacer el videoclip de la canción. Cuando ya sacó el proyecto de Rigoberta, nos escribió a Elena y a mí para que lo hiciéramos y nos sorprendió que en la producción la canción había cambiado mucho. La primera imagen que me vino a la cabeza fue la de Paula vestida de una manera muy glamurosa, rodeada de perros un poco pijos que tiraban de ella. Luego Elena tuvo la idea de hacerlo en una casa, con hermanas y perras. Fue todo derivando, porque me vino también esa imagen de las hermanas cortándose el pelo y haciendo con él un abrigo. Al final, Elena y yo tenemos una sensibilidad muy similar y fue muy fácil crearlo juntas.

P. Ciertos momentos recuerda a la catarsis de Midsommar, el filme de Ari Aster…

R. Es un comentario que nos han hecho mucho, pero yo todavía no la he visto. A Elena le hace mucha ilusión porque le gusta mucho esa película. Es verdad que queríamos hacer algo muy cinematográfico, que al principio pudiera parecer una película de terror, jugar con esa estética. También nos decían que los títulos de crédito recuerdan a El proyecto de la bruja de Blair.

P. ¿Cómo recuerda la noche de los Goya y la repercusión de su reivindicativo discurso?

R. Para que te hagas una idea, soy vegetariana y esa noche me comí tres platos de jamón porque no había nada más. Me dije: “Una noche es una noche”. Estaba desbordada totalmente, pasé muchos nervios, pero me quedé muy a gusto con el discurso, fue muy emotivo y me lo pasé súper bien. Me hizo mucha ilusión. Luego es verdad que estuve un par de días de resaca, pero no de alcohol, de resaca emocional, llorando... Es que fue un poco raro. Recibí mucho apoyo, pero también muchas críticas. Lo digo un poco en broma, pero entonces no sabía ni que Twitter existía. Nunca me había enfrentado a insultos y me afectó durante un par de días, hasta que me di cuenta que si esa gente me insultaba era porque le había tocado alguna fibra. Al final, era un discurso desde el amor y lo preparé pensando cuál era el mensaje y cuáles las palabras que podían servir para abrazar a las personas que habían vivido algo como lo que relatamos en el corto. Quería que fuera un mensaje esperanzador y luminoso construido con las palabras que suelo utilizar. La gente se sorprendió por lo de “correrse” y no entiendo que les volara tanto la cabeza. 

Suc de síndria, Goya a Mejor Cortometraje de Ficción en 2020

P. ¿Le ha abierto puertas el Goya?

R. Sí, muchas. Tengo la sensación de que el hecho de tener un Goya sirve para que la gente que me quiere en un proyecto pueda respaldar su propuesta. Antes, si a alguien le gustaba lo que hacía, le hubiese sido difícil convencer a una cadena para que contara conmigo. En cambio, ahora… Los artistas que ya han vendido un cuadro en una exposición tienen más opciones de que les compren otro que los que no han vendido ninguno. Lo veo similar. 

P. ¿En qué está trabajando ahora?

R. Estoy escribiendo mi primer largo en la Residencia de cine de la Academia, en la que hay varios proyectos muy interesantes. Estoy sufriendo a ratos, pero también pasándomelo muy bien, intentando que vaya creciendo y salga adelante. Es un proceso muy largo. Se va a parecer más a Suc de Síndria que a Bad Lesbian, pero tiene como un mecanismo de realismo mágico, que es algo que me interesa mucho. 

P. En Barcelona ha surgido una generación de creadoras muy interesante, que pone el foco en lo femenino. Pienso en Elena Martín, Belén Funes, Carla Simón… 

R. Sí, no es que seamos amigas de siempre, pero estamos intentando decir no a la competitividad, crear una red de apoyo y generar espacios más sanos. El éxito de una es el éxito de todas y nos alegramos mucho cuando a una de nosotras le va bien. Es una nueva generación, en la que hay hombres también, que intentan disolver ciertas jerarquías para que todo sea más colaborativo. E incluye a músicos también como María Arnal o la propia Rigoberta Bandini. Aunque yo vivo ahora en Madrid, sí que es verdad que Barcelona está muy viva en ese sentido. En cualquier caso, yo reivindico que no hay una sola voz femenina. Es muy interesante que haya mujeres dirigiendo porque cada una tiene su propia visión del mundo, y esto es muy enriquecedor para la cultura, para el arte y para el cine. 

@JavierYusteTosi