“Yo lo que tengo que hacer es contar mi vida, que es lo que han hecho los buenos, porque todas las vidas son iguales y tienen temas comunes a la especie humana. El amor, la soledad, la ambición, el sexo, el instinto de matar, el instinto de morir… Y por tanto, contando mi vida estoy contando a los demás”. A pesar de estas palabras, y de haber escrito 10.000 artículos en prensa y casi 200 novelas, casi todas basadas en sus experiencias personales, Francisco Umbral (Madrid, 1932 - Boadilla del Monte, 2007) continúa siendo hoy un enigma en el que es difícil distinguir la realidad y la ficción. Fue el propio escritor quién decidió de manera consciente alterar su identidad y construir un personaje, que como ocurrió con Valle-Inclán o Dalí, acaparó todos los focos y dejó en sombra algunos de los aspectos fundamentales de su existencia. En 2007, cuando el escritor falleció, ni siquiera se conocía su nombre real.

La investigación que dio lugar a la genealogía de Umbral es una de las vertientes narrativas que explora el documental Anatomía de un dandy, de Charlie Arnáiz y Alberto Ortega, que se presenta el 26 de octubre en la Seminci de Valladolid y que llegará a las salas el 20 de noviembre. Un trabajo emocionante que arranca con la llegada del escritor a Madrid, su introducción en el ambiente del Café Gijón y la adquisición de una máquina de escribir, que según sus propias palabras, “manejaba y acariciaba como si fuese una ametralladora”. “Durante toda su vida se marcó una hoja de ruta para convertirse en Francisco Umbral”, comenta Charlie Arnaiz. “Fue un acto programado que le costó mucho esfuerzo, no fue algo aleatorio ni cuestión de azar. En él mismo se mezclaba la ficción con la realidad. Entonces, nuestro trabajo ha consistido en ir desenmascarando a este personaje para ver quién hay detrás de todas esas capas y armaduras que construyó”.

“Hablamos de los años 60, cuando él empieza a contornearse en un dandy”, explica el poeta y periodista Antonio Lucas en el documental. “Empieza a vestirse con esos abrigos, con el cuello de piel de astracán y esa bufanda. Lleva melena, el cuello alto. Es un disfraz que uno se pone para desafiar”. El mismo Umbral se definía como un quinqui vestido por Pierre Cardin y pronto empezó a ganar fama en la capital y en todo el país. Llegó a publicar sus artículos hasta en 14 periódicos a la vez y cuando le dieron el Premio Nadal por Las Ninfas en 1975, algunas voces socarronas anunciaban que al Planeta le habían dado un Umbral. En ese momento ya era toda una celebridad.

Pero si el documental es capaz de dibujar al personaje, también triunfa a la hora de tratar de sacar a la superficie lo que se escondía detrás. Y quizá, en este sentido, no haya en la vida de Umbral un episodio más revelador y triste que el de la muerte de su hijo Pincho, que falleció con tan solo seis años por culpa de una leucemia, experiencia que el escritor recogió en el libro Mortal y rosa. “A mí ese libro me dejó totalmente noqueado cuando lo leí en mi adolescencia, pero obviamente no lo entendí como puedo hacerlo ahora que tengo dos hijos”, comenta Arnaiz. “Ahora hay partes del libro que no puedo leer. Uno de los momentos más demoledores de la producción ocurrió cuando encontramos unas cintas que nunca se habían escuchado en las que Umbral habla con su hijo y ves la relación que tenía con él”. “De hecho, tardamos varios días en averiguar que la voz que se escuchaba era la del propio Umbral ya que su tono de voz cambiaba completamente cuando hablaba con el niño”, añade Alberto Ortega. “En estas circunstancias, olvidaba hasta tal punto el personaje que su voz era difícil de identificar”. 

Como dice su viuda, María España, en el documental, para Umbral hubo un antes y un después tras la muerte del niño en el 74. “No encuentro palabras para decir lo que sufrió Paco durante toda la enfermedad y toda esa ternura y toda esa disposición a jugar con el niño, y enseñarle a leer y todo lo que inventaba para que Pincho no se sintiera mal”.

Crónica malvada 

Tras la fatalidad, Umbral se dedicó como nunca antes a escribir y creó un estilo de crónica poético malvada en la contra de El País con la que se convirtió en toda una celebridad en los años de la Movida (término que parece que él mismo acuñó). “Me encanta porque es media hora deliciosa de insultar al personal: famosos, millonarias, putas… Es una especie de purga matutina y luego ya me pongo a escribir cosas más serias”, comentaba el escritor. De aquellas crónicas, destaca la capacidad que tenía Umbral para captar el lenguaje de la calle, que según él mismo tenía tres fuentes principales: la droga, la cárcel y el rock. Por aquella época también era fácil verle en televisión ejerciendo de provocador y testando los límites de la corrección política. De manera que el documental, además de un retrato del escritor, por momentos se convierte en el retrato de toda una época. “Y, además, hablamos de una época que ya no existe. El Madrid de sus libros se ha perdido y el Café Gijón ya no es más que un parque de atracciones”, asegura Arnaiz. “Ocurre algo parecido con la televisión, que ya no sé si aceptaría a un personaje tan polémico y políticamente incorrecto como él, que se definía como un escritor espectáculo”.

El documental tiene además el valor añadido de ofrecer al espectador documentos exclusivos. El gran archivo del escritor permanecía inalterable en La Dacha, la legendaria casa familiar de Majadahonda: fotos inéditas, cintas de cassette, borradores, cartas... Y los realizadores tuvieron la fortuna de contar con acceso a todos estos tesoros entre los que destaca una serie de cintas de audio privadas donde Umbral contaba al escritor Eduardo Martínez Rico aspectos de su vida desconocidos para la gran mayoría. En cualquier caso, Arnaiz y Ortega han intentado trascender la mera hagiografía y para ello cuenta con amplia nómina de entrevistados: Raúl del Pozo, Pedro J. Ramírez, Rosa Montero, Juan Cruz, Manuel Jabois o el recientemente desaparecido David Gistau.

@JavierYusteTosi