La directora Neus Ballús (Mollet, 1980) obtuvo un gran reconocimiento con su primera película, La plaga (2013), en la que ofrecía un retrato caleidoscópico de la periferia de Barcelona a partir de la dispar experiencia de unos personajes ordinarios que su cámara convertía en extraordinarios. Premiada en Berlín, la cineasta partía del documental para crear una obra con aires de película de ficción en la que se fijaba especialmente en las dificultades de los inmigrantes por integrarse en sus sociedades de adopción. De esta manera, el luchador Iurie se convertía en el protagonista de un filme en el que la convivencia entre habitantes de toda la vida y los recién llegados vertebraba un rico retrato de unos personajes a los que los medios de comunicación y la sociedad no presta mucha atención y que en el metraje adquieren gran fuerza dramática.

En su nueva película, Ballús hace el recorrido contrario y si en La plaga veíamos las dificultades de los extranjeros en nuestro país, en El viaje de Marta se trata de asistir a las desventuras de una joven catalana en viaje familiar como turista en un resort de Senegal. La directora sitúa la acción en uno de esos hoteles de pulserita con todo incluido en el que la adolescente protagonista (Elena Andrada) se aburre mientras discute con su padre (Sergi López, lo mejor de la película con su caracterización de un hombre con numerosos ángulos oscuros) y con su hermano pequeño. En medio del tedio, sintiéndose culpable por llevar una vida frívola encerrada mientras permanece ajena al verdadero drama humano que se vive en el país, comienza una relación con un veinteañero senegalés que trabaja en el recinto haciendo las fotos y los vídeos.

Con El viaje de Marta, Ballús nos quiere contar por una parte una historia de iniciación a la vida de una adolescente con buen corazón pero excesivamente ingenua y también una metáfora política. Ya se sabe que el infierno está lleno de buenas intenciones y la protagonista se va enredando por unas ganas de ayudar que se mezclan con su incapacidad para comprender la verdadera situación y problemática de aquellos con los que quiere ser generosa. De esta manera, tratando de superar su condición de “turista convencional”, la protagonista acaba haciendo más daño a su alrededor del que repara.

Interesante reflexión sobre la posibilidad no solo de convivencia también de que se puedan establecer verdaderos lazos afectivos y emocionales entre personas que gozan de suertes y perspectivas vitales muy distintas, ese “viaje de Marta” es en realidad un viaje de descubrimiento de la protagonista de la propia fragilidad de sus emociones así como de los primeros atisbos sobre cómo funciona un mundo que, como es sabido, es profundamente injusto. El rey de la función, como se ha dicho, es ese atemorizante Sergi López, un personaje con aires siniestros que la gran interpretación del actor logra dotar de enorme humanidad.

@juansarda