José Sacristán y Miguel del Arco, en el rodaje de Las furias

Vuelve a Valladolid este sábado, 22, una nueva edición de la Seminci. A los trabajos de Paskaljevic, Farhadi, Alberto Morais y Mariano Cohn, se añade este año el estreno en la dirección cinematográfica de Miguel del Arco, que debuta con Las furias, una intensa y descarnada reflexión sobre la familia con José Sacristán, Carmen Machi, Gonzalo de Castro, Bárbara Lennie y Alberto San Juan encabezando el reparto.

Tras una extensa y reconocida trayectoria teatral, con varios premios Max por obras como La función por hacer y Veraneantes, y con el VII Premio Valle-Inclán por De ratones y hombres, el dramaturgo, director y productor teatral Miguel del Arco (Madrid, 1965) se ha enfrentado al reto de dirigir su primera película: Las furias. Autor del guión, reúne en este debut el espíritu de la tragedia griega clásica y el legado de Bergman y Carlos Saura para narrar las cuitas de una familia burguesa madrileña marcada por el amor y el odio en un país como España, en el que, como dice del Arco “los lazos familiares son muy fuertes”.



Emma Suárez, José Sacristán, Carmen Machi, Gonzalo de Castro, Bárbara Lennie y Alberto San Juan encabezan el reparto de un filme sobre unos personajes tan desorientados como esa niña con ataques de pánico a la que se le aparecen "las furias" que sirve como catalizadora de las tensiones de una familia marcada por la distancia. Una vieja casa de campo en venta como símbolo de la desintegración es el escenario de una catarsis en la que el director de Kamikaze, que acaba de hacerse cargo de la gestión del madrileño Teatro Pavón, logra un sobrio drama sobre la familia.



Pregunta.- Después de la televisión, el teatro y varios cortometrajes, ¿el cine era un paso lógico?

Respuesta.- ¡Hasta que no haga tres películas y cinco obras de teatro en un solo año como Bergman no me daré por satisfecho! Hablando en serio, es algo que me apetecía mucho hacer. Soy muy disciplinado y cuando escribo cine reprimo al director de teatro y al revés. En realidad, escribir cine es más sencillo porque escribes en el guión que hay una playa y después ruedas en una playa. No tienes que hacer que el público se lo imagine...



Familia y tragedia

P.- Una familia y una casa de campo en venta que simboliza su ruptura. ¿Ha querido jugar con elementos clásicos?

R.- No he escrito esta película para epatar. Son elementos clásicos y la innovación tiene que venir por otro lado. A pesar de que en este país la familia tiene un peso enorme y llevamos la sangre a muerte no hay muchas películas sobre la familia. Es una historia que quiero contar desde nuestras peculiaridades y nuestro lenguaje.



P.- Decía John Wells, el adaptador de Agosto (2014), que es “inútil huir de la familia”. ¿Estamos atrapados?

R.- Crecemos pero nunca dejamos de ser los niños que una vez fuimos. Esa procedencia te marca porque la familia es donde te has desarrollado. La mirada de tus padres te devuelve a esa posición del niño que fuiste. Con el tiempo envejeces y poco a poco vas ocupando su lugar mientras ellos se vuelven ancianos... algo trágico.



P.- Son personajes que hablan mucho y que se expresan bien, algo poco frecuente en el cine español...

R.- Los productores leían el guion y me decían que hablaban demasiado. Quizá el problema es que vengo del teatro. El otro día vi Los odiosos ocho de Tarantino. En cierto momento de la película para la acción y hay un diálogo con Samuel L. Jackson de quince minutos que no aporta nada a la trama. A mí me fascina. Otro referente es Aaron Sorkin. Hay un cine demasiado empeñado en la imagen cuando la palabra es lo que nos define como seres humanos. En el cine español abundan los actores ininteligibles. A mí me gusta que digan cosas tremendas sin resultar petulantes.



P.- En el filme hay una reflexión sobre la palabra. ¿Cree que comunica o es un método de ocultación?

R.- Esa reflexión sobre la palabra está en casi todos mis trabajos. Hablar es muy complicado porque todos arrastramos muchos handicaps y hemos tenido que ir pagando peajes. Puede ocurrir que seamos capaces de articular un discurso inteligente para describir la realidad pero no seamos capaces de expresar nuestras emociones. El ruido de la vida te impide a veces escuchar los sentimientos.



Un mito profundo

P.- El mito griego de “las furias”, esas “erinias” de la mitología griega que según Hesíodo prodigaban venganza, sirven como metáfora del mal. ¿Cuál es su papel?

R.- Ahora nos hemos vuelto muy básicos y muy poco imaginativos con el lenguaje. Los griegos tienen esa capacidad de contar las cosas más sencillas y complejas como la venganza, el deseo sexual o el desgarro que nos produce nuestra familia contando historias maravillosas a través de los mitos. Descubrí los mitos griegos con Antígona y desde entonces me fascina esa capacidad narrativa para contar emociones muy primitivas y profundas. Muy aplicables al día a día.



P.- Hay algo muy “francés” en el filme que nos recuerda a Las horas del verano (2008) de Assayas o a Desplechin.

R.- Admito la influencia de Desplechin. Del cine francés me gusta el drama pero no lo soporto cuando hacen comedia. Son muy básicos.



P.- ¿Hay mucha diferencia entre dirigir una película y una obra de teatro?

R.- La dirección de actores casi no cambia. En cine tienes distintos tipos de planos pero en teatro también puedes forzar la mirada del espectador y crear planos cortos. La diferencia fundamental es el aspecto técnico y el proceso. En una película son piezas mucho más cortas, no eres dueño y señor de toda la función y los actores no desarrollan su personaje de una sola vez. Esta película la hemos empezado a rodar por el final y todo eso marca un trayecto más complicado.



P.- Es una película cruda, ¿quería terminarla con un poco de esperanza?

R.- No estoy de acuerdo en que sea un final muy feliz porque en realidad no se soluciona nada. Lo que quiero mostrar es que la vida se abre paso, la vida se impone, por mucho que quieras detenerla.



@juansarda

Directores a por la Espiga

En su 61 edición, la Seminci apuesta por grandes directores como el serbio Goran Paskaljevic, que presentará Tierra de dioses, donde se traslada al Himalaya para hacer un retrato del sistema de castas y la situación de la mujer en la India. El iraní Asghar Farhadi, ganador de un Oscar por Nader y Simin, una separación (2011), concursa con The Salesman, una historia en torno a las expresiones culturales del machismo.



La india Deepa Mehta presentará Anatomía de la violencia, en la que mezcla documental y ficción para narrar la tristemente célebre violación y asesinato de una mujer por seis hombres en 2012 en Nueva Delhi. Y después de su éxito en el Festival de Venecia, el argentino Mariano Cohn presenta El ciudadano ilustre, donde un escritor que ha ganado el premio Nobel regresa al pueblo natal que ha retratado de manera despiadada en sus novelas.



Llega una edición marcada por las películas asiáticas, latinoamericanas y africanas. Como la egipcia Clash, de Mohamed Diab, la tunecina Hedi (Mohamed Ben Attia) y los dramas brasileños Madre solo hay una (Anna Muylaert) y Aquarius (Kieber Mendonça Filho). Además del estreno de la primera película de Miguel del Arco, la participación española, escasa este año, se completa con el último filme de Alberto Morais, La madre.