Tanya Wexler
P.- Es curioso que una película tan arquetípicamente británica como Hysteria tenga una directora y una protagonista estadounidenses como usted y Gyllenhaal. Recuerda a esa querencia del californiano James Ivory.
R.- Es un cumplido, Howard's End es una de mis películas favoritas. Un ejecutivo de Sony me dijo que Hysteria es Howard's End con vibradores. En el caso de Gyllenhaal me funcionaba porque ella es la rebelde y entonces tiene sentido que también sea de otro país. Pero todo lo demás es británico y es una coproducción con Europa. Para mí era importante que pareciera una película británica para que esa internacionalidad tuviera un centro. Lo que lo hace gracioso es ese escenario victoriano tan específico, y eso es la inspiración para crear una screw ball comedy.
P.- En la película vemos cómo un médico provoca orgasmos a decenas de mujeres con un prototipo de consolador como remedio médico. Es un acontecimiento realmente sorprendente que utiliza para oponer la dialéctica entre modernidad y tradición o pasado.
R.- Fue el tiempo de Freud, de la electricidad, acababan de instalar alcantarillas modernas hacía unos años. Fue una época de gran excitación y de grandes avances. El protagonista hace ver que no sabe lo que está sucediendo porque sigue funcionando con esos conceptos de "histeria" que intuye que no son correctos. El desequilibrio se crea porque ella sí asume su desacuerdo con la sociedad y no tiene miedo de expresarlo. Me gusta pensar en mi película en términos más sencillos, va de un chico que se pierde por el camino y finalmente encuentra su lugar.
P.- A veces, el feminismo se ha asociado a un cierto puritanismo o cuando menos a un rechazo a la visión de la mujer como ser sexual sino intelectual y capaz. Usted mezcla ambas cosas.
R.- Primero hay que colocarse en ese época, entonces no se consideraba sexo que un médico introdujera un consolador en la vulva de una mujer hasta provocarle un orgasmo porque el sexo era procreación y allí eso no sucedía. Creo que el feminismo se ha malinterpretado de muchas maneras. Mucha gente piensa que el feminismo está en contra de los hombres o del sexo. Soy más compleja para categorizarme de alguna manera. Soy lesbiana, tengo cuatro hijos, tres niñas y un chico, ¿cómo voy a odiar a los hombres? No estoy segura de que todas las mujeres tengan que ser lo mismo porque no tiene sentido, somos muy distintos. Para mí el feminismo tiene que ver con la igualdad de oportunidades. Significa, déjame ser lo que quiera, ama de casa o astrofísica, y poder decidir por mí misma.
P.- En este sentido, el consolador se convierte en símbolo de liberación femenina.
R.- ¡Porque la película reivindica el placer! Quizá hay un discurso feminista que hubiera dicho que el consolador es un elemento de dominación o un fraude, etc. Pero me sumo al punto de vista de Gyllenhaal cuando dice que es algo maravilloso porque ha hecho feliz a mucha gente y no ha hecho daño a nadie. La búsqueda del placer, la insatisfacción, no es una enfermedad, es un derecho. Ya hay demasiado dolor en el mundo, hay que dejar que las cosas divertidas sean divertidas.
P.- Oscar Wilde es siempre el referente inevitable cuando vemos este tipo de películas.
R.- Desde luego, es una inspiración. Pero hay una diferencia. En esa época había unas restricciones morales muy fuertes. Él trataba de decir sin decir y al mismo tiempo demostrar lo absurdas que son algunas convenciones sociales. Había un sentido de la negación muy fuerte que sigue existiendo, seguimos escondiendo muchas cosas y eso es lo que hace esta película, mostrar cómo somos capaces de no ver lo que tenemos delante de nuestras narices, no de sugerirlo como Wilde. Porque entonces, a la vista de todo el mundo, en una sociedad super conservadora las mujeres se dejaban masturbar. Y eso se negaba en su verdadera esencia, en lo que de verdad era. Hoy nos parece increíble, pero estoy segura de que dentro de un siglo muchas de las cosas que hacemos hoy nos parecerán absurdas porque entenderemos realmente lo que son.
P.- El concepto de "histeria femenina" no fue eliminado hasta mediados de los años 50. Es terrible.
R.- Cuanto más pienso en ello, siempre me parece más extraño e inexplicable. Es algo que sucede en todos los lugares constantemente, cómo tu sexo, tu raza, tu orientación sexual o la ropa que llevas te coloca en un lugar u otro o genera una serie de prejuicios inmediatos sobre ti. Estoy segura de que puedes hacer un drama terrible sobre esta discriminación, pero para mí tenía sentido hacer una comedia que recalcara lo absurdo que es. Las feministas también pueden ser felices.
