El cine es viajar y las películas deberían proponer viajes. Bajo ese compromiso, ese concepto del cine, ha desarrollado la cineasta belga Chantal Akerman (Bruselas, 1950) gran parte de su filmografía. La editora Intermedio lanza estos días al mercado videográfico el cofre Exilios, colocando por primera vez bajo el radar de la cinefilia española los diarios de viaje de una extraordinaria cineasta prácticamente inédita hasta ahora en nuestro país. El digipack, editado en una lujosa edición bilingüe (4 DVD + Libreto), que también podrá adquirirse en el mercado francés, rescata cuatro joyas cinematográficas, los largometrajes Del Este (D'Est, 1993), Sur (Sud, 1999), Al otro lado (De l'autre coté, 2002) y Allá (Là-bas, 2006), un recorrido de algo más de una década en la valiosa filmografía de Akerman que recoge sus más emblemáticas "películas de viajes".



Diarios filmados, correspondencias, cuadernos de viaje... la obra de Chantal Akerman, una de las cineastas en activo más valiosas de la modernidad europea (junto a coetáneas como Agnés Varda), pertenece a la estirpe de los autores que vuelcan intimidad y rigor cinematográfico en su filmografía -debutó en 1968 con Saute ma ville y ha realizado 45 películas-, con una voluntad creativa que se mueve indistintamente en los territorios de la ficción y el documental, fundiendo ambos registros con asombrosa naturalidad. En su largometraje más (re)conocido, Jeanne Dielman, 23 Quai du Comerse, 1080 Bruxelles (1975), su poética interesada en el estatismo de la cámara y el minimalismo narrativo alcanza su máxima expresión. A lo largo de 200 minutos, la cámara de Akerman escrutina durante tres jornadas el quehacer diario de una ama de casa, interpretada por la musa del cine francés Delphine Seyrig. Seguiría después desarrollando su discurso doméstico, a la vez que inevitablemente político, en obras como Je tu il elle (1976) y Les rendez-vouys d'Anna (1978), si bien aparte de la dedicación al cine íntimo, la actividad de la cineasta belga la convierte en una directora versátil y compleja. A lo largo de los años, su filmografía recorre tanto obras con vocación experimental, como filmes de orientación comercial (Tout une nuit, 1982; Romance en Nueva York, 1996; La Captive, 2000), cortometrajes, documentales y hasta tv-movies.



El cofre Exilios, como si fuera un cuaderno de bitácora, permite seguir la evolución del cine de Akerman a través de los viajes que ha realizado en los continentes europeo y americano de 1992 a 2006, "desplegando los temas del exilio, del racismo, y abriendo su cine a las experimentaciones, por entonces, nuevas, de la videoinstalación", según explica el crítico Cyril Béghin en el libreto que acompaña la edición de las películas. En Del Este, filmada en 16mm, Akerman emprende una travesía por Europa, de Berlín a Moscú, para registrar en diversos planos fijos el nuevo paisaje y el imaginario descompuesto de los países del Este tras la caída del comunismo. El origen judío de Akerman también es un tema perpetuo en sus intereses creativos, que queda reflejado en Allá, donde la cineasta se encierra en un piso en Tel Aviv, y mientras filma su entorno más próximo elabora reflexiones en torno a su identidad, el acto creativo, recuerdos de infancia y la memoria de la exterminación y del exilio. Este filme mantiene ciertas correspondencias con los Diarios (1973-1983) de David Perlov (Re-voir, Francia), otra figura destacada del cine en primera persona.





En Sur, quizá la película del pack más cercana al documental convencional (aunque no sea un filme para nada convencional), Akerman viaja al pueblo sureño de Jasper (Texas, USA), donde un negro fue brutalmente asesinado por cuatro "supremacistas blancos" en un crimen de motivación racial, y filma los testimonios y las secuelas que ha dejado en la pequeña comunidad el brutal linchamiento. Un ejemplo: el plano final es el recorrido en travelling de las tres millas que recorrió el coche que arrastró hasta despedazarse el cuerpo de James Byrd en una noche de 1998. La investigación de la pulsión racista al sur de Estados Unidos también es uno de los motores de Del otro lado, filme en el que Akerman se sitúa en la frontera con México para filmar el paso clandestino de inmigrantes ilegales, el retrato de dos mundos opuestos pero apenas separados por una valla y la atenta mirada de los servicios de inmigración.