Fotograma de la película Diario de una ninfómana
¿Son los pezones masculinos una chapuza evolutiva? ¿Qué función tiene el orgasmo femenino en la reproducción? ¿Por qué más de 4.000 recién nacidos de todo el mundo presentan anomalías en la diferenciación sexual? José Antonio López Guerrero, profesor del CBMSO-UAM, analiza los últimos estudios publicados.
Según se ha podido constatar en modelos de ratones transgénicos, una simple -o no tan simple- mutación en un gen del diminuto cromosoma Y puede acarrear que todo el esquema de inducción del desarrollo sexual masculino se vea truncado y, por ende, el patrón base -fenotipo femenino- se imponga con toda su fuerza; con toda su belleza; sin 'contaminación' masculina. Dicho en otras palabras; todos -todos y todas- hemos tenido el esquema de desarrollo embrionario que conduce al nacimiento de una niña. Hace falta la activación de toda una batería de genes durante la embriogénesis temprana para inhibir la formación de los conductos de Müller -etapa previa a la formación de los órganos reproductores femeninos- y, con ello, conducir hacia el nacimiento del hermanito.
Precisión genética
Desde luego, se me antoja fascinante la precisión genérica que recae en un pequeño grupo de genes que permitiría abordar -o al menos especular- cuestiones tan esenciales como la evolución divergente que condujo a la formación de sexos distintos, aunque con sus pequeñas muestras de 'tacañería' estructural, como parece indicar la presencia de pezones en el hombre, o a la también controvertida -y pido perdón por utilizar adjetivos que no son míos- manifestación del orgasmo en las mujeres.
Fotograma de la película Habitación en Roma.
Cromosoma Y sexo
Tal y como se acaba de señalar, el desarrollo masculino se perfila con la activación de un factor -MIF o factor inhibitorio mülleriano, también conocido como AMH u hormona antimülleriana- que conducirá hacia la inhibición de la formación de los conductos de Müller. En una serie de experimentos muy elegantes aparecidos en la revista Nature, y mediante la elaboración de ratones manipulados genéticamente, se comprobó que si a un ratón XX se le introduce el gen SRY -gen de la región del cromosoma Y determinante del sexo-, esta 'hembra genotípica' (genética) se desarrollará fenotípicamente (morfológicamente) como un macho completo.
De hecho, al contrario que en humanos, la reversión sexual de ratones no implica esterilidad. Sin embargo, si a un ratón XY se le muta SRY, tendremos una hembra física y mentalmente completa. En humanos existe una serie de síndromes o disfunciones asociadas a este gen. Por ejemplo, al menos en el 15-20% de las personas con el síndrome Swyer -disgénesis gonadal 46,XY- se ha observado mutaciones en SRY. Un feto con esta mutación se desarrollará como niña. Por el contrario, un feto con un cromosoma X portador del gen SRY -propio del "desorden testicular del desarrollo sexual 46,XX"- desarrollará características masculinas a pesar de no tener el cromosoma Y. Por si fuera poco, también podemos encontrarnos casos intermedios con genitales ambiguos. En resumen, resulta realmente fascinante ver cómo la expresión de un único gen es capaz de modificar completamente un proceso tan maravillosamente complicado como la diferenciación sexual en mamíferos.
Presude-to-desire de Kitagawa Utamaro.
Cuestión de fertilidad
Según publica PLoS ONE, un estudio llevado a cabo por investigadores del CSIC -en colaboración con el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y la Complutense de Madrid- demuestra que el gen Gadd45g regula positivamente SRY. Su inactivación, mutación o ausencia frenaría el desarrollo de las gónadas masculinas y favorecería la aparición de los ovarios -aunque el individuo sea XY-. Según afirma desde el Centro Nacional de Biotecnología Jesús Salvador, director del proyecto, Gadd45g se revela esencial en la fertilidad, determinación y definición del sexo, siendo importante durante el estudio y análisis de la etiología de estas anomalías geno y fenotípicas.Soy consciente de lo espinoso que puede parecer hablar del orgasmo femenino en un contexto en el que estamos tratando esa evolución 'tacaña' que aprovecha grupos estructurales durante la generación, incluso, del dimorfismo genérico -diferencias morfológicas entre sexos-. Al contrario que en el hombre, el orgasmo femenino puede prolongarse varios minutos. Sin embargo y curiosamente también al contrario que en el hombre, dichos orgasmos femeninos no parecen influir directamente en la capacidad procreadora -el fin último de cualquier especie-. Entonces, ¿a qué obedecen? Algunos estudios, considerados con cautela, hablan de la necesidad de dejar inmovilizada a la mujer tras el acto para favorecer la mayor movilidad de los espermatozoides y su inyección en el útero. En el extremo opuesto, el científico norteamericano Stephen Jay Gould llegó a insinuar que, al igual que los pezones en los hombres, el orgasmo femenino no tendría por qué tener ninguna función esencial. En su Natural History, este gran comunicador nos proponía la posibilidad de que el orgasmo femenino, como el clítoris, pudiera ser parte del patrón unisex de desarrollo morfológico humano comentado anteriormente.