Electroscopia del virus de la gripe H7N9. Cortesía CDC/Cynthia S. Goldsmith/Thomas Rowe

Recientemente, el virus H7N9 se hacía global con la detección del primer caso fuera de la China continental. Mientras la OMS reconocía su virulencia, los científicos no dejan de estudiar sus características. El virólogo José Antonio López Guerrero, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM), lo compara con miembros de la misma familia.

Hay que reconocer que para no ser considerados oficialmente "seres vivos", los virus dan mucha guerra. Sus altas tasas de replicación, mutación-adaptación y diseminación en la naturaleza hacen que no exista un verdadero ser vivo que esté a salvo de infecciones virales. Como parásitos intracelulares, los virus tienden a adaptarse y coexistir en equilibrio con su hospedador-reservorio natural. El problema surge cuando se saltan estas barreras y un virus, emergente o no, entra en contacto con la diana equivocada. En este sentido, los de la gripe son especialmente notorios: a su faceta, como virus ARN, de poseer altas tasas de mutación durante la replicación, se le suma la de tener un material genético fragmentado en ocho segmentos individuales que, como si fueran cromos, pueden intercambiarse durante la confección de distintas cepas, emergiendo un virión nuevo. Aquí radica el peligro real de los influenzavirus -la forma técnica de referirse a los virus de la gripe- aviarios H5N1 o H7N9.



Con el estudio de la horrible gripe española (que no fue tal) de 1918, quedó claro que la hemaglutinina (HA) es un factor de virulencia clave. Investigaciones polémicas -con autocensura final y todo- de dos grupos de virólogos demostró, el año pasado, que con un número pequeño de mutaciones sobre la HA, el virus H5N1 podía infectar hurones. Según los autores, estas mutaciones podrían darse de forma natural. De hecho, en torno a 400 personas perdieron la vida desde 2003 debido al aviario H5N1, más de la mitad de los infectados. Curiosamente, un año después de dicha investigación, un equipo de científicos chinos coordinado por Hualan Chen, viróloga del Instituto de Investigación Veterinaria de Harbin (situado en el nordeste de China) acaba de mostrar en Science -con referencia en Nature- la recombinación de algunos genes de los virus H5N1 y H1N1. El resultado de dicha mezcla genética, ensayada en cobayas, sería un virus tan letal como el primero y de fácil transmisión como el de la gripe de 2009. Para llegar al híbrido, hizo falta "mezclar" hasta siete segmentos génicos de ambos virus en todas sus combinaciones posibles, creando hasta 127 opciones víricas, ¡todas ellas con la HA de H5N1! El propósito, según la investigadora china, era adelantarse a un futuro riesgo. Al fin y al cabo, el H5N1 sigue activo, además de en China, en países como Vietnam, Camboya o, mucho más cerca, Egipto, territorios todos ellos positivos también para el H1N1. Nuevamente, la opinión de la comunidad científica se muestra dividida, ¡y eso que el salto a hurones todavía no se ha demostrado!



Sea como fuere, no es el primer híbrido que se consigue con el H5N1. En 2006 se publicó en PNAS que, al parecer, los híbridos entre H5N1 y H3N2 -otro conocido de nuestras gripes invernales- no generaban agentes infecciosos transmisibles a humanos. Asimismo, en 2011, un estudio aparecido en el Journal of Virology ofreció un virus H1N1 -el de 2009- mucho más virulento al haber intercambiado su HA por la de H5N1.



Salto entre especies

Mientras seguimos de cerca al virus de la gripe aviar más mediático, un primo suyo, lejano pero primo, el influenzavirus H7N9, también aviar, se sitúa en el trampolín del salto interespecie. Al contrario de lo que ocurrió con el H5N1 -o incluso con el virus del SARS-, China lidera su investigación mostrándose, desde su Comisión Nacional de Salud y a través de la Organización Mundial de la Salud, dispuesta a la colaboración internacional. De igual modo que con otros miembros de la misma familia, H7N9 empezó a ser detectado en aves de corral. Su reciente salto a nuestra especie le ha llevado a ocasionar trastornos respiratorios severos e, incluso, la muerte. Aunque se están investigando varios casos dudosos, de momento no se puede confirmar la diseminación viral entre personas. Por otro lado, y al contrario de otros H7, no se conocía ningún caso de infección por H7N9 en humanos hasta el pasado mes de marzo. Según informa en su Web el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC) desde el 31 de dicho mes, y hasta el 30 de abril pasado, han sido declarados 126 casos de infección humana en China y Taiwán con una tasa de mortalidad de un 20%. Según las investigaciones, todos fueron de exposición directa a aves infectadas -en torno al 76% de pollos y al 20% de patos-. Aunque no manifieste muchos síntomas, un ave infectada puede tener una enorme carga de viriones en sus heces o mocos. Una persona que toque este material y luego se lleve, por ejemplo, las manos a los ojos, nariz o boca, podría contagiarse. También han sido sugeridos algunos casos de transmisión aérea. Tras la infección y un periodo de incubación cercano a los diez días, los síntomas suelen ser graves. Como si de una fuerte gripe se tratara, se puede empezar con fiebre alta y tos, con una posible evolución posterior hacia neumonía, dificultad severa para respirar y, en los casos más extremos, llegar hasta el choque séptico, fallo multiorgánico y, finalmente, la muerte.



El hecho de que no haya evidencia hasta la fecha de la diseminación viral entre personas no significa que no se esté produciendo ahora mismo o, con más probabilidad, se produzca en un futuro. Por ello, la elaboración de terapias paliativas -antigripales- o preventivas -posibles vacunas- son prioritarias. Mientras tanto, y a falta de una mejor opción, el virus parece mostrar cierta sensibilidad por los conocidos inhibidores de la neuraminidasa (NA) -la N de H7N9- oseltamivir (Tamiflu) y zanamivir (Relenza). Sea como fuere, no hay que olvidar que, como su pariente H5N1, la nueva amenaza H7N9 modifica ligeramente su genoma cada vez que se replica -algo que hace eficientemente en su célula hospedadora-, adaptándose a la realidad del momento. Dicha realidad, tras varios estudios en pacientes infectados, parece mostrar que ciertos genes virales se están "acostumbrando" a su diana humana, tal y como se ha visto con los que codifican las proteínas de la cápsida -cubierta proteica- del virus. Además, se está acostumbrando a nuestra temperatura corporal; ¡mal asunto!



Flancos moleculares

Con este panorama, solo faltaría que se produjera su reorganización genómica con segmentos de nuestros virus estacionales H1N1 o H3N2. A la espera de este posible escenario, y para analizar todos los flancos moleculares de la nueva amenaza, investigadores del CDC están estudiando las secuencias genéticas de casi una veintena de genomas aislados del H7N9 subidas por China a la base de datos GISAID (iniciativa global para compartir todos los datos del virus influenza). Finalmente, comentar que a medida que se producen nuevos casos, nuevas muertes, el CDC insta a desembalar los preparativos contra la posible pandemia que un H7N9 humano podría suponer. La colaboración del CDC de Atlanta con su homónimo chino está siendo estrecha, por lo que parece evidente que la alerta ante la amenaza para la salud humana está rompiendo muchos tabúes del pasado.