También conocido como yihadista (detalle del fotograma), 2017

Galería Juana de Aizpuru. Barquillo, 44. Madrid. Hasta el 15 de mayo. De 2.000 a 50.000 €

A partir de junio, La música de Ramón Raquello y su orquesta, la mayor retrospectiva hasta la fecha de Eric Baudelaire (Salt Lake City, 1973), ahora en el Witte de With de Rotterdam, se podrá visitar en Tabakalera, San Sebastián. Como anticipo, la Galería Juana de Aizpuru presenta las obras con las que se abre y se cierra esa revisión de la producción del artista en la última década: la serie fotográfica Desplazamiento de lugar (2007) y la película También conocido como yihadista (2017). Ambas constituyen formas no canónicas de paisaje pero su metodología de base es muy diferente. En la primera Baudelaire pidió a un fotógrafo indio que repitiera en su país 22 fotografías que él había hecho en Clermont-Ferrand, resultando unos dípticos que reflejan con talento la intercambiabilidad de algo tan supuestamente único como el territorio. En la segunda hizo uso del fûkeiron -establecido por el cineasta japonés Masao Adachi en AKA Serial Killer- para intentar reconstruir la personalidad y la trayectoria de un musulmán radicalizado a través de los paisajes urbanos y naturales que observó durante su infancia y primera juventud en Francia y en su viaje de entrenamiento militar a Siria en 2013, al regreso del cual fue detenido en Almería.



Baudelaire tiene credenciales para abordar estos asuntos: estudió Ciencias Políticas, especializándose en los conflictos de Oriente Medio, y trabajó a partir de 2002 como fotoperiodista para varios medios. Sin embargo, a pesar de que los protagonistas de la película son reales (con nombres ficticios) y de que este trabajo responde a los históricos atentados en París de 2015, nada hay de periodístico en la película. Como en otras obras suyas, juega con el desajuste entre imagen y lenguaje, el cual, aquí, es exclusivamente escrito (nadie pronuncia una palabra audible en todo el metraje): fragmentos de documentos oficiales que aportan el grueso de la información que recibimos sobre el personaje central a través de estudios psicológicos, interrogatorios, escuchas telefónicas, comunicados policiales… La tesis de Baudelaire es que nada de todo esto, ni las investigaciones judiciales ni los paisajes, explican quién es el joven yihadista francés ni, sobre todo, cuáles fueron sus motivaciones en cada momento. ¿Qué tipo de mirada nos transmite la cámara? Es realmente muy superficial: el merodeo, externo, por los lugares en los que se desenvolvió su vida cotidiana en Vitry (cerca de París) y a más que prudencial distancia de los campamentos en la frontera no aporta detalles reveladores, además de hacer uso de un estilo de cámara al hombro y de desplazamiento caprichoso que quiere traducir una mirada subjetiva pero que no nos pone en el pellejo del aprendiz de terrorista sino en el de alguien, el artista, que ha seguido sus pasos buscando en el paisaje algo que, al parecer, no puede darle: respuestas. Pero Baudelaire ya sabía que no las encontraría o, más bien, quería demostrarlo. Tampoco nos facilita el intento de interpretación, pues evita identificar los edificios, las calles, las poblaciones, las carreteras, los espacios abiertos… ¿Y es realmente el contexto físico tan hermético, tan poco relevante?



Es, en cualquier caso, un interesante experimento fílmico (muy largo, 101 minutos) del que, entre otras cosas, podemos deducir, como Auden en el poema Musée des Beaux Arts, que la naturaleza y la rutina cotidiana son indiferentes al drama. Entre imágenes insustanciales, "escuchamos" a unos padres que vigilan en vano a sus hijos para que no escapen a matar y morir, a una novia que pide como dote una pistolita y un cinturón de explosivos y a unos críos que apenas consiguen echarse atrás cuando la gris realidad no casa con su ideal heroico.



@ElenaVozmediano