Vista de la intervención Visita guiada

Matadero. Paseo de la Chopera, 14. Madrid. Hasta el 30 de julio.

Intuyo levemente el conflicto que genera enfrentarse a un espacio como el Abierto x Obras de Matadero. Un lugar con una carga histórica tan pesada, imponente por su estructura casi intocable y por el peso de intervenciones previas que hacen difícil no caer en la comparación o en la autocensura. Abierto x Obras es uno de esos encargos que nadie osa rechazar, pero un encargo que mal gestionado podría suponer una losa prolongada en el tiempo. Visitado por miles de espectadores ávidos de efectismos, lo propuesto corre el riesgo de convertirse muchas veces en un caramelo envenenado si se comete el error de caer en esa dinámica de intervención específica lista para ser consumida en un paseo dominical.



La madrileña Elena Alonso ha inaugurado recientemente Visita guiada, un proyecto para esta sala cuyo resultado no ha podido ser más satisfactorio. Alonso plantea un recorrido tutelado entre columnas, evitando desviar la atención, centrándose en lo que el propio espacio cuenta y destacándolo por medio de un largo pasamanos que transita de modo asimétrico esta antigua cámara frigorífica. Esta estructura dirige y limita el recorrido mediante un delicado juego de formas y texturas que entroncan a la perfección con los últimos trabajos de la artista, esos en los que la manera tan pulcra que ella tiene de afrontar el dibujo ha terminado por salirse del plano para objetualizar la redondez, la suavidad, la angulosidad o la aspereza de unos motivos que confirman que el saber hacer del artesano jamás puede estar reñido con un propósito que va más allá de su función y del gusto por los materiales que plantea la artista. Dice Richard Sennett: "Desde los orígenes de la civilización clásica, los artesanos fueron maltratados. Lo que les permitió mantener su humanidad fue la creencia en su trabajo y la implicación personal con sus materiales". A eso llamará Sennett "la conciencia material", que es una idea que inevitablemente late en el recorrido táctil y visual de esta visita guiada. Siento verdadera curiosidad por ver cómo en los casi seis meses que pasará abierta al público, todos esos materiales utilizados -corcho, madera, cerámica, cobre o cemento- responderán a la prolongada caricia de los espectadores, que a estas alturas ya habremos asumido que la experiencia, más que virtual, es presencial.



Suena a genial excusa que Alonso plantee este trayecto con el fin de observar una serie de huecos abiertos en el techo de la sala, que llamaron su atención en una de sus múltiples visitas al espacio. Estos tragaluces, tapiados en una reforma posterior, conectan la sala principal con otra galería superior cerrada al público y, ahora reabiertos, sirven para introducir la reducida iluminación que permite en algunos tramos observar con mayor o menor detalle la pulcritud de esta inmensa escultura. Resulta curioso descubrir cómo la artista ha desviado la atención, confirmando que lo importante, tanto en ese espacio superior cerrado como en el pasamanos que nos dirige, es en realidad lo que no vemos.



Alonso establece un paseo leve y aterciopelado por el espacio, que recupera su función original para enfriar una solución reposada. La suya es una de esas experiencias que endulzan la saliva y avivan la mirada. De ella me sorprende especialmente su capacidad para no sucumbir ante el efecto ni dejarse cegar por un buen momento. No nos engañemos, si emociona, es por su sutil modo de analizar el espacio, por demostrar un saber hacer impecable y por rescatar como pocas el pasado para el presente.



@AngelCalvoUlloa