Detalle de Mujer en un bosque, ca. 1963- 64, de Willem De Kooning

Patrocina: Fundación BBVA. Museo Guggenheim. Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao. Hasta el 4 de junio

Según indica David Anfam, uno de su comisarios, esta exposición es la más importante dedicada al Expresionismo Abstracto en Europa desde 1959. Este hecho y el que, según nos indican, varias de estas 130 obras no habían cruzado nunca antes el Atlántico, son razones más que suficientes para visitarla. Sé que esto no es sólo información objetiva, sino también estrategia publicitaria, como el cartel de "Ocasión Única" al lado de un producto. Lo señalo sin acritud, simplemente para hacer notar al lector hasta qué punto las manifestaciones culturales son hoy en día indisociables de la lógica mercantil. En el año en que se cumple el 20 aniversario de la inauguración del Museo Guggenheim, sin duda el mejor exponente en nuestro país de esta simbiosis, creo que tiene sentido reflexionar sobre esa relación. Los importantes beneficios materiales e inmateriales que ha traído consigo para Bilbao e incluso para España este museo, son la prueba irrefutable de cómo se produce riqueza en esta era que se ha venido a llamar del "capitalismo inmaterial". La transformación del papel emancipador que antaño se le asignaba al arte y la cultura es un asunto a analizar.



El aniversario de la inauguración en nuestro país del museo norteamericano por excelencia, se celebra con una exposición del movimiento norteamericano por excelencia. El Expresionismo Abstracto colocó a los Estados Unidos en el mapa del arte moderno a mediados de la década de 1940, al mismo tiempo que desplazaba su centro de gravedad de París a Nueva York. Este fenómeno marcó el principio del fin de la hegemonía cultural francesa y el inicio de la estadounidense. El arte norteamericano, hasta entonces bastante provinciano y sólo muy tímidamente vanguardista, dio un salto por encima de su tiempo. Llevó a cabo una mezcla en la que integraba las herencias europeas del cubismo, el surrealismo y el expresionismo con culturas propias continentales, como el muralismo mexicano o las artesanías indígenas. Todo ello teñido con el dramatismo de un momento histórico marcado por la muerte y la desolación de millones de personas, que impulsaba a los supervivientes hacia la introspección o la trascendencia. Este contenido fluyó a través de artistas de personalidad trágica, cabales hijos de su tiempo, que inesperadamente incluso para ellos, trasladaron la imagen del artista desde ámbitos cerrados y exclusivos a las primeras páginas de las revistas.



Detalle de Pintura mural n° III, ca. 1953, de Robert Motherwell

El Expresionismo Abstracto resolvió una cuestión que el surrealismo había dejado pendiente. Encontrar una fórmula para producir imágenes con la libertad con que se producían textos mediante la escritura automática. Se había sorteado el escollo mediante la representación de imágenes oníricas, aunque para ello se utilizara un lenguaje pictórico realista y necesariamente controlado. Ese automatismo o esa espontaneidad, para no exagerar, es el origen de la llamativa variedad de estilos que se amparan bajo el término Expresionismo Abstracto. Desde una abstracción en los límites de lo perceptivo como es la de las últimas pinturas de Ad Reinhardt, a la figuración desfigurada de los retratos femeninos de De Kooning. Desde el gestualismo intrincado de Pollock, el tembloroso de Joan Mitchell o el terminante de Kline, al color convertido en espectro de Rothko, convertido en pantalla de Newman o en relámpago en Clyfford Still. Una heterogeneidad que sin embargo siempre está marcada por un principio expresivo. Como escribiera Rothko: "Sólo me importa la expresión de las emociones humanas fundamentales: la tragedia, el éxtasis, la fatalidad…". Creo que el carácter abstracto de sus obras es una consecuencia derivada de este principio, no un objetivo en sí mismo.



Lo que convierte esta exposición en extraordinaria es la visión amplia que ofrece. Además de los nombres más conocidos, encontraremos, junto a los que ya he citado, a Joan Mitchell, Guston, Motherwell, Tworkow, Hofmann, Tobey, Baziotes, Marca-Relli, Frankenthaler, Sam Francis, Lee Krasner, Janet Sobel, Tomlin, Norman Lewis, Arshile Gorky y Pousette Dart. También, claro está, al escultor David Smith. Las ausencias de españoles como Esteban Vicente y José Guerrero las justifica el comisario por razones de espacio. Pero además, tenemos toda una serie de fotógrafos que son el correlato preciso de estos pintores: Aaron Sikind, Minor White, Hans Namuth, Herbert Matter, Gijon Mili…



Para comprobar lo relativo de nuestra distinción entre abstracto y realista, basta contemplar todas estas fotografías "abstractas" de cortezas de árbol, cielos y paredes despintadas. También lo manifiesta el hecho de que varios de estos pintores, al final de sus vidas, volvieron a la figuración (el caso de Guston es el más conocido, pero no el único). En fin, cuestiones interesantes pero que suceden en otro plano. Yo querría abogar por una contemplación sin erudición, con la sensibilidad a flor de piel. Que se enfrente a "la expresión simple del pensamiento complejo", como definieran su pintura Gottlieb y Rothko en 1943.