Vista de la exposición

Galería Helga de Alvear. Dr. Fourquet, 12. Madrid. Hasta el 12 de noviembre. De 22.000 a 26.000 €

¿Más de lo mismo? No. En esta exposición encontramos un Santiago Sierra (Madrid, 1966) más sobrio, menos provocador. El tema y el género artístico elegidos lo requieren. Estamos hablando de muertos reales y del viejo arte funerario, reconvertido en las últimas décadas en memorial. En una pantalla negra se suceden los nombres en blanco de más de dos mil doscientos muertos en Gaza -las cifras varían dependiendo de las fuentes, ya que muchos quedaron sin identificar- entre el 8 de julio y el 26 de agosto de 2014, cuando el ejército israelí ejecutó la operación Margen Protector presuntamente dirigida contra Hamás, pero que en realidad segó la vida de una mayoría de civiles y de niños. La información ha sido extraída de los archivos del International Middle East Media Center y Al Akhbar Beirut. El listado incluye 70 muertos israelíes. Después de más de dos horas de proyección oyendo la letanía, la voz en off termina repitiendo (en árabe) "desconocido", "desconocido"… a modo de ese interminable "etcétera" de hombres, mujeres y niños de Siria, o Yemen, o …, pero que aquí resultaría ofensivo. Víctimas que tuvieron una vida y esperaban un futuro. Tratados como meras cifras por los medios de comunicación -cuando no como despojos cosificados entre los escombros-, en esta pieza se les intenta evocar recuperando su dignidad.



El pendanto la pareja de este memorial lo compone los Veteranos, una serie de fotografías de veteranos de guerra, que comenzó en 2011 con los procedentes de las guerras de Irak y Afganistán, pero que desde entonces ha sumado otros de Camboya, Vietnam, Ruanda, Kosovo, Bosnia e Irlanda del Norte. El artista asegura haberlos localizado. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, de diversas etnias. Todos han aceptado posar de pie, de cara a la pared, castigados. Los retratos, de tamaño natural y montados en exactos intervalos -al estilo de Sierra, formado en la construcción minimalista-, han sido enmarcados en negro, lo que acentúa su relación con la pieza funeraria; y al cabo, con la muerte como destino de cada ser humano: víctimas, ejecutores, y los que recibimos las confusas e interesadas informaciones de masacres.



Pero, ¿miramos? ¿o acaso preferimos, como los "veteranos" -que entonces serían nuestros espejos-, dar la espalda, es decir, ser castigados? La cuestión que plantea Santiago Sierra es el dilema poder o dignidad. En otras palabras, cómo el poder socava la dignidad; es decir, desvelando el verdadero rostro del poder. Gracias a su precisión formal, es capaz de subvertir el reparto de la visualidad y sus espacios. En este caso, precisamente a base de omitir, con sus no-imágenes de guerra. Incomodando a los visitantes de la galería. Siempre intentando fracturar o transgredir los límites asignados.



Mientras incrementaba sus Veteranos, que se exponían en instituciones artísticas y sociales en Australia, Estados Unidos y Europa, Sierra ha continuado preparando otras intervenciones. Esta pasada primavera su conocido cartel NO (letras blancas sobre negro) estuvo presente en iniciativas anarquistas en Carabanchel y en el Cabanyal, en Valencia. En junio, con la performer Charlie Stein desarrolló su pieza Algunas demostraciones: la pancarta klepes (en griego, ladrones) fue exhibida ante los principales bancos de Zúrich. Sí, Sierra es un indignado. Pero ahí no radica el valor de sus obras. No se trata sólo del contenido, sino de formas políticas.



La voluntad impenitente de "transversalidad", en el sentido de Guattari, de actuar como agente disolvente de instituciones y de intentar contribuir al surgimiento eventual de "grupos-sujeto", hace que su eficaz trabajo siga siendo pertinente. Tanto más en la adocenada apertura de galerías, salvo alguna excepción, con tanto producto bien acabado y perfectamente decorativo.



@_rociodelavilla