Uno de los nuevos dibujos de Waltercio Caldas

Galería Elvira González. Hermanos Álvarez Quintero, 1. Madrid. Hasta el 12 de noviembre.

Medio siglo después de la apertura de la Galería Theo, su fundadora, Elvira González, abre el segundo espacio que lleva su nombre y prosigue en él una de las labores galerísticas más sólidas y relevantes del panorama nacional, con repercusión allende nuestras fronteras.



El nuevo espacio diseñado por Marcos Corrales se convierte, con los de Helga de Alvear y Marlborough, en uno de los mayores, y éste además de los más versátiles de Madrid. Ahora, Elvira González certifica la permanencia de sus convicciones con una exposición sustentada fundamentalmente en el dibujo y, eso sí, de quien con los desaparecidos Lygia Clark, Lygia Pape y Hélio Oiticica, y junto a Cildo Meireles, constituyen el grupo más importante de artistas brasileños del siglo XX. Waltercio Caldas (Río de Janeiro, 1946), cumple con ésta su tercera muestra individual en la galería y, a su vez, una trayectoria pública que se aproxima ya a los 60 años.



Desde sus orígenes, el trabajo de Waltercio Caldas fue situado en la órbita de un minimalismo que el artista niega, creo con seguridad, que con acierto. Sus dibujos, esculturas e intervenciones en el espacio público y, especialmente los dos primeros, son ejercicios de precisión en los que intervienen los menos y más simples elementos componentes, relacionados entre sí de maneras especialmente sencillas y dando como resultado nuevas formas que retan al espectador.



Más que obras cerradas son proyectos abiertos de esculturas, de los que destaca el sabio uso del color

"Me gustan las cosas transparentes", afirma rotundamente el artista. "Es por eso que a veces aún cuando la obra sea en metal, es transparente, porque utilizo el metal de tal manera, en tal condición lineal, que la luz se reproduce más que el material. Es decir que hay más luz que material. De cierto modo la luz afecta al objeto". Ciertamente, la transparencia o la vocación de que la obra se convoque en torno a ella es una de las características que distingue sus obras. Otras igualmente potentes son el equilibrio, el vacío, la ligereza permanente y la luz, que críticos como David Barro, discute y transforma en una atracción por el abismo. Una transparencia, equilibrio, vacío, ligereza y luminosidad que encontramos en la treintena de dibujos expuestos aquí, algunos de ellos de dimensiones mayores y voluntad escultórica.



Algunos contienen términos verbales, como el nombre de Rodchenko o esa propuesta casi conceptual de un dibujo compuesto por la repetición cuatro veces de las palabras "desenho branco". En alguno se apropia de imágenes de otros, como de La gran odalisca de Ingres, a la que dota de una especie de armadura. En otros dibujos aparecen objetos que son habituales en sus esculturas, como copas, vasos, botellas o ánforas, o, menos acostumbrados a ellos, los frascos o la calavera.



El componente fundamental y predominante es la línea, para la composición de formas tan ambiguas como sugerentes. Ese y más... del título bien puede deberse al reiterado interés por introducir el volumen en el dibujo, ya sea por la adhesión de una simple cinta-collage, ya sea mediante excavaciones en el papel o gruesas manchas de pintura blanca, ya sea por la anticipación de unos hilos coloreados sobre el cristal de enmarcar, que destacan del fondo blanco del papel o, finalmente, con resultados especialmente felices, por la importancia que adquieren las sombras creadas por unos humildes alfileres con cabezas de colores.



Más que obras cerradas estos son proyectos abiertos de esculturas, de los que destacaría el sabio uso del color, casi imperceptible y flotante, pero que transforma por completo la naturaleza del dibujo. Disfrútenla.