Visión surrealista, 2015 (versión de La vision de Tondal, 1550, Bosco) (detalle)

Fundación Lázaro Galdiano. Serrano, 122. Madrid. Hasta el 11 de septiembre.

José Manuel Ballester (Madrid, 1960) lleva una década desarrollando su proyecto Espacios ocultos, un sistema de vaciamiento de obras emblemáticas de la Historia del arte a las que priva de personajes, animales y cualquier elemento que interviene en la acción. ¿El objetivo? Recuperar íntegro el escenario, el lugar donde las cosas suceden.



Siempre son obras de las mismas dimensiones que los originales que versiona, impresas, incluso, en ocasiones sobre tela aunque sean fotografías, como varias de las que componen la presente exposición en el Lázaro Galdiano. Predominan piezas con imponentes arquitecturas, como buena parte de las dedicadas a pinturas del Renacimiento, y con ricos interiores, lo que le permite, dice Elisa Hernando, comisaria de la muestra, "destacar el espacio que envolvía el tema principal y proponer una nueva lectura de los clásicos". No es una fórmula única. Hay ejemplos, como en una de las dos versiones de La Fuente de la Gracia, de Jan van Eyck, que ha suprimido la arquitectura dejando a los personajes solos, flotando en su triunfo. En otras obras, como la extensa serie dedicada a Mondrian, lo que hace es "deconstruir" la estructura mondrianesca para "modificar los parámetros compositivos que se impuso el artista en su proceso creativo, y reflexionar sobre los principios que cada artista se autoimpone en función de la manera de entender la realidad".



Para esta exposición, José Manuel Ballester ha trabajado, fundamentalmente, con artistas y obras ligadas a la propia Fundación Lázaro Galdiano, a los que ha añadido un greco de la colección del Banco Santander, patrocinador de la muestra, y su versión de El jardín de la delicias de El Bosco, realizado en 2007, sobre el que ha realizado además un vídeo de animación que estudia y analiza su composición a la vez que nos descubre la geometría secreta que hay oculta en sus tablas.



El tema que quiere poner Ballester encima de la mesa es la importancia del paisaje y cómo se ha representado a lo largo de los siglos. Uno de los principales atractivos de estas obras es el relato histórico que componen y los descubrimientos que nos traslada el artista.



Destacan las tres versiones del San Juan en meditación de El Bosco. La primera de ellas, responde a una reproducción exacta que sustituye al cuadro que se ha prestado para la exposición del Museo del Prado; la segunda, Lugar para la meditación, muestra el escenario sin San Juan ni el cordero, y la tercera, San Juan Bautista con donante, incorpora, con el rostro del donante de La adoración de los Reyes Magos, la figura de éste cubierta por El Bosco con la extraña planta protagonista del cuadro y descubierta en los análisis radiográficos.



En toda esta serie, lógicamente, cabe hablar de un modo singular de apropiacionismo, pero lo que José Manuel Ballester hace, y discúlpenme el palabro, es agregacionismo, pues tan importante como el vaciado de personajes y seres es lo que Ballester agrega: ese paisaje que los personajes "tapan" en los originales, los imagina Ballester en sus versiones. Eso nos permite ver mejor la luz, como en Vánitas, versión del San Francisco en éxtasis de El Greco, añadidos sorprendentes como en Lugar para la crucifixión, también de El Greco, y una extraordinaria riqueza en su simplicidad de los paisajes y aquelarres de Francisco de Goya.