Image: Leer las estampas flamencas

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Exposiciones

Leer las estampas flamencas

Rubens, Van Dyck y la Edad de Oro del grabado flamenco

13 noviembre, 2015 01:00

Detalle de Judith cortando la cabeza de Holofernes, grabado de C. Galle y C. Collaert (entre 1595 y 1655)

Biblioteca Nacional. Paseo de Recoletos, 20-22. Madrid. Hasta el 7 de febrero

Se respiran nuevos aires en la Biblioteca Nacional tras la aprobación en marzo de su Ley Reguladora, la cual establece que el cargo de dirección se adjudicará mediante un "sistema de preselección que garantice la publicidad y concurrencia, y que asegure la participación del Real Patronato, con el asesoramiento de profesionales del ámbito bibliotecario y documental" atendiendo a "los principios de mérito, capacidad e idoneidad". Ana Santos Aramburo, que era directora desde 2013, se ha sometido a este procedimiento para revalidar su mandato ante un renovado patronato presidido desde hace dos semanas por Luis Alberto de Cuenca. No obstante, al tener rango de Dirección General cualquier cambio en el Ministerio puede suponer un relevo, por lo que el avance en la despolitización del organismo no es total.

La Biblioteca Nacional conserva unos fondos impresionantes de bellas artes -dibujos, grabados, fotografías, mapas- que son relativamente poco conocidos. Se han organizado hasta la fecha algunas exposiciones importantes pero queda mucho por sacar a la luz; se cuentan, por ejemplo, 100.000 estampas sueltas y 600.000 grabados incluidos en libros. Junto a Carlos Alberdi, director cultural, Santos ha emprendido una acertada política de difusión de los fondos en la que destaca esta exposición sobre el grabado flamenco del siglo XVII, imprescindible para todos los interesados en la historia del arte. El contenido, con 180 estampas de la mayor calidad, es magnífico pero la labor curatorial deja mucho que desear. Cuando se aborda el grabado en la Edad Moderna es insoslayable hablar sobre el uso de las imágenes, una perspectiva casi ausente tanto en el montaje como en el catálogo de casi 450 páginas que no contiene más que unos breves textos introductorios.

La comisaria, Concha Huidobro, fue jefa de Grabados de la Biblioteca Nacional entre 2004 y 2013, y sin duda conoce muy bien el material pero lo ha tratado desde el punto de vista del bibliotecario que cataloga las piezas, sin colocarlas en el contexto social y artístico de la época y sin elaborar un discurso expositivo que establezca líneas de interpretación y que permita comprender la importancia de la producción y la circulación internacional de las estampas. Ni siquiera se nos informa sobre el origen y la evolución de esta fabulosa colección, que nace de la biblioteca real de Felipe V, en la que se habían integrado ya piezas de los Austrias, y se acrecienta con colecciones tan notables como la de Ceán Bermúdez o la de Carderera.

Nada se nos cuenta sobre el perfeccionamiento técnico que los grabadores flamencos, espoleados por Rubens, experimentaron para "traducir" las pinturas a las planchas, una práctica inaugurada por Rafael un siglo antes en Italia con similares propósitos: rentabilizar su trabajo y acrecentar su fama. O sobre la organización de los talleres y los "privilegios" necesarios para imprimir grabados. Nada sobre el negocio de la exportación de estampas y su comercialización en España -en manos de flamencos y franceses-, sobre su relación con el auge del coleccionismo nobiliario, sobre sus usos más populares, devocionales y decorativos, o sobre su protagonismo en bibliotecas de humanistas, gabinetes de eruditos y talleres de artistas. O sobre la nueva consideración social de éstos, que hace de Rubens un "príncipe" y que favorece que Van Dyck pueda dedicar en gran parte su Iconografía, colección de efigies de hombres ilustres, a los artistas de Amberes.

Se agradece el préstamo de cuatro obras del Museo del Prado -Rubens (dos), Van Dyck y Teniers- y la presencia de algunos dibujos de la Biblioteca Nacional relacionados con estampas seleccionadas, así como la posibilidad de comparar los grabados flamencos con los holandeses, alemanes, franceses, italianos y españoles, que fueron pocos y en general torpes, lo que favoreció la importación desde Italia y Flandes. En el espacio dedicado a estas otras escenas artísticas podremos admirar tesoros gráficos firmados por Rembrandt, Bellange, Mellan, Salvatore Rosa, Della Bella y Ribera. La mayor parte de lo mostrado son estampas "finas" -así decían entonces- para consumo burgués y nobiliario, con tamaños grandes, que a veces se lograban yuxtaponiendo planchas, talla esmerada, inscripciones latinas...

El equilibrio de géneros está bien medido, dando cabida a imágenes menos tópicas que revisten aún mayor interés, como la caza del hipopótamo y del cocodrilo según Rubens, los retratos inacabados de Van Dyck, toda la sección de paisaje, con bellezas de Bril y los Sadeler y con maravillosas escenas cortesanas al aire libre de De Bruyn. Los bibliófilos disfrutarán especialmente con el importante capítulo sobre el libro con frontispicios y páginas lujosamente ilustradas, del que puede presumir la Biblioteca Nacional.

Escribió Julián Gállego que "la estampa y el libro ilustrado desempeñaron, en el siglo XVII, el mismo papel para la propagación de la pintura nueva que hoy asumen las exposiciones y las revistas de arte". La escasez de producción gráfica en España supuso que nuestro Siglo de Oro no lograra más allá de nuestras fronteras -que eran otras- la influencia y el prestigio que sí tuvieron los pintores flamencos, gracias en gran parte a la actividad editora de Rubens y, tras él, Van Dyck.

@ElenaVozmediano