Sam Taylor Wood: Soliloquy I, 1998

Fundación Telefónica. Fuencarral, 3. Madrid. Hasta el 2 de marzo.

Hace ya diez años que la Fundación Telefónica presentara en Madrid los fondos de fotografía de su Colección. Hoy, podemos volver a recorrer la historia reciente de la fotografía contemporánea bajo la selección de unas 50 obras de mano de Ramón Esparza. De Baldessari a Jeff Wall.

No es la primera vez que la Fundación Telefónica muestra su colección de fotografía. En 2004 vimos en Madrid (y después en itinerancia nacional e internacional) una selección firmada por María de Corral. Ella formó parte, junto con Simón Marchán, José Luis Brea, Eugenio Carmona y la argentina Irma Arestizábal, del comité de compras de la Fundación, que hizo bajo su liderazgo el grueso de estas adquisiciones en un reducido lapso de tiempo, en 2003 y 2004, sin que se incrementaran posteriormente más que a través de alguna obra aislada que se quedaba en la fundación como consecuencia de su programa expositivo, a menudo en el contexto del festival PHotoEspaña. La colección de fotografía está integrada por 101 obras, de las que se expone ahora la mitad con comisariado de Ramón Esparza, quien nos propone una lectura que pone el acento en la línea más 'fría' de la fotografía a partir de los años 70, que es dominante en la colección, como podemos comprobar en el catálogo, que la reproduce al completo.



En el documento inicial de diseño del proyecto se marcaban ya los dos referentes históricos que iban a guiarlo: Bernd & Hilla Becher en Europa y John Baldessari en América. En el montaje, la primera sala da las claves del recorrido posterior a través de dos parejas: Richard Prince y Baldessari de un lado; Andreas Gursky y Jeff Wall de otro... pero desde allí se ven las obras de los Becher. Podríamos decir que esta es una excelente colección 'de mercado'. Todos los artistas y las obras elegidas, diría que sin excepción, son de artistas muy reconocidos que han subido posiciones en los años posteriores, por lo que, hoy en día (a saber qué podría ocurrir pasado mañana) se puede afirmar que estas adquisiciones han supuesto una excelente inversión para la Fundación.



Muchas de las obras, en subasta internacional, obtendrían precios estratosféricos. El conjunto tiene, sin duda, la mayor calidad, pero poco carácter. Hay ejemplos de una fotografía conceptual brillante (Levine, Alÿs), y también de algunas modalidades de trabajo sobre la identidad (Klauke, Sherman) e incluso alguna forma de narratividad documental que choca en este contexto (Sekula). Pero domina la mirada calculada y distanciada de estirpe alemana, sobre lo humano y sobre su entorno, básicamente arquitectónico. Así, existe incluso en la colección una pequeña sección, con contribuciones de varios fotógrafos, sobre el Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe.



El eje estadounidense-alemán sufre pocos desvíos, con un puñado de británicos, un par de portugueses, una pequeña delegación nórdica... Apenas nada de Latinoamérica o de Asia. Vemos muy pocos autores españoles (¡ay!) en esta selección: Perejaume, Bleda y Rosa y Xavier Ribas. Hay otros en la colección, aunque la mayoría de ellos ingresaron por encargo: la Fundación pidió a Sergio Belinchón, Bleda y Rosa, Jordi Bernadó, Manel Esclusa, Aitor Ortiz, Xavier Ribas, Montserrat Soto y Valentín Vallhonrat que dieran sus visiones sobre la nueva sede social de la empresa, recogidas en la exposición Distrito C. Creo que Esparza ha acertado al dejar fuera esas imágenes, no por la calidad de los artistas sino por su excesivo carácter institucional. Además, se compraron obras de Joan Fontcuberta, Javier Vallhonrat, José Manuel Ballester y otras fotografías de Montserrat Soto (de la serie Paisaje secreto, que se expuso aquí) que se han dejado fuera, por escapar, dice el comisario, al discurso expositivo. Otra vez será. Reflexión final: ¿cuándo se reactivarán las pocas colecciones corporativas que han sobrevivido?