Take 1 (20/1), 2011
Desde que se trasladó a Berlín, Sergio Belinchín ha estado haciendo acopio de found footage (material de archivo encontrado), como películas de súper 8, que utiliza para seguir contando las historias que le interesan. En esta exposición encontramos las últimas.
Sergio Belinchón (Valencia, 1971) se había basado antes en material fílmico ajeno, "recreándolo" con un elevado grado de intervención personal. Pero la pieza central de esta exposición es un genuino ready made fílmico en el que ha limitado su huella, en la confianza de que "no hacía falta" alterar el material original. Y quizá sí hacía falta.
Belinchón compró en un rastro de Berlín unos rollos de Super 8 que contenían los planos de un corto documental sobre la rutina diaria en una fábrica de AEG en los 70. Supo que el realizador -con algún manejo de los rudimentos del cine- era un oficinista que, en vísperas de su jubilación, quiso dejar testimonio de su cotidiano entorno laboral. Eran unas dos horas de filmación correspondientes a 108 planos; de algunos había una sola toma pero de otros se hicieron varias. El proyecto de Belinchón se presenta en dos formatos: la película realizada con la toma 1 de cada uno de los planos y una selección de veinte stills en los que aparecen las claquetas al inicio de otros tantos planos. La Caja Negra ha producido dos ediciones. La primera es una carpeta archivadora que contiene una copia de la película y los veinte stills en tamaño folio, y la segunda pasa a un tamaño bastante mayor -esto sí que "no hacía falta"- esos mismos stills. La película, muda, tiene su gracia, por lo que refleja de la época: la decoración, la moda, el material de oficina... La sustitución por cortes en rosa de las pocas tomas que se habían perdido introduce un elemento de abstracción que funciona muy bien y desvía la atención hacia la mano del artista.
La obra enlaza con el interés de Belinchón por los escenarios, arquitectónicos o naturales -evidenciado en su reconstrucción de los paisajes de El bueno, el feo y el malo, o en su serie sobre los simulacros constructivos en Las Vegas- y por las relaciones entre realidad y ficción, que aquí enfatiza al conservar esos segundos intermedios entre el golpe de la claqueta y el comienzo de la acción en los que los "actores", el personal de las oficinas, se precipitan a ejecutar sus actuaciones. Podemos igualmente vincular la ausencia de sonido en esta película con la desaparición de las figuras en sus fotografías y vídeos sobre el western: cuando se sustrae uno de los elementos básicos de la narración, los otros cobran una relevancia inesperada. En fin, que hay, o podemos ponerlos, agarraderos suficientes para defender el proyecto pero me hubiera gustado más ver, como fue su primera intención, qué habría hecho Belinchón recombinando o distorsionando de alguna manera lo encontrado, haciéndolo aún más suyo.
