Kjasa Dahlberg: A Room of One´s Own/a Thousand Libraries, 2006
Esta propuesta de González Sancho, en consonancia con la línea que Parra & Romero quiere consolidar, demanda por parte del espectador un ejercicio de atención a las sutilezas perceptivas y, sobre todo, intelectuales. Los artistas elegidos proceden de entornos geográficos, cronológicos y artísticos diferentes, y todos exponen por primera vez en la galería salvo David Lamelas (Argentina, 1946), que participó en otra colectiva, Lectura de una realidad. Hasta cierto punto, la actual exposición podría entenderse como una continuación -con variantes- de aquélla, pues la palabra tiene un gran protagonismo en casi todas las obras y, con sus altibajos, interesa por su concepción de la historia cultural como aglomerado de citas y de traducciones de ida y vuelta entre los diversos lenguajes plásticos y escritos. Pero es precisamente la de Lamelas, Projector, junto a la alfombra de Larsson, la más alejada del lenguaje; ambas parecen escapar del requisito que la comisaria había planteado: que las obras hicieran referencia a otros autores.
Así, son invocados aquí Virginia Woolf, en una maravillosa obra de Kajsa Dahlberg (Suecia, 1973) que funde las anotaciones de los lectores en cada una de las páginas de todos los ejemplares de Una habitación propia en las bibliotecas públicas suecas. O Charles Baudelaire, cuyo Salon de 1846 -en concreto las notas a pie de página del historiador Jonathan Mayne y del propio escritor en la edición crítica de los escritos sobre los salones publicada por Phaidon en 1965- convierte Lisa Tan (Estados-Unidos, 1973) en una guía de viaje con muchas revueltas que la lleva a conocer en directo las obras de arte que se mencionan en ellas, comunicando posteriormente esa experiencia por medio de palabras, si bien "pintadas" sobre lienzos. También se nos aparece el fantasma -en ondas hertzianas- de Clarice Lispector, en una obra mucho menos lograda de Tan. Hay que conocer algo la trayectoria de Gaylen Gerber (Estados Unidos, 1955) para apreciar su lacónico telón de fondo -papeles grises desdoblados- subyacente a las obras de otros artistas, que puede remitir a los paños que enmarcan algunas figuras sagradas en la pintura renacentista y, como la proyección vacía de Lamelas, aludiría al papel/lienzo en blanco que sirve de soporte a la imaginación. Marcel Broothaers, Mark Twain y Jean Genet son resucitados por Karl Larsson (Suecia, 1977) para ponerlos al servicio de su propia obra plástica y poética, que se concentra en la manipulación de las formas y genera poca empatía.
