Galería La Caja Negra. Fernando VI, 17. Madrid. Hasta el 28 de julio. De 5.000 a 14.000 euros.

Cao Guimarães (Belo Horizonte, 1965) ha dedicado sus obras más significativas, fotográficas y cinematográficas, al paisaje brasileño, comprendiendo tanto el territorio y sus vicisitudes como el paisaje humano. Es un artista que basa su poética en el "encuentro", buscado o casual, que revele de manera lateral aspectos esenciales de la realidad estudiada. Este tipo de perspectiva se ve favorecida por el desplazamiento que renueva la mirada y lo que se mira. Pero Guimarães, por utilizar términos de la historia de la fotografía, no es un artista del "momento decisivo" sino más bien un "pictorialista". Sus imágenes se caracterizan por las texturas densas y un cromatismo cuidado, los cuales estetizan los motivos y los personajes que somete a observación sin perder la intención documental.



En esta segunda exposición en la galería La Caja Negra expone tres series fotográficas independientes. Dos de ellas, Campo Cego -producida en colaboración con la joven artista Carolina Cordeiro- y Espantalhos, se expusieron en 2009 en la galería Nara Roesler, en São Paulo, mientras que la tercera, Paisagens Reais, aún siendo de ese mismo año, se da a conocer en Madrid. Las fotografías de espantapájaros, que se relacionan con un proyecto anterior, Mosaico Gambiarras, sobre el reciclaje de objetos para nuevos usos, supone un nuevo capítulo en la catalogación de lo cotidiano/vivido que emprendió hace tiempo el artista para oponerse al olvido de formas de vida o de maneras de existir. Más interesante desde un punto de vista formal es Campo Cego, que recopila placas señalizadoras en las carreteras, ilegibles por la oxidación o la acumulación de polvo y barro. Los ahora mudos rectángulos de color ocre producen un bloqueo parcial de la visión panorámica, sustrayendo una porción del paisaje que puede interpretarse como una ventana cegada. John Hilliard es el maestro de este tipo de "mutilación" de la imagen; Guimarães utiliza el recurso de una manera más discreta y, desde este punto de vista, las fotografías más logradas son las que presentan los carteles más cerca, más grandes. Naturalmente, se juega también con la idea de la anulación de los intentos del hombre por imponer un orden en lo natural. El borrado de las indicaciones tiene como resultado la desorientación y la purga de la toponimia.



También en Paisagens Reais se produce una operación de borrado de la acción humana por parte de la naturaleza; en este caso, son las nubes, que cubren por completo una ciudad, a excepción de los últimos pisos de los edificios más altos. Realizada en homenaje a los ingenuos Paisagens imaginantes del pintor Alberto da Veiga Guignard (1896-1962), responden a la preferencia por los efectos atmosféricos de Guimarães, con los que produce un deseado efecto de irrealidad.