Exposiciones

Gabriel Cualladó: un niño mira hacia atrás

16 mayo, 1999 02:00

La Fábrica. Alameda, 9. Madrid. Hasta el 2 de junio

Resulta paradójico que, tras casi cincuenta años de dedicación a la fotografía, Gabriel Cualladó (Massanassa, Valencia, 1925) siga insistiendo en que él no es un fotógrafo profesional. No lo es, desde luego, en el sentido de que no tuvo una formación académica al uso, y de que, sin haberse integrado en los circuitos de comercialización, se ha ganado la vida gracias a la empresa de transportes que heredó de su tío. Pero su importancia histórica es tan grande, y sus logros artísticos tan altos, que su obra supuestamente "amateur" ha concitado la admiración de la crítica y la atención de las instituciones: se le han organizado exposiciones en el Museo Español de Arte Contemporáneo, de Madrid, y en el Museo de Bellas Artes de Bilbao (1985), en el IVAM (1989), en el Museo Thyssen-Bornemisza (1996), y ha recibido el Premio Europa de Fotografía (1992), el primer Premio Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura (1994) y la Medalla a la Fotografía del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1998).
Myriam de Liniers ha comisariado para PHotoGalería -que presenta además el noveno volumen, dedicado a Cualladó, de la Biblioteca de Fotógrafos Españoles, con texto de Marie Geneviève Alquier- una pequeña muestra retrospectiva con una significativa selección de su trabajo. En ella están representadas sus más famosas series de fotografías, que él llama "ensayos": son las imágenes de la Rue de la Paix y Les Halles en París, el Rastro y la Plaza Mayor de Madrid, la Cervecería Alemana, La Albufera o el Museo Thyssen.
Cualladó pertenece a la generación que, en los años cincuenta, hace despegar con renovados vientos a la fotografía española, ya lejos de encorsetamientos academicistas y lejos también del pictorialismo, aunque él mantuvo su admiración por los mejores cultivadores de esta tendencia, así como por la fotografía documentalista contemporánea. Su ingreso, en 1956, en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, es pronto seguido de la formación del Grupo La Palangana, en 1959, con Francisco Gómez, Francisco Ontañón, Leonardo Cantero, Ramón Masats y Joaquín Rubio Camín. Poco después empieza a hablarse de una "escuela de Madrid", orientada hacia el neorrealismo, en la que se inscribe a Cualladó, a pesar de que él prefiere que se hable de realismo "poético" con respecto a su obra.
Lo cierto es que, fotografiando siempre en blanco y negro con una sencilla Leica, y renunciando a la iluminación artificial y a cualquier alarde técnico, sus imágenes transmiten un intenso latido vital de una época, muy alejado del miserabilismo de otros autores, así como de servidumbres sociales o políticas. Un mundo sin poses, sin artificios, de brillantes revelaciones y de hermosísimas negras sombras. Melancólicas soledades que nos igualan y nos comunican. Una intrascendencia narrativa aparentemente imparcial hasta que un niño se vuelve hacia el objetivo mirando hacia atrás y revelando el ojo subjetivo del fotógrafo. Al hablar de Gabriel Cualladó no se puede dejar de mencionar su extraordinaria colección, con cerca de setecientas piezas, la mayoría conseguidas por intercambio. Donada, junto a un gran número de obras propias, al Instituto Valenciano de Arte Moderno, hace un recorrido pasional por la historia de la fotografía.